Me resisto ir al psicólogo

Muchas personas, a pesar de sufrir un gran malestar emocional, muestran reparos a la hora de acudir al psicólogo. Estas son las tres excusas más utilizadas para no acudir a terapia y las razones por las que no son válidas.

En España, aún no tenemos una cultura arraigada de acudir al psicólogo en caso de malestar emocional. Bien sea por desconocimiento o por falta de costumbre social, el hecho es que aún carecemos de la mentalidad abierta que sí existe en otros lugares para reconocer e, incluso, valorar positivamente a quien acude a la consulta de un psicólogo.

En Estados Unidos, entre los jóvenes, ir al psicólogo se percibe como un rasgo de prestigio social y en Argentina o en Francia, lo extraño es no asistir a terapia alguna vez a lo largo de la vida. 

Por suerte, esta mentalidad va cambiando y las nuevas generaciones no tienen reparos en reconocer que van al psicólogo. Muchos youtubers hablan en sus canales de cómo les ayuda asistir a terapia, lo que anima a sus jóvenes seguidores a pedir ayuda profesional cuando sienten que lo necesitan.

Muchas personas, a pesar de sufrir y repetir actitudes dañinas para sí mismas o para los demás, aún se niegan a dar el paso de acudir a terapia. Estos son los tres prejuicios más extendidos a este respecto.

1. «EL PSICÓLOGO ES PARA QUIEN ESTÁ REALMENTE LOCO»

Todo un clásico. Lo cierto es que, si me baso en mi propia experiencia personal y profesional, he podido comprobar que las personas que vienen a terapia suelen ser las más cuerdas y conscientes. Estas mujeres y hombres han sido capaces de reconocer que existe un problema que no han podido solucionar por sí mismos y saben que necesitan ayuda profesional para superarlo.

Son personas valientes y responsables, que quieren tomas las riendas de su vida y dejar de depender de patrones antiguos que ya no les sirven y les impiden ser ellas mismas. Yo las admiro profundamente y siempre les digo que acudir a terapia es un signo de gran determinación y consciencia.

2. «NO LO NECESITO, PUEDO CAMBIAR YO SOLO»

Resulta muy loable luchar y conseguir cambiar, por uno mismo, las cuestiones que no nos gustan. Sin embargo, a veces, nuestros patrones tóxicos están tan arraigados en la mente más profunda que, aunque seamos conscientes de que no son sanos para nosotros, nos siguen perjudicando y dominando. En estos casos, no tiene nada de malo reconocer que necesitamos ayuda externa para poder cambiar.

Al igual que acudimos al dentista cuando tenemos una muela picada porque nosotros mismos no podemos limpiarla o empastarla, también necesitamos al profesional adecuado para trabajar con la mente y las emociones.

Por desgracia, muchas personas se auto engañan y continúan, durante años, a veces toda la vida, repitiendo las mismas actitudes dañinas de siempre. Algunas necesitan llegar a una situación muy extrema para decidirse a venir a terapia y, cuando comienzan a mejorar y a disfrutar de su vida, suelen decir: “Ojalá hubiera venido antes”.

3. «IR AL PSICÓLOGO PUEDE ABRIR LA ‘CAJA DE PANDORA'»

El miedo a descubrir algún oscuro secreto del pasado, que provoque un fuerte impacto en su vida, resulta muy común al comenzar la terapia. Para muchos, este temor supone un enorme lastre. A estas personas, les explico que, aunque no lo deseemos, nuestro pasado nos sigue afectando en el presente.

Tal vez hayamos olvidado el origen de nuestros patrones tóxicos, pero seamos conscientes o no, su efecto perjudicial nos sigue controlando e impidiendo ser como realmente anhelamos.

En estos casos, la opción más saludable que pueden elegir estas personas es la de tomar las riendas de su vida y afrontar su historia. Solo de esta forma, lograrán dejar de repetir estas actitudes tan tóxicas. No existe peor dolor que seguir sufriendo de forma descontrolada y, además, desconocer de dónde procede este malestar.

Para ayudarlas a tranquilizarse y superar este temor, siempre les digo a estas personas que confíen en ellas mismas y en su sabiduría interior, que se dejen llevar. También les comento que la información que necesitan trabajar para sanar no llega toda de golpe, sino que va surgiendo de forma paulatina.

Por supuesto, estas personas pueden albergar recuerdos brutales que, para no estar sufriendo por ellos continuamente, fueron bloqueados por su inconsciente. Sin embargo, tal y como les explico, esto sucedió cuando eran pequeñas y carecían de las herramientas y el apoyo suficiente para poder asimilar estas experiencias extremas.

Hoy en día, en terapia, la situación es muy diferente a aquella de su infancia. En consulta, creamos un entorno seguro y protegido para poder trabajar con los recuerdos que aparecen. Además, la persona, ya adulta, puede comprender mucho mejor lo que sucedió en el pasado.

De alguna forma, nuestro Yo más profundo sabe que necesitamos limpiar todos los recuerdos negativos para poder sanar y, cuando se siente en la situación adecuada, como puede ser durante la terapia en la consulta del psicólogo, comienza a proporcionar la información que estuvo oculta durante años.

Hay que aclarar que estos recuerdos nunca vienen de golpe, sino que aparecen dosificados en la medida que la persona puede afrontarlos y asumirlos.

Muy progresivamente, la persona va empoderándose y ganando confianza para luchar contra sus demonios hasta poder lanzarlos fuera de su vida.

¿Empezamos?

¿Es dependencia emocional?

¿QUÉ ES LA DEPENDENCIA EMOCIONAL?

La dependencia emocional es una mezcla potente de muchos miedos: miedo al compromiso, miedo a enamorarnos, miedo a la traición, miedo a no encontrar pareja, a que nos dejen de querer, porque uno de los mayores terrores que nos habitan es el miedo a la soledad.

MÁS COMÚN EN MUJERES

Nosotras, en general, somos más románticas: desde adolescentes nos pasamos horas imaginando el encuentro con el príncipe azul, leyendo historias de amor, hablando con las amigas de nuestros problemas sentimentales, viendo películas, escribiendo diarios… Y, sobre todo, nos encanta vivir romances intensos.

Con los cuentos que nos explican de pequeñas aprendemos a delegar nuestra felicidad en la llegada de un príncipe azul que nos cambie la vida, por eso sufrimos mucho si esto no ocurre, si no es como esperábamos o si, pasado un tiempo, decide separarse de nosotras y nos pide que abandonemos el palacio.

EL AISLAMIENTO NOS HACE VULNERABLES

Nos enseñan a temer la soledad y nos dicen que sin amor no somos nada: no es de extrañar que dependamos demasiado de él, pues hemos aprendido que es lo único que importa en la vida. Dedicamos mucho tiempo y energía a encontrar pareja y, por eso, cuando la tenemos, tememos perderla y nos aferramos a ella como si fuese una botella de oxígeno, indispensable para nuestra supervivencia.

En muchas películas, las protagonistas están solas. No tienen redes de afecto a su alrededor que las ayuden, por eso necesitan príncipes azules. Nunca aparecen con sus madres, hermanas, abuelas, tías, primas, amigas, vecinas… El aislamiento las hace más vulnerables y más necesitadas de amor, porque su felicidad depende de una sola persona.

La dependencia emocional nos hace creer que no nos merecemos el amor, por eso surgen los celos y el afán de posesión. Cuanto más inseguras estamos y más complejos tenemos, más necesidades de control tenemos sobre la otra persona.

9 CLAVES PARA SUPERAR LA DEPENDENCIA EMOCIONAL

El amor solo tiene sentido si nos liberamos de los miedos y amamos desde la libertad. Un amor que no está basado en la dependencia es aquel en el que podemos querer sin perder nuestra personalidad, sin renunciar a nuestra autonomía, sin establecer relaciones de dominación y sumisión con la otra persona.

1. TÓMATE LAS RELACIONES CON CALMA

El miedo a la soledad nos lleva, en ocasiones, a apresurarnos a la hora de elegir a una buena pareja. Es demasiado doloroso enamorarse y darse cuenta de que en realidad no lo conocemos, que nos engañó y nos equivocamos.

Por eso es fundamental tomarnos un tiempo para analizar si la relación que vamos a empezar vale la pena, si es realmente tan maravillosa, si el balance de virtudes y defectos nos compensa. Conviene avanzar despacio, dar más importancia a los comportamientos que a las palabras bonitas que se dicen en pleno éxtasis,

2. APRENDE A PASAR PÁGINA

Otra de las claves de la dependencia emocional es la incapacidad para dejar el pasado atrás, la carga de traumas y carencias que arrastramos desde la infancia. No es nada fácil; algunas de nosotras tenemos que trabajar en ello durante años, o incluso toda la vida. ¡No logramos hacer borrón y cuenta nueva!

3. NO ESPERES QUE NADIE TE SALVE

No podemos esperar que nuestro príncipe nos salve, nos cure o asuma nuestros problemas o carencias, o que nos proteja de los dolores y los miedos que nos habitan por dentro. El camino hacia la sanación o la superación es nuestra responsabilidad, y tenemos que emprenderlo con alegría, con fuerza, con ganas de liberarnos de todas las cargas del pasado para caminar con ligereza por nuestro presente.

4. BÁJALA DEL PEDESTAL

Para evitar la dependencia, es importante también construir vínculos equilibrados y horizontales. A menudo colocamos a nuestra pareja en un pedestal y nos sentimos inferiores. Nos sacrificamos por el otro, tratamos de agradarle continuamente, aguantamos situaciones dolorosas y nos comportamos con sumisión ante los conflictos.

5. REPARTE LA CARGA DE CUIDADOS

Además, asumimos la carga de la casa, la crianza y la educación de los hijos para liberar al otro de sus responsabilidades, sin preocuparnos por nuestra salud y nuestra necesidad de descanso. Somos capaces de renunciar una y otra vez, de ceder, de dar todo el poder al otro para que permanezca junto a nosotras, para que no haya problemas, para que él establezca las reglas del juego amoroso.

6. SÉ TÚ MISMA

Y entonces nos damos cuenta de que al enamorarnos perdemos parte de nuestra personalidad. Descubrimos que no nos estamos mostrando tal y como somos. Al empequeñecernos y perder la independencia, perdemos atractivo, aunque lo hacemos pensando que así puede que nos amen más.

Atrapadas en esa relación, nos transformamos en seres débiles, infantilizados, víctimas y victimistas que mendigan amor y atención. Cuando perdemos toda nuestra autonomía para que nos quieran más, estamos cayendo en una trampa; pues anularnos como personas no nos hace más sexis, sino más aburridas y predecibles: habitualmente, la gente se enamora de personas alegres, activas, con iniciativa, con energía vital para moverse por el mundo.

7. APRENDE A QUERER EN PRESENTE

Cuanto el miedo nos posee, la necesidad de aceptación y reconocimiento es continuo. A veces nos cuesta creer que alguien quiera permanecer a nuestro lado, incluso nos prohibimos el derecho a disfrutar del amor. Por miedo a que nos dejen de querer no podemos ni disfrutar de que nos quieran en el presente.

8. Y A QUERERTE A TI MISMA

Para poder querer desde la generosidad, el respeto, el cuidado mutuo y el amor profundo tenemos que querernos a nosotras mismas, lo que supone también aceptarnos y trabajar para mejorar lo que no nos gusta de nosotras.

9. DISFRUTA DE LA COMPAÑÍA Y DE LA SOLEDAD

Practicar la autocrítica amorosa consiste en analizarnos con cariño y liberarnos de los miedos que nos hacen personas dependientes… para sentirnos mejor con nosotras, para aprender a relacionarnos desde la libertad y no desde la necesidad, para aprender a disfrutar de la soledad y de la compañía, de la vida tengamos o no pareja.

Constelaciones familiares

La terapia de las constelaciones familiares pone orden en el pasado y restablece la armonía de esas relaciones. Creada por Bert Hellinger, ha ganado difusión en estos últimos años. Los mecanismos por los que actúa no acaban de comprenderse, pero los resultados asombran. Las sesiones suelen realizarse en grupo. En ellas, alguien plantea brevemente un problema personal. A continuación el terapeuta le invita a elegir las personas que representarán a los miembros más significativos de su sistema familiar y a ubicarlos de la forma que crea adecuada.

Los representantes escogidos permanecen de pie, generalmente en círculo, silenciosos, sin saber nada de las personas cuyo papel encarnan. Al poco rato empiezan a sentir emociones, sensaciones o impulsos de movimiento que pertenecen a la persona a la que están representando, en cuyo caso deben seguirlos.

Empiezan a realizar entonces movimientos pausados, no guiados por el intelecto, que suelen reflejar el trasfondo del problema. El terapeuta observa qué sucede, quién mira a quién, qué disposición adoptan en el espacio, hacia dónde se dirigen.

BERT HELLINGER, FUNDADOR DE LA TERAPIA DE CONSTELACIONES

Bert Hellinger (1925) estudió filosofía, pedagogía y teología en Würzburg, Alemania. Vivió en Sudáfrica durante 16 años, en los cuales trabajó como sacerdote, profesor y director de una gran escuela para estudiantes africanos. Cuando abandonó su orden religiosa regresó a Alemania y se hizo psicoanalista; luego aprendió terapia primal en California con Arthur Janov y análisis transaccional con Eric Berne y se formó además en terapia familiar sistémica.

Esa rama de la psicología ha inspirado en buena medida las constelaciones familiares. Puede también que la cultura y el animismo zulúes, cuya lengua aprendió en Sudáfrica, influyesen en una terapia que concede suma importancia al reconocimiento hacia los antepasados.

Según Hellinger, existe una transmisión de conflictos, preocupaciones familiares y comportamientos a través de las generaciones que determina los conflictos psicológicos actuales. Hellinger afirma que cada persona forma parte de un sistema familiar y está unida a todos sus miembros por sólidos vínculos.

¿QUIÉN FORMA PARTE DEL SISTEMA FAMILIAR?

Según Bert Hellinger, el sistema familiar de una persona lo componen:

  • Ella y sus hermanos.
  • Padres, tíos y abuelos.
  • Sus parejas y ex-parejas, hijos y nietos.
  • Las personas que al perder su lugar permitieron que ella lo tuviese. Por ejemplo, una primera mujer del abuelo que falleció dando a luz. También las parejas anteriores de los padres o de la propia persona, en especial si la relación generó descendencia.
  • Personas que tienen un vínculo de agresión. Por ejemplo quien causó la muerte de un familiar o quien murió a manos de un familiar propio.
  • Todos ellos –tanto si están vivos o muertos, murieron al nacer o fueron abortados voluntariamente– merecen un reconocimiento y que interiormente se les dé un buen lugar.

EL ALMA DE LA FAMILIA

Existe así una consciencia grupal o colectiva que opera a nivel inconsciente y que él denomina «alma familiar». Cualquier desorden o problema que afecte a un miembro de la familia tiene repercusiones en los demás. De ahí deriva el nombre de la técnica: constelaciones familiares, ya que todos estamos unidos a los otros miembros de nuestro sistema como las estrellas de una constelación.

Antiguamente la familia y el clan resultaban cruciales para sobrevivir y sus intereses estaban por encima de los de sus miembros. Si estos no daban prioridad al beneficio del grupo, el rechazo o la culpa podían acosarles.

La sociedad actual es más elástica, pero según Hellinger esos patrones o fuerzas siguen operando a nivel inconsciente. El objetivo de las constelaciones familiares es sacar a la luz las dinámicas internas de la familia que impiden que el amor pueda fluir adecuadamente.

Puede solicitar que alguien realice un movimiento dado o pronuncie alguna frase curativa que facilite el fluir de la constelación. El objetivo es sacar a la luz las dinámicas internas que ayudan a perpetuar el conflicto y conseguir que cada miembro de la familia pueda ocupar un buen lugar, tanto para él como para el grupo.

LAS LEYES DEL ORDEN DEL AMOR FAMILIAR

Para ello en los sistemas familiares se precisa un orden que, según Hellinger, responde a unas leyes muy simples. Son las siguientes:

Primera ley: Los miembros anteriores tienen prioridad sobre los posteriores. Es decir, los ancestros tienen prioridad sobre los padres y estos sobre los hijos, los hermanos mayores tienen prioridad sobre los menores, etc.

En cambio, cuando se trata de sistemas, siempre tiene prioridad el sistema actual sobre el de origen. Por ejemplo, cuando una persona presta más atención a su familia de origen que a la familia que él mismo ha creado, pone en peligro a esta.

Los padres son los mayores y dan, los hijos son los pequeños y toman. Los hijos no deben inmiscuirse en los asuntos de sus padres y ancestros.

A veces, por amor, hay hijos que pretenden solucionar asuntos o reparar carencias de sus padres o abuelos haciéndose cargo de ellos. Según Hellinger esta actitud es arrogante, ya que la forma más sana de amar es respetar el destino de la persona amada, dejando que se haga cargo de sus asuntos a su modo. Si respeta el destino de su padre y lo honra tal cual es, vuelve a su lugar de hijo y se queda más descansado y dispuesto para su propia vida.

NADIE PUEDE SER EXCLUIDO

Segunda ley: todos los miembros del sistema familiar tienen derecho a la pertenencia. No se puede excluir a nadie sin consecuencias. Hay dos maneras de excluir a un miembro del sistema:

  • La primera es que los demás consideren que su comportamiento es erróneo y no se adapta a las reglas. Las ovejas negras, que tanto abundan (inadaptados, delincuentes, enfermos mentales…), son excluidos por este motivo. Pero si no se les da su lugar en la familia, aunque no se apruebe su comportamiento, probablemente algún miembro posterior desarrollará conductas o patologías que se encargarán de «recordar» a ese miembro excluido. La solución pasa por volver a incluir a la persona en la «foto familiar» interna.
  • La segunda forma de exclusión es olvidar a alguien, normalmente un bebé o un niño, fallecido prematuramente. Recordarlo causa un extremo dolor a los padres y familiares, por lo que hacen como si no hubiera existido. Dar a esa persona un lugar en nuestro corazón y pedirle internamente que nos mire con buenos ojos si nos va bien en la vida es una buena medida.

EQUILIBRIO ENTRE DAR Y TOMAR

Tercera ley: En las relaciones entre padres e hijos, los padres deben dar (amor, sustento, atención, tiempo…) y los hijos tomar. El hijo restablecerá a su vez el equilibrio dando a sus hijos.

En las relaciones igualitarias, como por ejemplo las de pareja, conviene que ambos den en una medida similar para que la relación pueda florecer y prosperar.

LOS TERAPEUTAS REALIZAN «MOVIMIENTOS FACILITADORES»

Cuando la constelación está desplegada, el terapeuta, aparte de observar la dinámica general, también puede realizar una serie de movimientos facilitadores:

  • Dar continuidad al movimiento incipiente del participante, sea acercarse a alguien, alejarse, descender hacia el suelo, etc. Si el movimiento es dudoso, puede sugerirlo y ver qué pasa. Rectificar educadamente siempre es posible.
  • Proponer al representante que mire a alguien, que lo toque, que se apoye o que respire.
  • Introducir figuras de apoyo o refuerzo, normalmente uno de los padres o ambos.

En ocasiones hay que interrumpir el trabajo cuando falta información importante, cuando la energía no «fluye» y la constelación se estanca o cuando la persona no quiere ver ni aceptar las dinámicas que muestra la constelación. Problemas de pareja o de falta de ella, de salud psíquica o física, laborales o de falta de realización personal pueden tener su origen en la red de relaciones familiares, por lo cual puede ser útil una constelación para ganar claridad.

ASENTIR A LA REALIDAD

Uno de los aspectos más difíciles de explicar es por qué los representantes de las constelaciones familiares sienten como las personas a las que representan. Aunque se ha constatado en múltiples ocasiones que esto sucede así, no hay una explicación completamente satisfactoria. Lo que sí parece claro es que información muy sustancial –incluso secretos celosamente guardados por la familia– se transmite de forma inconsciente entre el cliente y las personas que él ha elegido para que representen a sus allegados.

A veces, tras realizar un taller de este tipo los participantes suelen preguntar: «¿y ahora qué tengo que hacer?». Mi respuesta suele ser: «nada», ni siquiera hablar de ello con la familia y los amigos.

Una constelación suele ser como una semilla que se planta en el alma y es mejor dejar que vaya creciendo sin estar mirándola ni tocándola a ver cómo va. Hacer un poco de silencio interior y respetarse uno mismo y a su proceso suele ser la mejor opción.

Transcurrido un tiempo, quizá la persona se sienta más en paz con un asunto que durante años la había atormentado, tal vez mejore de alguna dolencia o constate cómo una relación enturbiada durante años parece aclararse. O quizá no pase nada de todo esto.

Pero, en último término, lo más difícil y heroico de este trabajo es ser capaces de asentir a la realidad tal como es, tal y como ha sido, con toda su carga y todo su dolor. Ese sí interno, el cese de la batalla por cambiar el pasado, porque las personas de nuestro entorno sean diferentes, porque lo que nos ha dolido tanto no haya sucedido… esa rendición, es con frecuencia un requisito para encontrar la paz.

FRASES PARA SENTIRSE EN PAZ

Según el caso, en las constelaciones familiares existen diversas frases sanadoras que pueden decirse internamente.

  • Ante una separación matrimonial o de pareja, para dar un buen lugar a la otra persona y quedar libre, se puede decir internamente: «Tomo todo lo que me has dado; puedes quedarte con lo que yo te he dado. Te devuelvo tu libertad. En nuestros hijos seguiremos vinculados».
  • Un hijo de padres separados puede mirar a sus padres y decirles: «Lo que sucede entre vosotros es asunto vuestro. Ambos sois mis padres y yo soy vuestro hijo: no puedo ni debo decidirme por ninguno».
  • Ante el destino trágico de un antepasado, para evitar cargar con culpas en vano, es posible inclinarse ante su imagen interna.
  • Si se ha sido víctima de malos tratos o abusos por un familiar u otra persona, puede ser útil mirar fijamente al representante del agresor y decirle: «Te dejo a ti la culpa y todas las consecuencias. Y yo quedo libre». Ya que la víctima a menudo se siente culpable de lo sucedido.
  • Los hijos que no terminan de asumir su lugar de adultos porque están implicados en dinámicas inconscientes con los padres pueden mirarles y decirles: «Gracias por la vida y por todo lo que me habéis dado. Es mucho y basta. El resto lo hago yo solo», antes de volverse y orientarse hacia su propia vida y su futuro.

Acompañando: convivir con adolescentes

La adolescencia es una fase conflictiva. Los vertiginosos cambios físicos y psíquicos hacen que padres e hijos se sientan muy perdidos. La comunicación fluida ayuda mucho, pero a veces la paciencia es la mejor herramienta. 

Niños que pasan a ser adultos. ¿Es posible convivir y acompañar a los adolescentes en esta etapa tan exigente de sus vidas?.

CONSEJOS PARA RECONECTAR CON TU HIJO

Todo tiene su lado positivo. Te ofrecemos unos consejos útiles para sobrellevar esta etapa.

1. INTENTA VER SUS CUALIDADES

Busca el lado bueno, siempre lo hay. Seguro que tu hijo hace muchas cosas bien a lo largo del día, e incluso las que hace mal no las hace todo el rato.

En vez de convertirte en el típico padre o madre cascarrabias, rumiando continuos reproches (“¡Cuántas veces tengo que decirte…!”, “¡Mira que me tienes harta con tus…!”, “ Y a eso le llamas tú…”, “Este fin de semana olvídate de…”), esfuérzate por buscar cosas positivas, recordarlas, nombrarlas en voz alta.

2. CAMBIA DE PUNTO DE VISTA

Descubrirás que incluso algunas cosas que te parecían mal se pueden interpretar de otra manera. Piensa en esta frase como ejemplo: “Otra vez lo has dejado todo para la última hora, ¿crees que harás en una noche lo que no has hecho en todo el trimestre?”

Ahora compárala con esta otra: “Ayer te quedaste estudiando hasta muy tarde, veo que este trimestre te lo tomas en serio”. O bien “te pasas el día de cháchara con los amigos, más te valdría hacer algo útil” frente a “tus amigos te quieren mucho, siempre te llaman”.

3. HABLA BIEN DE TU HIJO

Los trapos sucios se lavan en casa. Los padres caemos con demasiada facilidad en la pequeña venganza de reunirnos con otros padres para poner verdes a nuestros hijos: “Si te cuento cómo tiene la habitación…”, “Y el tío, encima, va y me pide dinero para un disco…” Intenta evitarlo. ¿Qué pensarán los demás de tu hijo si hasta sus propios padres lo critican? ¿Te gustaría que tu hijo fuera contando todo lo que sabe de ti?

4. RECUERDA TU ADOLESCENCIA

Haz memoria. ¿A que también discutiste alguna vez con tus padres? ¡Y más de una! Intenta recordar qué sentías, por qué dijiste lo que dijiste y por qué hiciste lo que hiciste. Intenta imaginar qué sentían tus padres, por qué dijeron lo que dijeron (¡seguro que ahora te resulta más fácil!).

¿Todavía estás convencido de que tenías la razón, toda la razón, y de que tus padres eran unos retrógrados y autoritarios? Pues a lo mejor es eso lo que piensa ahora tu hijo.

5. DALE TIEMPO

Y a lo mejor también tiene razón (¿o también se equivoca?) ¿O, tal vez, con la perspectiva que dan los años y la experiencia, comprendes ahora que tus padres también tenían parte de razón, que tuvieron que (o que, honradamente, creyeron que tenían que) hacer lo que hicieron, que tú tampoco se lo pusiste fácil?

Pide ahora disculpas a tus padres y deja de esperar que tu hijo comprenda en dos días lo que tú has tardado veinte años en descubrir.

6. PIENSA QUÉ ES LO IMPORTANTE

Reserva tu autoridad para los problemas serios. ¿Qué más da que se tiña el pelo de verde o de rojo? Si saca buenas notas, ¿qué importa que estudie delante de la tele o mientras oye música?

Evita todos los conflictos que puedas evitar, transige en todo lo que se pueda transigir… y no temas ejercer tu autoridad cuando sea realmente necesario, cuando haya que cortar de raíz algún peligro.

Si no has desperdiciado tu autoridad prohibiendo mil tonterías, es más fácil que te obedezcan en lo que realmente importa.

7. MANTÉN LA CALMA

Antes de decir o hacer una tontería, cuenta hasta diez, hasta cien, hasta un millón. Y, al final, mejor que no digas nada. Las palabras pronunciadas ya no se pueden recoger después.

Repite como una letanía, o un mantra: “Él no es así”, “son las hormonas”, “se le pasará”, “él no es así”, “son las hormonas”…

8. RECUERDA QUE TE QUIERE

Tal vez lleva un tiempo en que casi no lo demuestra, en que rehuye los besos y abrazos. Pero te quiere igual; y si sabes estar atento, lo notarás.

Un padre que conozco repite con orgullo las palabras de su hija de quince años: “Dicen mis amigas que qué suerte tengo, porque les he dicho que no me castigáis nunca”. “Momentos así”, dice mi amigo, “dan sentido a una vida”.

PARA SABER MÁS

Cómo hablar para que sus hijos le escuchen y cómo escuchar para que sus hijos le hablen (Ediciones Médici), de Adele Faber y Elaine Mazlish, es uno de esos libros que a todos los padres les convendría leer.

Duelo

Una muerte que no se ha podido acompañar, un duelo sin despedidas ni homenajes deja una cicatriz difícil de cerrar. La solidaridad y la empatía son todavía más imprescindibles en estos momentos.

¿CÓMO ABORDARLO?

Como todo lo que es traumático, quienes hayan padecido una pérdida en estas circunstancias, tendrá que enfrentarse a estas distintas dimensiones.

  • Aquella de una ausencia física absoluta.
  • La de no haber podido decirles, en sus últimos momentos, todo aquello que ha supuesto su presencia en nuestras vidas y ¡Cuánto lo van a extrañar!
  • Y la de no haberles rendido el homenaje que merecían.

Respecto a la primera solo nos queda revivir todos los recuerdos que tengamos. No huir de ellos. Seguramente eso nos dolerá enormemente y, posiblemente, nos hará llorar. Dejémonos llevar por esos sentimientos que son los que nos siguen uniendo a ellos. Esas lágrimas serán nuestro pequeño tributo.

Habrá otros momentos. Los que nos llevan a compartir con otros y encontrar la empatía de quienes también perdieron a alguien en esta coyuntura, e incluso con quienes, aún no perdiéndolos, pueden imaginarse nuestra congoja porque se encuentran en tesituras similares. Será esta parte la que nos aúne y permita la dimensión social humana. Su complicidad será como un velatorio convenido.

Y para dedicarles nuestros mejores agasajos, vayamos proyectándolos para el futuro. Vayamos pensando en hacer una gran ceremonia, con todos los conocidos; una comida, un encuentro en el que puedan hablar de él o de ella quienes coincidieron en su vida. Escoger un objeto que lo represente y guardarlo como un pequeño fetiche que une a su espíritu.

¿CÓMO ACOMPAÑAR?

A quienes rodean a la persona que ha perdido un familiar, amigo o allegado solo les queda empatizar y ayudarla en estos distintos momentos y etapas.

Sea colgando su mensaje en las redes sociales, cosa que está sucediendo con mucha frecuencia, sea comunicándose directamente, han de sentir que se está ahí, por si necesitan algo, o solamente para que, como sucede con los aplausos a nuestros sanitarios, comprueben que no están solos, que comprendemos su pena.

Para la gran mayoría de población esta crisis será un drama. Un drama personal, familiar, social y económico, pero para algunos, aquellos que perderán a seres humanos, será una auténtica tragedia, una herida que nunca cicatrizará del todo. Intentemos mitigarla sumando fuerzas.

Os comparto algunas propuestas para ayudar a:

  • Expresar pensamientos, emociones y el dolor.
  • Sentiros más cerca de la persona que habéis perdido.
  • Experimentar de manera profunda el legado que ha dejado en vuestras vidas.
  • Compartir recuerdos con familiares y amigos.
  • Recibir el apoyo de los demás.

REUNIÓN FAMILIAR

Compartid el dolor y vuestras necesidades: el dolor es una muestra de amor hacia la persona que habéis perdido; compartidlo y lo podréis sostener mejor.

El primer paso sería poder hablar con todos los miembros de tu familia (incluidos los niños/as), sobre qué cosas necesitáis hacer para poder despediros en estos momentos desde casa.

En estos momentos, necesitamos ser empáticos y flexibles. Lo más importante es que a pesar de las diferencias podáis manteneros unidos y decidir hacer algo que sea significativo para todos.

ORGANIZAR EN CASA UN ACTO DE DESPEDIDA PERSONALIZADO

El ritual de despedida es un regalo para la persona que ha muerto, para la familia y también para ti. Podéis crear vuestro propio ritual, ya sea con las personas que estáis conviviendo, o también podéis incluir a otros familiares y amigos a través por ejemplo de vídeo conferencia.

Podéis pedirles que os envíen fotos en las que aparezcan juntos o que preparen algún escrito o dibujo para que puedan participar de manera activa en la despedida.

Aspectos que podéis contemplar:

1. PREPARA UN ALTAR O MESA MEMORIAL

Os ayudará a sentiros más cerca de la persona que habéis perdido. Podéis elegir un espacio especial de casa y preparar un altar con fotografías y objetos significativos. Podéis decorarlo pensando en las cosas que le gustaban a vuestro ser querido.

Así, podréis disponer de un lugar donde conectar con él/ella y expresarle lo que sentís. Hasta puede ser lugar perfecto dónde los más pequeños de la casa puedan dejar sus dibujos o sus manualidades como muestra de cariño.

2. ESCRIBE UN TEXTO, UN HOMENAJE

El homenaje reconoce el valor de la persona que ha muerto. Escribir nos ayuda a expresar lo que sentimos y a través de las palabras podemos compartir el amor y el agradecimiento hacia nuestro ser querido.

También podemos expresar todo aquello que pensamos que nos ha quedado pendiente de decir o de hacer con él o ella.

A veces es suficiente con una única palabra: Gracias, Perdóname, Te perdono, Te quiero, Adiós…

3. ELIGE UNA MÚSICA ESPECIAL

Podemos acompañar la lectura o el acto con música que nos recuerde a él/ella; puede ser su canción preferida o alguna pieza significativa para vosotros.

4. COMPARTE RECUERDOS

Los recuerdos nos ayudan a preservar el vínculo con la persona que ha muerto. Tenéis diferentes opciones:

  • Crear un panel o libro de recuerdos. Entre todos podéis hacer una revisión de lo que ha sido vuestra vida con esta persona. Podéis utilizar una cartulina o papel de embalar (o cualquier otro soporte, incluso digital) para enganchar fotos y escribir las anécdotas.
  • La caja de los recuerdos: ofrecer la posibilidad de que cada miembro de la familia y amigos escriban un recuerdo y poder guardarlos todos en esta caja tan especial. Y más adelante, en alguna fecha significativa podéis abrir la caja y compartirlos.

Cuando el tiempo de confinamiento acabe podréis decidir si necesitáis organizar un acto de conmemoración público para celebrar la vida de vuestro ser querido y recibir el apoyo y la calidez de los abrazos de todas aquellas personas que os quieren y que la/le echarán de menos junto a vosotros.

A pesar de tener que decir adiós, el amor que os une es para siempre.

Depresión

La depresión, a diferencia de otros estados vitales como la tristeza, la pena ó el duelo, debería definir a una persona que se encuentra muy triste, con una tristeza profunda y crónica, de tal manera que esos sentimientos, unidos a la culpa y a la dificultad para implicarse en relaciones placenteras, le impiden realizar sus actividades cotidianas, como trabajar, cuidar de los hijos, mantener relaciones sociales significativas….

A diferencia de otros trastornos o dificultades de salud mental, la persona que sufre una depresión real comunica una y otra vez su tristeza, su pena, su profunda desesperanza, a menudo incluso con su postura corporal, con su incapacidad para el placer, con sus narraciones llenas de tristezas, pérdidas, frustraciones, desesperanza e ideas de suicidio… Esos sentimientos son el núcleo de la depresión.

Otras manifestaciones (síntomas) son:

  • La disminución de la atención y la concentración.
  • La pérdida de la confianza en uno mismo y los sentimientos de inferioridad.
  • Las ideas de culpa y de ser inútil (incluso en los episodios leves).
  • Una perspectiva sombría del futuro.
  • Los pensamientos y actos suicidas o de autoagresión.
  • Los trastornos del sueño.
  • La pérdida del apetito.

La depresión casi nunca aparece de repente, de forma totalmente brusca… Eso puede suceder con la tristeza, la culpa y, por supuesto, con los duelos. En realidad, en casi todas las depresiones graves encontramos factores vitales que las han favorecido: pérdidas y frustraciones reiteradas en la infancia, pérdidas y duelos en la adolescencia (muerte de familiares, separaciones o conflictos graves entre los progenitores, otros duelos graves y reiterados…)

El tratamiento que hoy se da habitualmente a las personas deprimidas y pseudodeprimidas consiste, básicamente, en fármacos y más fármacos. Nosotros lo llamamos “unidimensional”.

Puede ser eficaz y, a veces, necesario en determinadas personas y depresiones, pero cuando se han estudiado sus resultados en grupos amplios y a lo largo del tiempo, no ha demostrado su utilidad para la población general salvo en un apartado concreto: el aumento exponencial de la venta y el consumo de psicofármacos, en especial antidepresivos. Sin embargo, en ocasiones y casos (contados) ha de utilizarse esa “vía rápida”, aunque solo de entrada. Por el contrario, el tratamiento integral de un trastorno como la depresión debería incluir al menos las medidas siguientes:

  • Psicoterapia, imprescindible en todo tipo de trastornos depresivos y pseudodepresivos.
  • Psicofarmacología, pero no en todos los casos, desde luego.
  • Ayuda a la familia, en particular en las depresiones graves.
  • Cuidados corporales: ejercicio físico, deportes adecuados, masajes, relajación (que ya se incluían en los templos del antiguo Egipto).
  • Amigos y allegados que se preocupen de uno, que estén atentos a las necesidades afectivas.
  • Actividades laborales, sociales y de formación atractivas, interesantes, que promuevan el desarrollo solidario de la persona.

LA VÍA INTERMEDIA

¿En qué consiste esta vía? En adelantar el uso del fármaco y aprovechar el efecto beneficioso del antidepresivo para lograr que la persona acepte la psicoterapia para ayudarle a elaborar el “bache emocional” con su participación activa, y pueda tener capacidades para afrontar otros acontecimientos vitales dolorosos o frustrantes en el futuro.

Ese es el objetivo de una psicoterapia para la persona con depresión: no solo que salga de su bache actual, sino que pueda aumentar su repertorio de actividades mentales y en la vida social que le ayuden a afrontar los futuros conflictos. Pero no es fácil, y hay que asegurarse de que el psicoterapeuta esté bien formado y posea experiencia sobre este tipo de complejas situaciones.

OPTAR POR LA SOLIDARIDAD

Los amigos, allegados y familiares pueden hacer mucho por la persona que padece una depresión, sobre todo al principio: acompañándolo en su sufrimiento, no insistiendo en soluciones supuestamente simples o rápidas, estando a su lado intentado comprender sus vivencias y sentimientos, ayudándole a tomar decisiones y, sobre todo, a posponerlas hasta que su estado afectivo mejore…

Porque aunque el depresivo se aísle, en realidad está buscando vías para mantener la relación con los demás y su autoestima. Solo que, por definición, la depresión es una vía poco adaptativa de sobreponerse a las pérdidas, los dolores y las frustraciones que acompañan toda vida humana.