Me resisto ir al psicólogo

Muchas personas, a pesar de sufrir un gran malestar emocional, muestran reparos a la hora de acudir al psicólogo. Estas son las tres excusas más utilizadas para no acudir a terapia y las razones por las que no son válidas.

En España, aún no tenemos una cultura arraigada de acudir al psicólogo en caso de malestar emocional. Bien sea por desconocimiento o por falta de costumbre social, el hecho es que aún carecemos de la mentalidad abierta que sí existe en otros lugares para reconocer e, incluso, valorar positivamente a quien acude a la consulta de un psicólogo.

En Estados Unidos, entre los jóvenes, ir al psicólogo se percibe como un rasgo de prestigio social y en Argentina o en Francia, lo extraño es no asistir a terapia alguna vez a lo largo de la vida. 

Por suerte, esta mentalidad va cambiando y las nuevas generaciones no tienen reparos en reconocer que van al psicólogo. Muchos youtubers hablan en sus canales de cómo les ayuda asistir a terapia, lo que anima a sus jóvenes seguidores a pedir ayuda profesional cuando sienten que lo necesitan.

Muchas personas, a pesar de sufrir y repetir actitudes dañinas para sí mismas o para los demás, aún se niegan a dar el paso de acudir a terapia. Estos son los tres prejuicios más extendidos a este respecto.

1. «EL PSICÓLOGO ES PARA QUIEN ESTÁ REALMENTE LOCO»

Todo un clásico. Lo cierto es que, si me baso en mi propia experiencia personal y profesional, he podido comprobar que las personas que vienen a terapia suelen ser las más cuerdas y conscientes. Estas mujeres y hombres han sido capaces de reconocer que existe un problema que no han podido solucionar por sí mismos y saben que necesitan ayuda profesional para superarlo.

Son personas valientes y responsables, que quieren tomas las riendas de su vida y dejar de depender de patrones antiguos que ya no les sirven y les impiden ser ellas mismas. Yo las admiro profundamente y siempre les digo que acudir a terapia es un signo de gran determinación y consciencia.

2. «NO LO NECESITO, PUEDO CAMBIAR YO SOLO»

Resulta muy loable luchar y conseguir cambiar, por uno mismo, las cuestiones que no nos gustan. Sin embargo, a veces, nuestros patrones tóxicos están tan arraigados en la mente más profunda que, aunque seamos conscientes de que no son sanos para nosotros, nos siguen perjudicando y dominando. En estos casos, no tiene nada de malo reconocer que necesitamos ayuda externa para poder cambiar.

Al igual que acudimos al dentista cuando tenemos una muela picada porque nosotros mismos no podemos limpiarla o empastarla, también necesitamos al profesional adecuado para trabajar con la mente y las emociones.

Por desgracia, muchas personas se auto engañan y continúan, durante años, a veces toda la vida, repitiendo las mismas actitudes dañinas de siempre. Algunas necesitan llegar a una situación muy extrema para decidirse a venir a terapia y, cuando comienzan a mejorar y a disfrutar de su vida, suelen decir: “Ojalá hubiera venido antes”.

3. «IR AL PSICÓLOGO PUEDE ABRIR LA ‘CAJA DE PANDORA'»

El miedo a descubrir algún oscuro secreto del pasado, que provoque un fuerte impacto en su vida, resulta muy común al comenzar la terapia. Para muchos, este temor supone un enorme lastre. A estas personas, les explico que, aunque no lo deseemos, nuestro pasado nos sigue afectando en el presente.

Tal vez hayamos olvidado el origen de nuestros patrones tóxicos, pero seamos conscientes o no, su efecto perjudicial nos sigue controlando e impidiendo ser como realmente anhelamos.

En estos casos, la opción más saludable que pueden elegir estas personas es la de tomar las riendas de su vida y afrontar su historia. Solo de esta forma, lograrán dejar de repetir estas actitudes tan tóxicas. No existe peor dolor que seguir sufriendo de forma descontrolada y, además, desconocer de dónde procede este malestar.

Para ayudarlas a tranquilizarse y superar este temor, siempre les digo a estas personas que confíen en ellas mismas y en su sabiduría interior, que se dejen llevar. También les comento que la información que necesitan trabajar para sanar no llega toda de golpe, sino que va surgiendo de forma paulatina.

Por supuesto, estas personas pueden albergar recuerdos brutales que, para no estar sufriendo por ellos continuamente, fueron bloqueados por su inconsciente. Sin embargo, tal y como les explico, esto sucedió cuando eran pequeñas y carecían de las herramientas y el apoyo suficiente para poder asimilar estas experiencias extremas.

Hoy en día, en terapia, la situación es muy diferente a aquella de su infancia. En consulta, creamos un entorno seguro y protegido para poder trabajar con los recuerdos que aparecen. Además, la persona, ya adulta, puede comprender mucho mejor lo que sucedió en el pasado.

De alguna forma, nuestro Yo más profundo sabe que necesitamos limpiar todos los recuerdos negativos para poder sanar y, cuando se siente en la situación adecuada, como puede ser durante la terapia en la consulta del psicólogo, comienza a proporcionar la información que estuvo oculta durante años.

Hay que aclarar que estos recuerdos nunca vienen de golpe, sino que aparecen dosificados en la medida que la persona puede afrontarlos y asumirlos.

Muy progresivamente, la persona va empoderándose y ganando confianza para luchar contra sus demonios hasta poder lanzarlos fuera de su vida.

¿Empezamos?

Autoestima

La autoestima es el tipo de relación que mantenemos con nosotros mismos, determina cómo somos y cómo actuamos, y de la calidad de este vínculo interno, depende nuestro equilibrio emocional. Con una autoestima sana, confiamos en nosotros y en nuestras decisiones y no dependemos de los juicios externos ni de la aprobación de los demás.

CÓMO RECUPERAR LA AUTOESTIMA

Si de niños no recibimos los cuidados que necesitamos o éstos son deficitarios, la autoestima resultará herida. Si la autoestima está dañada, el ego, también se verá dañado, por lo que haremos todo lo posible para nutrirlos del amor y de los cuidados que necesitan, incluso, llegando a plegarnos a las necesidades e imposiciones de los demás y olvidándonos de las nuestras propias. Estas carencias pueden acabar derivando en comportamientos insanos, tóxicos y autodestructivos.

Nuestras decisiones, nuestro comportamiento y la manera de relacionarnos con el mundo están determinadas por la calidad de nuestra autoestima. Incluso ya de adultos, seguimos condicionados por la fuerza o la debilidad de la autoestima que se forjó en nuestra niñez. Actuamos según ella nos dicta ya que constituye el tronco principal de nuestra personalidad.

Con una autoestima firme, nos manejamos con confianza por la vida y podemos afrontar resolutivamente las situaciones a las que nos enfrentemos, mientras que si nuestra autoestima es frágil, los miedos y los bloqueos aparecen ante la más mínima dificultad.

Sanar una autoestima dañada puede parecer un trabajo extremadamente complicado, sobre todo porque el origen de este daño suele situarse en la más temprana infancia.

Muchas personas que acuden a terapia, me confiesan que sienten que siempre han sido así, siempre se han visto inferiores a los demás, vacíos y dependientes de las opiniones externas. Sin embargo, incluso para los adultos, es posible trabajar para recuperar la autoestima que fuimos dejando atrás por culpa de las carencias vividas en el pasado.

Los cambios y la solución de los problemas llegan cuando la persona deja de depender del juicio de los demás para centrarse más en sí misma y en su propio criterio.