¡Quiérete más!

Muchas personas arrastran pensamientos negativos sobre ellas mismas desde su infancia. Sustituir estas ideas tóxicas por unas más realistas y saludables ayuda a subir su autoestima.

Durante la infancia, el cerebro de los niños crece y madura adaptándose al entorno en el que vive. Los aprendizajes que se refuerzan en estos primeros años, tienen un gran peso en el desarrollo de la personalidad y de la opinión que el niño elabora sobre sí mismo (autoconcepto). Muchos de los pensamientos negativos, que las personas conciben sobre sí mismas, aparecen, precisamente, en esta época tan temprana de sus vidas.

POR QUÉ CAMBIAR LOS PENSAMIENTOS NEGATIVOS

Pasados los años, si estos pensamientos negativos han sido arrastrados a la edad adulta, seguirán condicionando la vida de las personas manifestándose, entre otros síntomas, a través de una baja autoestima.

Estas ideas negativas sobre sí mismos, no necesariamente nacieron de frases dichas por los padres o etiquetas impuestas a los niños. Muchas veces, estos conceptos fueron creados por los propios niños basándose en sus experiencias o en sus interpretaciones erróneas (por su corta edad y por carecer de herramientas emocionales) de las situaciones vividas.

Puede que estas interpretaciones no correspondieran con la realidad, pero las asumieron como ciertas y terminaron convirtiéndose en su forma de percibirse en el mundo.

 

Por ejemplo, ante una separación de sus padres, un niño pudo sentirse responsable y pensar que discutían por su culpa. Si nadie le explicó lo que realmente estaba sucediendo y no le aclararon que estos problemas eran exclusivos de los adultos, la idea de su culpa arraigó en su mente y la arrastró hasta su edad adulta.

En este artículo, veremos cinco ejemplos comunes de este tipo de pensamientos negativos, originados en la infancia, que afectan a la autoestima del adulto. Y, como siempre hacemos en este blog, buscaremos otras ideas más sanas por las que sustituirlos.

1. NO VALGO NADA

Si un niño crece sin sentirse valorado, si no le prestan atención, si se esmera, de todas las formas posibles, por hacer felices a sus padres, pero ellos jamás le hacen caso, el mensaje que interioriza es que sus esfuerzos y acciones carecen de valor y que no es una persona digna o valiosa.

  • Sustituir por: «Soy una persona válida y valiosa.»

2. NO MEREZCO QUE ME QUIERAN

Esto le ocurre con frecuencia a personas a las que sus padres no les demostraron su cariño y su amor. Si nunca nadie les dijo a estos pequeños que les amaban, si nos les reconfortaron en sus momentos de tensión emocional, si siempre se sintieron solos, crecieron con un vacío en su interior que les decía que no merecían ser amados por nadie.

  • Sustituir por: «Me quiero a mí misma. Merezco todo el amor y el cariño del mundo.»

3. HAY ALGO MALO EN MÍ (Y POR ESO ME RECHAZAN)

Si los padres (o familiares) manifiestan una preferencia evidente por alguno de los hermanos, el otro hijo se siente siempre infravalorado. Al cabo del tiempo, comienza a pensar que todo lo que hace es malo y/o que había algo defectuoso en su personalidad.

  • Sustituir por: «No hay nada malo en mí, no me tengo que preocupar por agradar a nadie.»

4. NO LO LOGRARÉ, POR MUCHO QUE ME ESFUERCE

Cuando se compara a los hermanos (o primos) y se les obliga a competir por todo, siempre hay uno más mayor o más fuerte que consigue cumplir todos los objetivos antes que los demás. El mensaje que interiorizan los más pequeños es que, por mucho empeño que pongan, nunca van a conseguir nada.

  • Sustituir por: «Me centro en mí y valoro cada logro que alcanzo.»

5. ME MEREZCO TODO LO MALO QUE ME PASE

Escuchar continuamente frases como “Ya te lo dije” o “es que no me escuchas”, cada vez que el niño o la niña sufren algún accidente o percance, provoca que los pequeños crezcan con un catastrófico sentimiento de culpa e inutilidad.

  • Sustituir por: «Me merezco todo lo bueno que me pasa.»

¿Es dependencia emocional?

¿QUÉ ES LA DEPENDENCIA EMOCIONAL?

La dependencia emocional es una mezcla potente de muchos miedos: miedo al compromiso, miedo a enamorarnos, miedo a la traición, miedo a no encontrar pareja, a que nos dejen de querer, porque uno de los mayores terrores que nos habitan es el miedo a la soledad.

MÁS COMÚN EN MUJERES

Nosotras, en general, somos más románticas: desde adolescentes nos pasamos horas imaginando el encuentro con el príncipe azul, leyendo historias de amor, hablando con las amigas de nuestros problemas sentimentales, viendo películas, escribiendo diarios… Y, sobre todo, nos encanta vivir romances intensos.

Con los cuentos que nos explican de pequeñas aprendemos a delegar nuestra felicidad en la llegada de un príncipe azul que nos cambie la vida, por eso sufrimos mucho si esto no ocurre, si no es como esperábamos o si, pasado un tiempo, decide separarse de nosotras y nos pide que abandonemos el palacio.

EL AISLAMIENTO NOS HACE VULNERABLES

Nos enseñan a temer la soledad y nos dicen que sin amor no somos nada: no es de extrañar que dependamos demasiado de él, pues hemos aprendido que es lo único que importa en la vida. Dedicamos mucho tiempo y energía a encontrar pareja y, por eso, cuando la tenemos, tememos perderla y nos aferramos a ella como si fuese una botella de oxígeno, indispensable para nuestra supervivencia.

En muchas películas, las protagonistas están solas. No tienen redes de afecto a su alrededor que las ayuden, por eso necesitan príncipes azules. Nunca aparecen con sus madres, hermanas, abuelas, tías, primas, amigas, vecinas… El aislamiento las hace más vulnerables y más necesitadas de amor, porque su felicidad depende de una sola persona.

La dependencia emocional nos hace creer que no nos merecemos el amor, por eso surgen los celos y el afán de posesión. Cuanto más inseguras estamos y más complejos tenemos, más necesidades de control tenemos sobre la otra persona.

9 CLAVES PARA SUPERAR LA DEPENDENCIA EMOCIONAL

El amor solo tiene sentido si nos liberamos de los miedos y amamos desde la libertad. Un amor que no está basado en la dependencia es aquel en el que podemos querer sin perder nuestra personalidad, sin renunciar a nuestra autonomía, sin establecer relaciones de dominación y sumisión con la otra persona.

1. TÓMATE LAS RELACIONES CON CALMA

El miedo a la soledad nos lleva, en ocasiones, a apresurarnos a la hora de elegir a una buena pareja. Es demasiado doloroso enamorarse y darse cuenta de que en realidad no lo conocemos, que nos engañó y nos equivocamos.

Por eso es fundamental tomarnos un tiempo para analizar si la relación que vamos a empezar vale la pena, si es realmente tan maravillosa, si el balance de virtudes y defectos nos compensa. Conviene avanzar despacio, dar más importancia a los comportamientos que a las palabras bonitas que se dicen en pleno éxtasis,

2. APRENDE A PASAR PÁGINA

Otra de las claves de la dependencia emocional es la incapacidad para dejar el pasado atrás, la carga de traumas y carencias que arrastramos desde la infancia. No es nada fácil; algunas de nosotras tenemos que trabajar en ello durante años, o incluso toda la vida. ¡No logramos hacer borrón y cuenta nueva!

3. NO ESPERES QUE NADIE TE SALVE

No podemos esperar que nuestro príncipe nos salve, nos cure o asuma nuestros problemas o carencias, o que nos proteja de los dolores y los miedos que nos habitan por dentro. El camino hacia la sanación o la superación es nuestra responsabilidad, y tenemos que emprenderlo con alegría, con fuerza, con ganas de liberarnos de todas las cargas del pasado para caminar con ligereza por nuestro presente.

4. BÁJALA DEL PEDESTAL

Para evitar la dependencia, es importante también construir vínculos equilibrados y horizontales. A menudo colocamos a nuestra pareja en un pedestal y nos sentimos inferiores. Nos sacrificamos por el otro, tratamos de agradarle continuamente, aguantamos situaciones dolorosas y nos comportamos con sumisión ante los conflictos.

5. REPARTE LA CARGA DE CUIDADOS

Además, asumimos la carga de la casa, la crianza y la educación de los hijos para liberar al otro de sus responsabilidades, sin preocuparnos por nuestra salud y nuestra necesidad de descanso. Somos capaces de renunciar una y otra vez, de ceder, de dar todo el poder al otro para que permanezca junto a nosotras, para que no haya problemas, para que él establezca las reglas del juego amoroso.

6. SÉ TÚ MISMA

Y entonces nos damos cuenta de que al enamorarnos perdemos parte de nuestra personalidad. Descubrimos que no nos estamos mostrando tal y como somos. Al empequeñecernos y perder la independencia, perdemos atractivo, aunque lo hacemos pensando que así puede que nos amen más.

Atrapadas en esa relación, nos transformamos en seres débiles, infantilizados, víctimas y victimistas que mendigan amor y atención. Cuando perdemos toda nuestra autonomía para que nos quieran más, estamos cayendo en una trampa; pues anularnos como personas no nos hace más sexis, sino más aburridas y predecibles: habitualmente, la gente se enamora de personas alegres, activas, con iniciativa, con energía vital para moverse por el mundo.

7. APRENDE A QUERER EN PRESENTE

Cuanto el miedo nos posee, la necesidad de aceptación y reconocimiento es continuo. A veces nos cuesta creer que alguien quiera permanecer a nuestro lado, incluso nos prohibimos el derecho a disfrutar del amor. Por miedo a que nos dejen de querer no podemos ni disfrutar de que nos quieran en el presente.

8. Y A QUERERTE A TI MISMA

Para poder querer desde la generosidad, el respeto, el cuidado mutuo y el amor profundo tenemos que querernos a nosotras mismas, lo que supone también aceptarnos y trabajar para mejorar lo que no nos gusta de nosotras.

9. DISFRUTA DE LA COMPAÑÍA Y DE LA SOLEDAD

Practicar la autocrítica amorosa consiste en analizarnos con cariño y liberarnos de los miedos que nos hacen personas dependientes… para sentirnos mejor con nosotras, para aprender a relacionarnos desde la libertad y no desde la necesidad, para aprender a disfrutar de la soledad y de la compañía, de la vida tengamos o no pareja.