¿Quieres iniciarte en la práctica de Mindfulness?

El mindfulness es una forma de meditación que integra las enseñanzas de Buda en Oriente junto con las investigaciones más científicas de Occidente, y literalmente significa “conciencia plena” o “atención plena”

Parte de la idea de que nuestra mente es una máquina de generar pensamientos constantes de forma automática e irreflexiva, y de que vivimos en una realidad repleta de estímulos que nos dispersan y nos hacen olvidarnos de nosotros mismos, viviendo en un estado de desconocimiento, desconexión y represión frente a nuestra mente y nuestro cuerpo.

SUS BENEFICIOS

La meditación nos ayuda a tomar conciencia de nuestros procesos mentales, liberándonos y haciendo que la mente deje de dominarnos.

Además, tiene numerosos beneficios, como una reducción de los niveles de estrés, cambios estructurales en nuestro cerebro aumentando la materia gris, mejorando nuestra capacidad cognitiva como la memoria de trabajo, el razonamiento verbal y estimulando la creatividad.

También nos protege de enfermedades mentales, nos aporta una visión más amplia de la realidad, previene de enfermedades físicas somáticas, calma el dolor, nos ayuda a dormir mejor y nos hace personas más felices y compasivas.

Aquí tienes algunos ejercicios sencillos para empezar a practicar:

1. RESPIRACIONES PROFUNDAS

Una de las formas más utilizadas en las técnicas de relajación, incluido el mindfulness, se basa en llevar la atención a la respiración.

La respiración es un acto cíclico que se encuentra en un flujo constante, nos mantiene vivos y conectados en todo momento con el presente, en una unión inequívoca de nuestro cuerpo con el aire que nos rodea.

El aire es también un elemento cambiante, respiramos cada vez un aire distinto. Además, es algo con lo que contamos en todo momento.

Estas cualidades hacen de la respiración un método muy útil y sencillo para conectar con el aquí y el ahora.

Normalmente respiramos de manera automática e inconsciente, sin embargo la respiración es la principal forma de nutrición de nuestro cuerpo, por lo que tomar consciencia sobre ella y poder modularla nos brindará un mayor autocontrol sobre nosotros mismos.

Un ejercicio de respiración que puedes practicar es:

  1. Estírate boca arriba sobre una superficie estable y rígida, a poder ser lo más cercano al suelo.
  2. Coloca una mano sobre tu pecho, a la altura de tu corazón, y otra sobre tu vientre. Puedes poner alguna música para meditar o música relajante o bien estar en silencio.
  3. Cierra los ojos y empieza a inspirar por tu nariz, tratando de llevar el aire hacia tu vientre, sintiendo cómo este se hincha (respiración diafragmática).
  4. Una vez tu vientre se ha hinchado, acaba de llenarte ampliando la capacidad hacia tu pecho también. Hazlo despacio, contando los segundos, aguanta durante 2 segundos la respiración,
  5. Comienza a expirar por la boca lentamente durante los mismos segundos que tardaste en inspirar.
  6. Repite este proceso durante unos minutos               

2. OBSERVA TU PENSAMIENTO

La meditación oriental tiene como objetivo dejar la mente en blanco, deteniendo todo tipo de pensamientos.

Sin embargo, en nuestra sociedad actual este objetivo resulta demasiado inalcanzable en un principio, por lo que el mindfulness trata de jugar con la atención, focalizándola en algo en concreto y así ralentizar el vaivén de pensamientos y la dispersión.

Por ejemplo, puedes realizar el ejercicio anterior de respiración y en ese caso el elemento en el que te centrarás para dejar a otros de lado será tu propia respiración.

Intenta ser plenamente consciente de ella, y observarás que mientras lo haces seguramente se crucen pensamientos intrusivos por tu mente que intenten desconectarte del momento presente.

El momento presente no es más que aquel que está sucediendo mientras respiras, en cambio los pensamientos te llevarán al pasado o al futuro. No te preocupes, concédete comprensión y trata de retornar delicadamente tu atención de nuevo a la respiración.

Hazlo tantas veces como te asalten los pensamientos.

La mente tiene la particularidad de poder observarse a sí misma, y cuanto más practiques estos ejercicios, más comprensión tendrás sobre ti, más control irás adquiriendo y más sencillo te resultará.

3. IDENTIFICA TUS EMOCIONES

Seguramente no solo los pensamientos dispersarán tu atención, ya que en la mayoría de casos estos vienen acompañados de emociones.

En nuestro día a día nos vemos expuestos a una gran cantidad de sucesos que nos provocan reacciones emocionales, y la mayoría de nosotros cargamos con una pesada mochila de emociones que, en gran parte, hemos conseguido reprimir y enmascarar para facilitarnos continuar con nuestras vidas.

Buscamos distracciones o manteniéndonos ocupados para no tener tiempo de pensar en ellas. Es por esa razón que, en el momento en que nos quedamos a solas, en silencio, y bajamos la guardia, esas emociones acumuladas pueden rebrotar espontáneamente y recordarnos que siguen ahí vivas.

Es algo común que las primeras veces en que practicamos mindfulness sintamos malestar, tristeza, e incluso ansiedad, contrariamente a lo que pensamos que debería de ser (relajante). Es totalmente natural, y ello no debería asustarte ni desanimarte a continuar.

Para limpiar, uno primero ha de enfrentarse a la suciedad, y es con lo primero que nos solemos encontrar, al quitar de en medio todo aquello que hemos ingeniado para tratar de esconderla.

Una de las técnicas que te pueden ayudar a sobrellevar esas emociones es observar cómo son, cómo se sienten, sin intentar reprimirlas ni eliminarlas.

Y también te será útil ponerles nombre.

Cuando ponemos nombre a algo, lo hacemos más manejable y nos resulta menos extraño. De esa manera, seremos más capaces de dominar las emociones, en lugar de ser nosotros dominados por ellas.

4. UTILIZA LA VISUALIZACIÓN

El mundo mental es demasiado abstracto y, acostumbrados al mundo de los estímulos más sensoriales, a menudo podemos perdernos. Utilizar técnicas de visualización te facilitará control mental para poder generar un estado de relajación y poder manejar mejor los pensamientos y emociones que surjan.

En nuestra mente tenemos un registro muy amplio de sensaciones vinculadas a ciertas imágenes, objetos, texturas, colores, etc. Tan solo el hecho de pensar en algo, activa cerebralmente las áreas relacionadas con su acto, por lo que pensar en actividades o lugares, por ejemplo, que nos despiertan sensaciones agradables y de calma, nos ayudará a traer esas sensaciones al presente.

También puedes empezar a generar nuevas asociaciones durante la meditación, de modo que cuando entres a un estado de relajación con el que te sientas cómodo, puedas memorizarlo asociándole una forma, un color, de manera que las próximas veces que practiques el mindfulness visualices esa forma para sumergirte de nuevo en el estado de relajación que lograste.

5. TOMA CONCIENCIA DE TU CUERPO

Con frecuencia, nuestras emociones se esconden tras nuestro cuerpo en forma de sensaciones corporales.

Nuestro cuerpo no deja de ser una especie de recipiente que lo contiene todo, y en ocasiones ni siquiera sabemos qué nos ocurre porque nuestra mente (ese órgano que parece actuar con independencia y que nos esforzamos por controlar) esconde ciertas cosas para que no nos trastoquen, pero se transforman en tensiones musculares, en problemas de piel, problemas digestivos, etc.

Por ello, cuando practiques mindfulness, presta atención minuciosamente a tu cuerpo. Obsérvate todo tú, como una especie de maquinaria con unas estrategias sumamente complejas e inteligentes de protección que, no obstante, tratas de comprender para ayudarte en la tarea que esos mecanismos automáticos tratan de cumplir.

Adopta una posición de compasión frente a ti mismo, y sin juzgarte ni culpabilizarte, obsérvate y trata de comprenderte.

Fíjate cómo ciertos pensamientos generarán ciertas sensaciones físicas, y suavemente trata de ayudarte de la respiración para no preocuparte por ello.

Perdonándote incluso por esas sensaciones desagradables, y llevarte a ese momento presente en el que nada es más importante que la fortuna de estar vivo y de sentir todo lo que sientes.

No le des más vueltas

Un exceso de reflexión puede distorsionar la percepción de la realidad y empañar el disfrute de la vida. La cuestión es: ¿se puede reorientar una mente que anda a su aire y algo hiperactiva?

La vida es rica en experiencias maravillosas, pero también nos aporta grandes temas sobre los que preocuparnos. Todo ello puede conducir a que, en ocasiones, nos esforcemos demasiado en pensar e intentemos resolver las cosas dándole vueltas a lo que nos pasa por la cabeza.

Si ese proceso resulta muy intenso el propio pensamiento puede adueñarse de una persona y hacerla sufrir. Es como empezar a abrocharse mal una camisa: al final todo es un desbarajuste.

CUANDO SE PIENSA DEMASIADO

Parece que el hecho de volver sobre una cuestión una y otra vez puede resultar de ayuda, y es probable que así sea, salvo que esa cadena de pensamientos se base en algún tipo de idea o de lógica equivocada. Cuando eso ocurre es fácil quedar atrapado en la telaraña de la mente, a merced del cansancio que eso suele producir, sintiéndose estancado o sin capacidad de acción.

La parábola de la hormiga y el ciempiés

Cuenta una vieja historia que un ciempiés paseando por el bosque se topó con una hormiga. Esta, sorprendida por la elegancia del insecto al desplazarse, le preguntó cómo lograba caminar de manera tan armoniosa teniendo tantas patas. ¿No tropezaba? ¿No se equivocaba de pie a la hora de emprender la marcha? ¿Nunca se había hecho un lío?

El ciempiés, halagado, reflexionó un rato y, con la intención de explicarle a la hormiga cómo hacía para caminar tan bien, intentó hacerlo al mismo tiempo que pensaba, con el resultado de que ya no pudo volver a caminar nunca más.

A menudo las personas, como el ciempiés de esta historia, olvidamos caminar con soltura y permanecemos atascados en el círculo de nuestros pensamientos.

QUERER CONTROLARLO TODO DÁNDOLE VUELTAS

De todos los autoengaños que el ser humano es capaz de crear, uno de los más dolorosos tal vez sea la fantasía de pretender dominar el mundo con el pensamiento. Es decir, creer que pensando algo suficientemente es posible asegurarse el control de cualquier empresa.

Y es que, cuando nos olvidamos de vivir la vida por el hecho de pasarla reflexionando sobre ella, nos alojamos en el hotel de las noches amargas de la infelicidad. Curiosamente, cuanto más pensamos para no sufrir, más nos hace padecer nuestro pensamiento; y cuando sentimos ese dolor, más pensamos, lo que nos sume en el desconcierto.

Precisamente ese es el círculo en el que perdemos de vista lo sensorial y nos alejamos de todo aquello que a través de los sentidos nos conecta con la vida. Son muchas las personas que intentan dirimir sus conflictos internos pensando y pensando sin encontrar soluciones. ¿Qué hacen entonces? Pues, si no llegan a ningún lugar, se les ocurre que tal vez no han pensado bastante.

Es muy común intentar obtener respuestas lógicas a cuestiones que no lo son tanto, o razonar sobre cuestiones que permanecen en el universo de las emociones y sentimientos sin poder dirimirlas en su totalidad.

EL EXCESO DE PENSAMIENTO NOS ALEJA DE LA EXPERIENCIA

Vivir con el supuesto de que solo es factible conseguir las cosas de una manera genera un dolor que podría no tener fin. Recuerda al de aquella mula que, al no poder pasar a través de una pared, se obstinaba en golpearla cada vez más fuerte con su cabeza. Nuestra red neuronal forma un sistema maravilloso que nos permite investigar el mundo y vivirlo, pero conviene conocer sus limitaciones.

Las personas disponemos de esa herramienta precisamente para experimentar la realidad, no tanto para filtrarla a través del pensamiento. De niños, simplemente descubríamos el mundo con la mente curiosa de un científico: probábamos las cosas, llevándonoslas a la boca y jugando placenteramente con las texturas, olores, etc.

Es justamente con el uso de razón cuando empezamos a alejarnos de la experiencia y a reflexionar acerca de ella. ¿Qué significan las cosas? ¿Qué van a pensar de mí? De ese modo el niño o el joven se apartan de vivir la vida para reflexionar y encontrar la manera de acertar y agradar.

Cuanto más dura haya sido nuestra vivencia de la infancia, más probable es que nuestra necesidad de reflexionar, de asegurarnos, sea mayor. Tal vez por ello, para no sentir la incertidumbre, el no saber qué pasará, evitamos volver a lo sensorial a base de pensar y pensar.

PENSAR MENOS PARA VIVIR MÁS

El exceso de pensamiento podría generar un bloqueo que afecta a la propia estima. En esos casos puede resultar útil:

  1. Practicar una actividad física. Hacer ejercicio en cualquiera de sus formas contribuye a modificar la bioquímica cerebral. Puede mejorar el efecto de ciertos fármacos que se usan para la depresión o incluso sustituirlos en algunos casos.
  2. Consultar a un profesional. Reconocer la debilidad suele ser un signo de verdadera fortaleza y un requisito para la curación. Una persona experta puede ayudar a trazar planes verdaderamente realistas y a avanzar por el camino de la acción.
  3. Dedicar un rato estipulado a pensar. Un buen ejercicio para dominar el pensamiento desbocado es establecer un horario fijo para preocuparse y pensar. Proponerse hacer alguna cosa y llevarla a cabo es una manera ideal de utilizar el tiempo restante.
  4. Aceptar que no somos perfectos. La perfección no existe. Hacer algo incluso sabiendo que no nos irá bien del todo puede ser mejor que quedarse en casa pensando.
  5. Un tiempo diario para retornar a lo sensorial. Dedicar unos minutos a sentir el cuerpo, a saborear un plato, escuchar una canción, oler una flor, bailar, pasear, percibir el viento, etc., suele dar resultado tras un corto tiempo de práctica.
  6. Descubrir la meditación o el mindfulness. Cuando se practican técnicas meditativas la percepción se hace más viva al tiempo que se aprende a relativizar los propios pensamientos. confiar más en la intuición. Hay estudios que demuestran que es posible tomar decisiones correctas en un lapso de tiempo de solo 3 segundos; sin embargo, fallamos mucho más cuando nos damos un tiempo amplio para razonar. Atrevámonos a descubrirlo.