¿Qué me enseñan las emociones?

Cuando sepas escuchar tus emociones, podrás expresarlas sin hacerte daño. Toda situación será una oportunidad para aprender a vivirlas.

ESCUCHAR Y GESTIONAR LAS EMOCIONES

El solo hecho de reconocer las emociones desagradables que sentimos ya supone un descanso para la mente. La batalla del control cesa por un tiempo. Pero para que además no nos supongan una limitación sino una ventaja, tenemos que escuchar sus mensajes y atenderlos. En resumen, aprender de lo que dicen. Las siguientes sugerencias te ayudarán a hacerlo.

1. ACÉRCATE A LO CONTROLADO

Una vez que hayas descubierto cuáles son los rasgos que tratas de ocultar, te propongo que comiences a imaginar que efectivamente se manifiestan en ti. Si es el enojo, ¿cómo sería ese enojo? Juega con esa idea, aunque te parezca catastrófica. El darle un espacio a esa fantasía te permitirá descargarte de la emoción y también conocerla mejor. En la medida en que observes y acompañes respetuosamente la emoción original, ella va recorriendo su camino hasta que se calma. Es como una ola, que alcanza su máximo y luego comienza a declinar. El I-Ching dice al respecto: “La forma más adecuada de concentrar es permitiendo la expansión”.

2. APELA AL MOVIMIENTO

Cuando uno controla sus emociones, pone rígidos los músculos y las articulaciones. Puede ser la cadera, el cuello, los hombros o las extremidades. Te sugiero que pongas una música que te guste, que la escuches durante un rato como dejándola entrar en tu cuerpo y que luego permitas que tu cuerpo se exprese. Si mientras realizas este ejercicio te surgen aquellas emociones que normalmente controlas, acompáñalas sin juzgarlas… Recorrerán su ciclo y se transformarán en otra.

3. SÉ TRADUCTOR DE TI MISMO

Una vez que hayas aprendido a ver tus emociones –aunque sean desagradables– como valiosas y no huir de ellas o esconderlas, acostúmbrate a buscar la información que te están comunicando. Traduce esa ansiedad o ese enojo por aquello que nos intenta expresar: ¿Existe una situación amenazante? ¿Carezco de las habilidades necesarias para emprender tal o cual reto?

4. DALE CRÉDITO A TU INTERIOR

Es posible que, al principio, tiendas a menospreciar algunas de tus emociones y la información que te dan. Es posible que te digas cosas como: “¡Ese miedo que siento es estúpido porque en realidad no pasa nada. Debería ser capaz de afrontar la situación como hace todo el mundo!”. Ten en cuenta que eres un ser individual único y que tus percepciones, aunque subjetivas, son las que cuentan. Así que admítelas completamente y trata de atenderlas.

5. TEN CONFIANZA

No pienses que porque te aconsejamos que atiendas a tus emociones vas a abrir la caja de Pandora de tus sensaciones perturbadoras, entrando en un caos que hasta ahora has conseguido evitar. Al contrario, atendiendo a tus emociones lo que vas a hacer es protegerte de verdad, no enterrando la cabeza en la arena como hacías antes. Protegerte y, a la vez, avanzar en pos de lo que de verdad te motiva. Por lo tanto, mantente dispuesto a aprender porque no existe ningún peligro en tu nueva apertura emocional.

6. ADMITE CIERTA INSEGURIDAD

Cuando confíes en tus emociones, tu inseguridad ya no será tan intensa y, por lo tanto, no la vivirás como insoportable y no pretenderás controlarla. Si tienes la confianza de que mientras experimentas inseguridad estás aprendiendo y entiendes que vas a aprovechar ese proceso, no necesitarás suprimirla. Empieza ya a cambiar tu mirada y acepta un mínimo grado de inseguridad inherente a la vida.

7. EXPRÉSATE DE LA MEJOR FORMA

¿Es bueno dejar salir cualquier impulso que uno tenga? Cuando te recomendamos que dejes que tus emociones se expresen no estamos diciendo que, si estás enfadado con tu jefe, des rienda suelta a tu ira y le montes una escena. No, la idea es que dejes que tu emoción te informe a ti. Después, ya decidirás tú cómo la atiendes de la manera más segura y productiva posible. Es un ejercicio que vale la pena.

 

Me resisto ir al psicólogo

Muchas personas, a pesar de sufrir un gran malestar emocional, muestran reparos a la hora de acudir al psicólogo. Estas son las tres excusas más utilizadas para no acudir a terapia y las razones por las que no son válidas.

En España, aún no tenemos una cultura arraigada de acudir al psicólogo en caso de malestar emocional. Bien sea por desconocimiento o por falta de costumbre social, el hecho es que aún carecemos de la mentalidad abierta que sí existe en otros lugares para reconocer e, incluso, valorar positivamente a quien acude a la consulta de un psicólogo.

En Estados Unidos, entre los jóvenes, ir al psicólogo se percibe como un rasgo de prestigio social y en Argentina o en Francia, lo extraño es no asistir a terapia alguna vez a lo largo de la vida. 

Por suerte, esta mentalidad va cambiando y las nuevas generaciones no tienen reparos en reconocer que van al psicólogo. Muchos youtubers hablan en sus canales de cómo les ayuda asistir a terapia, lo que anima a sus jóvenes seguidores a pedir ayuda profesional cuando sienten que lo necesitan.

Muchas personas, a pesar de sufrir y repetir actitudes dañinas para sí mismas o para los demás, aún se niegan a dar el paso de acudir a terapia. Estos son los tres prejuicios más extendidos a este respecto.

1. «EL PSICÓLOGO ES PARA QUIEN ESTÁ REALMENTE LOCO»

Todo un clásico. Lo cierto es que, si me baso en mi propia experiencia personal y profesional, he podido comprobar que las personas que vienen a terapia suelen ser las más cuerdas y conscientes. Estas mujeres y hombres han sido capaces de reconocer que existe un problema que no han podido solucionar por sí mismos y saben que necesitan ayuda profesional para superarlo.

Son personas valientes y responsables, que quieren tomas las riendas de su vida y dejar de depender de patrones antiguos que ya no les sirven y les impiden ser ellas mismas. Yo las admiro profundamente y siempre les digo que acudir a terapia es un signo de gran determinación y consciencia.

2. «NO LO NECESITO, PUEDO CAMBIAR YO SOLO»

Resulta muy loable luchar y conseguir cambiar, por uno mismo, las cuestiones que no nos gustan. Sin embargo, a veces, nuestros patrones tóxicos están tan arraigados en la mente más profunda que, aunque seamos conscientes de que no son sanos para nosotros, nos siguen perjudicando y dominando. En estos casos, no tiene nada de malo reconocer que necesitamos ayuda externa para poder cambiar.

Al igual que acudimos al dentista cuando tenemos una muela picada porque nosotros mismos no podemos limpiarla o empastarla, también necesitamos al profesional adecuado para trabajar con la mente y las emociones.

Por desgracia, muchas personas se auto engañan y continúan, durante años, a veces toda la vida, repitiendo las mismas actitudes dañinas de siempre. Algunas necesitan llegar a una situación muy extrema para decidirse a venir a terapia y, cuando comienzan a mejorar y a disfrutar de su vida, suelen decir: “Ojalá hubiera venido antes”.

3. «IR AL PSICÓLOGO PUEDE ABRIR LA ‘CAJA DE PANDORA'»

El miedo a descubrir algún oscuro secreto del pasado, que provoque un fuerte impacto en su vida, resulta muy común al comenzar la terapia. Para muchos, este temor supone un enorme lastre. A estas personas, les explico que, aunque no lo deseemos, nuestro pasado nos sigue afectando en el presente.

Tal vez hayamos olvidado el origen de nuestros patrones tóxicos, pero seamos conscientes o no, su efecto perjudicial nos sigue controlando e impidiendo ser como realmente anhelamos.

En estos casos, la opción más saludable que pueden elegir estas personas es la de tomar las riendas de su vida y afrontar su historia. Solo de esta forma, lograrán dejar de repetir estas actitudes tan tóxicas. No existe peor dolor que seguir sufriendo de forma descontrolada y, además, desconocer de dónde procede este malestar.

Para ayudarlas a tranquilizarse y superar este temor, siempre les digo a estas personas que confíen en ellas mismas y en su sabiduría interior, que se dejen llevar. También les comento que la información que necesitan trabajar para sanar no llega toda de golpe, sino que va surgiendo de forma paulatina.

Por supuesto, estas personas pueden albergar recuerdos brutales que, para no estar sufriendo por ellos continuamente, fueron bloqueados por su inconsciente. Sin embargo, tal y como les explico, esto sucedió cuando eran pequeñas y carecían de las herramientas y el apoyo suficiente para poder asimilar estas experiencias extremas.

Hoy en día, en terapia, la situación es muy diferente a aquella de su infancia. En consulta, creamos un entorno seguro y protegido para poder trabajar con los recuerdos que aparecen. Además, la persona, ya adulta, puede comprender mucho mejor lo que sucedió en el pasado.

De alguna forma, nuestro Yo más profundo sabe que necesitamos limpiar todos los recuerdos negativos para poder sanar y, cuando se siente en la situación adecuada, como puede ser durante la terapia en la consulta del psicólogo, comienza a proporcionar la información que estuvo oculta durante años.

Hay que aclarar que estos recuerdos nunca vienen de golpe, sino que aparecen dosificados en la medida que la persona puede afrontarlos y asumirlos.

Muy progresivamente, la persona va empoderándose y ganando confianza para luchar contra sus demonios hasta poder lanzarlos fuera de su vida.

¿Empezamos?

¿Es dependencia emocional?

¿QUÉ ES LA DEPENDENCIA EMOCIONAL?

La dependencia emocional es una mezcla potente de muchos miedos: miedo al compromiso, miedo a enamorarnos, miedo a la traición, miedo a no encontrar pareja, a que nos dejen de querer, porque uno de los mayores terrores que nos habitan es el miedo a la soledad.

MÁS COMÚN EN MUJERES

Nosotras, en general, somos más románticas: desde adolescentes nos pasamos horas imaginando el encuentro con el príncipe azul, leyendo historias de amor, hablando con las amigas de nuestros problemas sentimentales, viendo películas, escribiendo diarios… Y, sobre todo, nos encanta vivir romances intensos.

Con los cuentos que nos explican de pequeñas aprendemos a delegar nuestra felicidad en la llegada de un príncipe azul que nos cambie la vida, por eso sufrimos mucho si esto no ocurre, si no es como esperábamos o si, pasado un tiempo, decide separarse de nosotras y nos pide que abandonemos el palacio.

EL AISLAMIENTO NOS HACE VULNERABLES

Nos enseñan a temer la soledad y nos dicen que sin amor no somos nada: no es de extrañar que dependamos demasiado de él, pues hemos aprendido que es lo único que importa en la vida. Dedicamos mucho tiempo y energía a encontrar pareja y, por eso, cuando la tenemos, tememos perderla y nos aferramos a ella como si fuese una botella de oxígeno, indispensable para nuestra supervivencia.

En muchas películas, las protagonistas están solas. No tienen redes de afecto a su alrededor que las ayuden, por eso necesitan príncipes azules. Nunca aparecen con sus madres, hermanas, abuelas, tías, primas, amigas, vecinas… El aislamiento las hace más vulnerables y más necesitadas de amor, porque su felicidad depende de una sola persona.

La dependencia emocional nos hace creer que no nos merecemos el amor, por eso surgen los celos y el afán de posesión. Cuanto más inseguras estamos y más complejos tenemos, más necesidades de control tenemos sobre la otra persona.

9 CLAVES PARA SUPERAR LA DEPENDENCIA EMOCIONAL

El amor solo tiene sentido si nos liberamos de los miedos y amamos desde la libertad. Un amor que no está basado en la dependencia es aquel en el que podemos querer sin perder nuestra personalidad, sin renunciar a nuestra autonomía, sin establecer relaciones de dominación y sumisión con la otra persona.

1. TÓMATE LAS RELACIONES CON CALMA

El miedo a la soledad nos lleva, en ocasiones, a apresurarnos a la hora de elegir a una buena pareja. Es demasiado doloroso enamorarse y darse cuenta de que en realidad no lo conocemos, que nos engañó y nos equivocamos.

Por eso es fundamental tomarnos un tiempo para analizar si la relación que vamos a empezar vale la pena, si es realmente tan maravillosa, si el balance de virtudes y defectos nos compensa. Conviene avanzar despacio, dar más importancia a los comportamientos que a las palabras bonitas que se dicen en pleno éxtasis,

2. APRENDE A PASAR PÁGINA

Otra de las claves de la dependencia emocional es la incapacidad para dejar el pasado atrás, la carga de traumas y carencias que arrastramos desde la infancia. No es nada fácil; algunas de nosotras tenemos que trabajar en ello durante años, o incluso toda la vida. ¡No logramos hacer borrón y cuenta nueva!

3. NO ESPERES QUE NADIE TE SALVE

No podemos esperar que nuestro príncipe nos salve, nos cure o asuma nuestros problemas o carencias, o que nos proteja de los dolores y los miedos que nos habitan por dentro. El camino hacia la sanación o la superación es nuestra responsabilidad, y tenemos que emprenderlo con alegría, con fuerza, con ganas de liberarnos de todas las cargas del pasado para caminar con ligereza por nuestro presente.

4. BÁJALA DEL PEDESTAL

Para evitar la dependencia, es importante también construir vínculos equilibrados y horizontales. A menudo colocamos a nuestra pareja en un pedestal y nos sentimos inferiores. Nos sacrificamos por el otro, tratamos de agradarle continuamente, aguantamos situaciones dolorosas y nos comportamos con sumisión ante los conflictos.

5. REPARTE LA CARGA DE CUIDADOS

Además, asumimos la carga de la casa, la crianza y la educación de los hijos para liberar al otro de sus responsabilidades, sin preocuparnos por nuestra salud y nuestra necesidad de descanso. Somos capaces de renunciar una y otra vez, de ceder, de dar todo el poder al otro para que permanezca junto a nosotras, para que no haya problemas, para que él establezca las reglas del juego amoroso.

6. SÉ TÚ MISMA

Y entonces nos damos cuenta de que al enamorarnos perdemos parte de nuestra personalidad. Descubrimos que no nos estamos mostrando tal y como somos. Al empequeñecernos y perder la independencia, perdemos atractivo, aunque lo hacemos pensando que así puede que nos amen más.

Atrapadas en esa relación, nos transformamos en seres débiles, infantilizados, víctimas y victimistas que mendigan amor y atención. Cuando perdemos toda nuestra autonomía para que nos quieran más, estamos cayendo en una trampa; pues anularnos como personas no nos hace más sexis, sino más aburridas y predecibles: habitualmente, la gente se enamora de personas alegres, activas, con iniciativa, con energía vital para moverse por el mundo.

7. APRENDE A QUERER EN PRESENTE

Cuanto el miedo nos posee, la necesidad de aceptación y reconocimiento es continuo. A veces nos cuesta creer que alguien quiera permanecer a nuestro lado, incluso nos prohibimos el derecho a disfrutar del amor. Por miedo a que nos dejen de querer no podemos ni disfrutar de que nos quieran en el presente.

8. Y A QUERERTE A TI MISMA

Para poder querer desde la generosidad, el respeto, el cuidado mutuo y el amor profundo tenemos que querernos a nosotras mismas, lo que supone también aceptarnos y trabajar para mejorar lo que no nos gusta de nosotras.

9. DISFRUTA DE LA COMPAÑÍA Y DE LA SOLEDAD

Practicar la autocrítica amorosa consiste en analizarnos con cariño y liberarnos de los miedos que nos hacen personas dependientes… para sentirnos mejor con nosotras, para aprender a relacionarnos desde la libertad y no desde la necesidad, para aprender a disfrutar de la soledad y de la compañía, de la vida tengamos o no pareja.

Mindfulness y ansiedad

Tenemos una media de 60.000 pensamientos diarios de los cuales el 85% son del pasado o del futuro y el 90% son repetitivos (Sharon M. Koenig).

«Mindfulness es saber lo que está pasando cuando está pasando sin preferencias», Rob Nairn.

Sus orígenes proceden de las prácticas contemplativas del budismo y los avances en neurociencia de la psicología occidental.

¿Qué no es?

  • No es una práctica sólo para personas religiosas ó espirituales.
  • No es una técnica de relajación.
  • No es dejar de pensar o quedarse con la mente en blanco
  • No es iluminarse ni trascender la vida terrenal.
  • No es no sentir.
  • No es escapar del dolor.
  • No es una técnica de control.
  • No es pensar en positivo.

La práctica de mindfulness desarrolla una posición de observador tomando distancia de aquello que es observado.  Y de esa forma nos acercamos al proceso de desidentificación cambiando así nuestra relación con los contenidos de la conciencia. No es un proceso fácil porque hay muchos vínculos afectivos intensos con contenidos de la mente. El yo cree que construyen su identidad.

Nos iremos desprendiendo de condicionantes, creencias, miedos,  convenciones, deseos y surge la libertad.

Con mindfulness aprendemos a dar una respuesta, no a reaccionar. Con atención plena puedes percibir con claridad tus pensamientos, sensaciones físicas, emociones y acontecimientos que te rodean. Nos permite abrir un espacio en el que surge la libertad de elección y la capacidad de decisión para dar una respuesta a la situación.

Ansiedad

El ser humano es el único animal capaz de vivenciar el miedo psicológico en sus diferentes variantes: ansiedad, estrés, agitación, inquietud, preocupación, tensión, nervios, obsesión, miedos, fobia, etc.

No tiene nada que ver con un peligro real, objetivo ó inmediato. Se refiere a posibles peligros en un futuro ó repetición de situaciones, es decir, anticipación. El organismo de la persona está en el aquí y ahora mientras que la mente está en el futuro.  Esta disociación es en sí mismo ansiógeno.

La ansiedad pone de manifiesto una conducta evitativa: aquello a lo que me resisto, persiste. Cuando los pensamientos, emociones o impulsos se acercan a la conciencia, la persona se pone ansiosa. Se activa el sistema fisiológico de lucha-huida. La persona de implica activamente en evitar, suprimir, alterar sus emociones, sensaciones y pensamientos. Y esto conduce paradójicamente a un incremento de los síntomas.

Intervención

  1. Actitud aceptación vs evitación
  2. Sentir plenamente las sensaciones del cuerpo y las emociones
  3. Una mirada desidentificada, amorosa, compasiva y sin juzgar
  4. Ampliar y expandir la percepción, la atención y la conciencia para incorporar todos los aspectos de su experiencia interna y externa (para reducir el sesgo atencional, atención selectiva o efecto túnel)
  5. Entrenar para reenfocar la atención en el momento presente para reducir el pensamiento orientado a futuro

Práctica de los 3 minutos mindful

1′ PARAR y RECONOCER LA EXPERIENCIA del momento presente (qué pienso, cómo me siento, cómo siento mi cuerpo).

2′ RESPIRAR (INSPIRAR Y EXPIRAR por la nariz). Centrar el foco.

3′ EXPANSIÓN A TODO EL CUERPO CULTIVANDO LA ACEPTACIÓN DEL MOMENTO PRESENTE.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Terapia MÓBIL

Los muñecos y figuras en entornos terapéuticos

En psicoterapia trabajamos principalmente con la palabra. Escuchamos la narrativa que trae el cliente para conocer su visión del mundo y usamos el diálogo para promover un cambio en aquellos aspectos y situaciones en las que el cliente busca más salud y bienestar. Sin embargo, muchos profesionales en nuestras sesiones usamos también herramientas visuales como apoyo en algunos momentos de los procesos que acompañamos. Incluir elementos visuales y corporales es esencial en el desarrollo de cualquier proceso de autoconocimiento, porque facilita que emerja mucha información inconsciente rápidamente, lo que nos permite ir más allá de lo que el cliente cuenta para integrarlo en el cuerpo.

Una de las herramientas visuales más potentes que podemos utilizar en una sesión individual en el marco de una intervención terapéutica o de orientación son los muñecos tipo Playmobil. Antes de adentrarnos en lo que entendemos por terapia y asesoramiento con muñecos, queremos puntualizar que en contexto clínico y en asesoramiento en organizaciones podemos trabajar no sólo con muñecos tipo Playmobil, sino también con cualquier conjunto de figuras (piezas de madera, vasitos, tizas, piedras) que pueda desplegarse en una mesa o similar. Nosotros usamos los muñecos tipo Playmobil por varias razones. En primer lugar, representan claramente figuras humanas articuladas (¡existen infinitos personajes!) y son agradables y muy familiares para la mayoría de las personas. Además, los muñecos nos permiten trabajar con la configuración desde lo fenomenológico sin tener que recurrir a un alto nivel de abstracción. A través de los detalles de los muñecos, podemos trabajar con los elementos simbólicos y usar el lenguaje evocador y metafórico para ampliar la imagen interna proyectada en la configuración.

Si bien es muy conocido el uso de muñecos para realizar constelaciones familiares en sesiones individuales, los muñecos (u otras figuras sistémicas) se pueden usar para fines muy diversostanto con adultos como con niños. Pueden ser útiles en contextos muy distintos para profesionales que trabajan orientando o acompañando a personas: psicólogos, terapeutas, asesores, educadores y trabajadores sociales, mediadores, orientadores escolares, coaches, consultores empresariales, médicos y pediatras holísticos, pedagogos, logopedas, psiquiatras, etc.

La imagen proyectada: más allá de lo verbal

Pero, ¿qué es exactamente lo que aportan los muñecos a una sesión de terapia u orientación respecto a un enfoque exclusivamente verbal? Cuando un cliente representa una situación con muñecos, en la configuración se hacen visibles algunos aspectos de las dinámicas sistémicas internas que están en la base del problema o conflicto. Es decir, la imagen interna se proyecta en la configuración y se puede ver representada tridimensionalmente a través de unas figuras. Con los muñecos se pueden representar tanto personas, como objetos, emociones o partes internas. Con la exploración detallada de la imagen, tanto si se representa una situación interrelacional –los muñecos representan al cliente y a otras personas- como si se representa una imagen intrapsíquica –los muñecos representan aspectos, emociones o roles del propio cliente además de al propio cliente- emerge mucha información más allá de la exclusivamente racional y consciente. Esta nueva información servirá en primer lugar para ampliar la imagen y para definir con mayor claridad una situación. En segundo lugar, a través de la configuración podremos “testar” qué movimientos son posibles hacia una solución de mayor equilibrio para la persona que consulta.

El núcleo central de la terapia y asesoramiento con muñecos tipo Playmobil es, pues, el concepto de proyección. Son muchas y variadas las herramientas proyectivas utilizadas en psicoterapia y también en otras disciplinas de autoconocimiento. Se usan principalmente como instrumento de diagnóstico y en algunos casos también como herramienta de intervención terapéutica, sobre todo desde el paradigma psicodinámico. En este sentido, los muñecos tienen puntos en común con la técnica de la caja de arena (sandtray) o la terapia infantil de juego. Sin embargo, lo maravilloso del tipo de abordaje que proponemos con los muñecos es que la imagen que ha construido el cliente puede ser explorada conjuntamente entre el cliente y el profesional. Es decir, no es el terapeuta en el rol de experto quien ve cosas que el cliente no sabe ver y se las interpreta desde su marco teórico. En este caso, a través de los muñecos la información consciente e inconsciente que emerge puede ser “vista” por el cliente mismo y comprendida de manera muy directa. El terapeuta o asesor, con intervenciones delicadas y sencillas, ayuda al cliente a fijarse en elementos y aspectos obvios –como colores, posiciones de los muñecos, distancias entre ellos, etc.- y a partir de ello, el cliente accede a comprensiones nuevas o inesperadas. Como se suele decir, “una imagen vale más que mil palabras”, y por eso esta herramienta potencia el efecto de cualquier terapia psicológica o sesión de orientación, porque literalmente amplia la imagen interna de una situación que puede ser vista desde distintas perspectivas, antes más escondidas.

Constelaciones familiares

La terapia de las constelaciones familiares pone orden en el pasado y restablece la armonía de esas relaciones. Creada por Bert Hellinger, ha ganado difusión en estos últimos años. Los mecanismos por los que actúa no acaban de comprenderse, pero los resultados asombran. Las sesiones suelen realizarse en grupo. En ellas, alguien plantea brevemente un problema personal. A continuación el terapeuta le invita a elegir las personas que representarán a los miembros más significativos de su sistema familiar y a ubicarlos de la forma que crea adecuada.

Los representantes escogidos permanecen de pie, generalmente en círculo, silenciosos, sin saber nada de las personas cuyo papel encarnan. Al poco rato empiezan a sentir emociones, sensaciones o impulsos de movimiento que pertenecen a la persona a la que están representando, en cuyo caso deben seguirlos.

Empiezan a realizar entonces movimientos pausados, no guiados por el intelecto, que suelen reflejar el trasfondo del problema. El terapeuta observa qué sucede, quién mira a quién, qué disposición adoptan en el espacio, hacia dónde se dirigen.

BERT HELLINGER, FUNDADOR DE LA TERAPIA DE CONSTELACIONES

Bert Hellinger (1925) estudió filosofía, pedagogía y teología en Würzburg, Alemania. Vivió en Sudáfrica durante 16 años, en los cuales trabajó como sacerdote, profesor y director de una gran escuela para estudiantes africanos. Cuando abandonó su orden religiosa regresó a Alemania y se hizo psicoanalista; luego aprendió terapia primal en California con Arthur Janov y análisis transaccional con Eric Berne y se formó además en terapia familiar sistémica.

Esa rama de la psicología ha inspirado en buena medida las constelaciones familiares. Puede también que la cultura y el animismo zulúes, cuya lengua aprendió en Sudáfrica, influyesen en una terapia que concede suma importancia al reconocimiento hacia los antepasados.

Según Hellinger, existe una transmisión de conflictos, preocupaciones familiares y comportamientos a través de las generaciones que determina los conflictos psicológicos actuales. Hellinger afirma que cada persona forma parte de un sistema familiar y está unida a todos sus miembros por sólidos vínculos.

¿QUIÉN FORMA PARTE DEL SISTEMA FAMILIAR?

Según Bert Hellinger, el sistema familiar de una persona lo componen:

  • Ella y sus hermanos.
  • Padres, tíos y abuelos.
  • Sus parejas y ex-parejas, hijos y nietos.
  • Las personas que al perder su lugar permitieron que ella lo tuviese. Por ejemplo, una primera mujer del abuelo que falleció dando a luz. También las parejas anteriores de los padres o de la propia persona, en especial si la relación generó descendencia.
  • Personas que tienen un vínculo de agresión. Por ejemplo quien causó la muerte de un familiar o quien murió a manos de un familiar propio.
  • Todos ellos –tanto si están vivos o muertos, murieron al nacer o fueron abortados voluntariamente– merecen un reconocimiento y que interiormente se les dé un buen lugar.

EL ALMA DE LA FAMILIA

Existe así una consciencia grupal o colectiva que opera a nivel inconsciente y que él denomina «alma familiar». Cualquier desorden o problema que afecte a un miembro de la familia tiene repercusiones en los demás. De ahí deriva el nombre de la técnica: constelaciones familiares, ya que todos estamos unidos a los otros miembros de nuestro sistema como las estrellas de una constelación.

Antiguamente la familia y el clan resultaban cruciales para sobrevivir y sus intereses estaban por encima de los de sus miembros. Si estos no daban prioridad al beneficio del grupo, el rechazo o la culpa podían acosarles.

La sociedad actual es más elástica, pero según Hellinger esos patrones o fuerzas siguen operando a nivel inconsciente. El objetivo de las constelaciones familiares es sacar a la luz las dinámicas internas de la familia que impiden que el amor pueda fluir adecuadamente.

Puede solicitar que alguien realice un movimiento dado o pronuncie alguna frase curativa que facilite el fluir de la constelación. El objetivo es sacar a la luz las dinámicas internas que ayudan a perpetuar el conflicto y conseguir que cada miembro de la familia pueda ocupar un buen lugar, tanto para él como para el grupo.

LAS LEYES DEL ORDEN DEL AMOR FAMILIAR

Para ello en los sistemas familiares se precisa un orden que, según Hellinger, responde a unas leyes muy simples. Son las siguientes:

Primera ley: Los miembros anteriores tienen prioridad sobre los posteriores. Es decir, los ancestros tienen prioridad sobre los padres y estos sobre los hijos, los hermanos mayores tienen prioridad sobre los menores, etc.

En cambio, cuando se trata de sistemas, siempre tiene prioridad el sistema actual sobre el de origen. Por ejemplo, cuando una persona presta más atención a su familia de origen que a la familia que él mismo ha creado, pone en peligro a esta.

Los padres son los mayores y dan, los hijos son los pequeños y toman. Los hijos no deben inmiscuirse en los asuntos de sus padres y ancestros.

A veces, por amor, hay hijos que pretenden solucionar asuntos o reparar carencias de sus padres o abuelos haciéndose cargo de ellos. Según Hellinger esta actitud es arrogante, ya que la forma más sana de amar es respetar el destino de la persona amada, dejando que se haga cargo de sus asuntos a su modo. Si respeta el destino de su padre y lo honra tal cual es, vuelve a su lugar de hijo y se queda más descansado y dispuesto para su propia vida.

NADIE PUEDE SER EXCLUIDO

Segunda ley: todos los miembros del sistema familiar tienen derecho a la pertenencia. No se puede excluir a nadie sin consecuencias. Hay dos maneras de excluir a un miembro del sistema:

  • La primera es que los demás consideren que su comportamiento es erróneo y no se adapta a las reglas. Las ovejas negras, que tanto abundan (inadaptados, delincuentes, enfermos mentales…), son excluidos por este motivo. Pero si no se les da su lugar en la familia, aunque no se apruebe su comportamiento, probablemente algún miembro posterior desarrollará conductas o patologías que se encargarán de «recordar» a ese miembro excluido. La solución pasa por volver a incluir a la persona en la «foto familiar» interna.
  • La segunda forma de exclusión es olvidar a alguien, normalmente un bebé o un niño, fallecido prematuramente. Recordarlo causa un extremo dolor a los padres y familiares, por lo que hacen como si no hubiera existido. Dar a esa persona un lugar en nuestro corazón y pedirle internamente que nos mire con buenos ojos si nos va bien en la vida es una buena medida.

EQUILIBRIO ENTRE DAR Y TOMAR

Tercera ley: En las relaciones entre padres e hijos, los padres deben dar (amor, sustento, atención, tiempo…) y los hijos tomar. El hijo restablecerá a su vez el equilibrio dando a sus hijos.

En las relaciones igualitarias, como por ejemplo las de pareja, conviene que ambos den en una medida similar para que la relación pueda florecer y prosperar.

LOS TERAPEUTAS REALIZAN «MOVIMIENTOS FACILITADORES»

Cuando la constelación está desplegada, el terapeuta, aparte de observar la dinámica general, también puede realizar una serie de movimientos facilitadores:

  • Dar continuidad al movimiento incipiente del participante, sea acercarse a alguien, alejarse, descender hacia el suelo, etc. Si el movimiento es dudoso, puede sugerirlo y ver qué pasa. Rectificar educadamente siempre es posible.
  • Proponer al representante que mire a alguien, que lo toque, que se apoye o que respire.
  • Introducir figuras de apoyo o refuerzo, normalmente uno de los padres o ambos.

En ocasiones hay que interrumpir el trabajo cuando falta información importante, cuando la energía no «fluye» y la constelación se estanca o cuando la persona no quiere ver ni aceptar las dinámicas que muestra la constelación. Problemas de pareja o de falta de ella, de salud psíquica o física, laborales o de falta de realización personal pueden tener su origen en la red de relaciones familiares, por lo cual puede ser útil una constelación para ganar claridad.

ASENTIR A LA REALIDAD

Uno de los aspectos más difíciles de explicar es por qué los representantes de las constelaciones familiares sienten como las personas a las que representan. Aunque se ha constatado en múltiples ocasiones que esto sucede así, no hay una explicación completamente satisfactoria. Lo que sí parece claro es que información muy sustancial –incluso secretos celosamente guardados por la familia– se transmite de forma inconsciente entre el cliente y las personas que él ha elegido para que representen a sus allegados.

A veces, tras realizar un taller de este tipo los participantes suelen preguntar: «¿y ahora qué tengo que hacer?». Mi respuesta suele ser: «nada», ni siquiera hablar de ello con la familia y los amigos.

Una constelación suele ser como una semilla que se planta en el alma y es mejor dejar que vaya creciendo sin estar mirándola ni tocándola a ver cómo va. Hacer un poco de silencio interior y respetarse uno mismo y a su proceso suele ser la mejor opción.

Transcurrido un tiempo, quizá la persona se sienta más en paz con un asunto que durante años la había atormentado, tal vez mejore de alguna dolencia o constate cómo una relación enturbiada durante años parece aclararse. O quizá no pase nada de todo esto.

Pero, en último término, lo más difícil y heroico de este trabajo es ser capaces de asentir a la realidad tal como es, tal y como ha sido, con toda su carga y todo su dolor. Ese sí interno, el cese de la batalla por cambiar el pasado, porque las personas de nuestro entorno sean diferentes, porque lo que nos ha dolido tanto no haya sucedido… esa rendición, es con frecuencia un requisito para encontrar la paz.

FRASES PARA SENTIRSE EN PAZ

Según el caso, en las constelaciones familiares existen diversas frases sanadoras que pueden decirse internamente.

  • Ante una separación matrimonial o de pareja, para dar un buen lugar a la otra persona y quedar libre, se puede decir internamente: «Tomo todo lo que me has dado; puedes quedarte con lo que yo te he dado. Te devuelvo tu libertad. En nuestros hijos seguiremos vinculados».
  • Un hijo de padres separados puede mirar a sus padres y decirles: «Lo que sucede entre vosotros es asunto vuestro. Ambos sois mis padres y yo soy vuestro hijo: no puedo ni debo decidirme por ninguno».
  • Ante el destino trágico de un antepasado, para evitar cargar con culpas en vano, es posible inclinarse ante su imagen interna.
  • Si se ha sido víctima de malos tratos o abusos por un familiar u otra persona, puede ser útil mirar fijamente al representante del agresor y decirle: «Te dejo a ti la culpa y todas las consecuencias. Y yo quedo libre». Ya que la víctima a menudo se siente culpable de lo sucedido.
  • Los hijos que no terminan de asumir su lugar de adultos porque están implicados en dinámicas inconscientes con los padres pueden mirarles y decirles: «Gracias por la vida y por todo lo que me habéis dado. Es mucho y basta. El resto lo hago yo solo», antes de volverse y orientarse hacia su propia vida y su futuro.

Acompañando: convivir con adolescentes

La adolescencia es una fase conflictiva. Los vertiginosos cambios físicos y psíquicos hacen que padres e hijos se sientan muy perdidos. La comunicación fluida ayuda mucho, pero a veces la paciencia es la mejor herramienta. 

Niños que pasan a ser adultos. ¿Es posible convivir y acompañar a los adolescentes en esta etapa tan exigente de sus vidas?.

CONSEJOS PARA RECONECTAR CON TU HIJO

Todo tiene su lado positivo. Te ofrecemos unos consejos útiles para sobrellevar esta etapa.

1. INTENTA VER SUS CUALIDADES

Busca el lado bueno, siempre lo hay. Seguro que tu hijo hace muchas cosas bien a lo largo del día, e incluso las que hace mal no las hace todo el rato.

En vez de convertirte en el típico padre o madre cascarrabias, rumiando continuos reproches (“¡Cuántas veces tengo que decirte…!”, “¡Mira que me tienes harta con tus…!”, “ Y a eso le llamas tú…”, “Este fin de semana olvídate de…”), esfuérzate por buscar cosas positivas, recordarlas, nombrarlas en voz alta.

2. CAMBIA DE PUNTO DE VISTA

Descubrirás que incluso algunas cosas que te parecían mal se pueden interpretar de otra manera. Piensa en esta frase como ejemplo: “Otra vez lo has dejado todo para la última hora, ¿crees que harás en una noche lo que no has hecho en todo el trimestre?”

Ahora compárala con esta otra: “Ayer te quedaste estudiando hasta muy tarde, veo que este trimestre te lo tomas en serio”. O bien “te pasas el día de cháchara con los amigos, más te valdría hacer algo útil” frente a “tus amigos te quieren mucho, siempre te llaman”.

3. HABLA BIEN DE TU HIJO

Los trapos sucios se lavan en casa. Los padres caemos con demasiada facilidad en la pequeña venganza de reunirnos con otros padres para poner verdes a nuestros hijos: “Si te cuento cómo tiene la habitación…”, “Y el tío, encima, va y me pide dinero para un disco…” Intenta evitarlo. ¿Qué pensarán los demás de tu hijo si hasta sus propios padres lo critican? ¿Te gustaría que tu hijo fuera contando todo lo que sabe de ti?

4. RECUERDA TU ADOLESCENCIA

Haz memoria. ¿A que también discutiste alguna vez con tus padres? ¡Y más de una! Intenta recordar qué sentías, por qué dijiste lo que dijiste y por qué hiciste lo que hiciste. Intenta imaginar qué sentían tus padres, por qué dijeron lo que dijeron (¡seguro que ahora te resulta más fácil!).

¿Todavía estás convencido de que tenías la razón, toda la razón, y de que tus padres eran unos retrógrados y autoritarios? Pues a lo mejor es eso lo que piensa ahora tu hijo.

5. DALE TIEMPO

Y a lo mejor también tiene razón (¿o también se equivoca?) ¿O, tal vez, con la perspectiva que dan los años y la experiencia, comprendes ahora que tus padres también tenían parte de razón, que tuvieron que (o que, honradamente, creyeron que tenían que) hacer lo que hicieron, que tú tampoco se lo pusiste fácil?

Pide ahora disculpas a tus padres y deja de esperar que tu hijo comprenda en dos días lo que tú has tardado veinte años en descubrir.

6. PIENSA QUÉ ES LO IMPORTANTE

Reserva tu autoridad para los problemas serios. ¿Qué más da que se tiña el pelo de verde o de rojo? Si saca buenas notas, ¿qué importa que estudie delante de la tele o mientras oye música?

Evita todos los conflictos que puedas evitar, transige en todo lo que se pueda transigir… y no temas ejercer tu autoridad cuando sea realmente necesario, cuando haya que cortar de raíz algún peligro.

Si no has desperdiciado tu autoridad prohibiendo mil tonterías, es más fácil que te obedezcan en lo que realmente importa.

7. MANTÉN LA CALMA

Antes de decir o hacer una tontería, cuenta hasta diez, hasta cien, hasta un millón. Y, al final, mejor que no digas nada. Las palabras pronunciadas ya no se pueden recoger después.

Repite como una letanía, o un mantra: “Él no es así”, “son las hormonas”, “se le pasará”, “él no es así”, “son las hormonas”…

8. RECUERDA QUE TE QUIERE

Tal vez lleva un tiempo en que casi no lo demuestra, en que rehuye los besos y abrazos. Pero te quiere igual; y si sabes estar atento, lo notarás.

Un padre que conozco repite con orgullo las palabras de su hija de quince años: “Dicen mis amigas que qué suerte tengo, porque les he dicho que no me castigáis nunca”. “Momentos así”, dice mi amigo, “dan sentido a una vida”.

PARA SABER MÁS

Cómo hablar para que sus hijos le escuchen y cómo escuchar para que sus hijos le hablen (Ediciones Médici), de Adele Faber y Elaine Mazlish, es uno de esos libros que a todos los padres les convendría leer.

Autoestima

La autoestima es el tipo de relación que mantenemos con nosotros mismos, determina cómo somos y cómo actuamos, y de la calidad de este vínculo interno, depende nuestro equilibrio emocional. Con una autoestima sana, confiamos en nosotros y en nuestras decisiones y no dependemos de los juicios externos ni de la aprobación de los demás.

CÓMO RECUPERAR LA AUTOESTIMA

Si de niños no recibimos los cuidados que necesitamos o éstos son deficitarios, la autoestima resultará herida. Si la autoestima está dañada, el ego, también se verá dañado, por lo que haremos todo lo posible para nutrirlos del amor y de los cuidados que necesitan, incluso, llegando a plegarnos a las necesidades e imposiciones de los demás y olvidándonos de las nuestras propias. Estas carencias pueden acabar derivando en comportamientos insanos, tóxicos y autodestructivos.

Nuestras decisiones, nuestro comportamiento y la manera de relacionarnos con el mundo están determinadas por la calidad de nuestra autoestima. Incluso ya de adultos, seguimos condicionados por la fuerza o la debilidad de la autoestima que se forjó en nuestra niñez. Actuamos según ella nos dicta ya que constituye el tronco principal de nuestra personalidad.

Con una autoestima firme, nos manejamos con confianza por la vida y podemos afrontar resolutivamente las situaciones a las que nos enfrentemos, mientras que si nuestra autoestima es frágil, los miedos y los bloqueos aparecen ante la más mínima dificultad.

Sanar una autoestima dañada puede parecer un trabajo extremadamente complicado, sobre todo porque el origen de este daño suele situarse en la más temprana infancia.

Muchas personas que acuden a terapia, me confiesan que sienten que siempre han sido así, siempre se han visto inferiores a los demás, vacíos y dependientes de las opiniones externas. Sin embargo, incluso para los adultos, es posible trabajar para recuperar la autoestima que fuimos dejando atrás por culpa de las carencias vividas en el pasado.

Los cambios y la solución de los problemas llegan cuando la persona deja de depender del juicio de los demás para centrarse más en sí misma y en su propio criterio.

Duelo

Una muerte que no se ha podido acompañar, un duelo sin despedidas ni homenajes deja una cicatriz difícil de cerrar. La solidaridad y la empatía son todavía más imprescindibles en estos momentos.

¿CÓMO ABORDARLO?

Como todo lo que es traumático, quienes hayan padecido una pérdida en estas circunstancias, tendrá que enfrentarse a estas distintas dimensiones.

  • Aquella de una ausencia física absoluta.
  • La de no haber podido decirles, en sus últimos momentos, todo aquello que ha supuesto su presencia en nuestras vidas y ¡Cuánto lo van a extrañar!
  • Y la de no haberles rendido el homenaje que merecían.

Respecto a la primera solo nos queda revivir todos los recuerdos que tengamos. No huir de ellos. Seguramente eso nos dolerá enormemente y, posiblemente, nos hará llorar. Dejémonos llevar por esos sentimientos que son los que nos siguen uniendo a ellos. Esas lágrimas serán nuestro pequeño tributo.

Habrá otros momentos. Los que nos llevan a compartir con otros y encontrar la empatía de quienes también perdieron a alguien en esta coyuntura, e incluso con quienes, aún no perdiéndolos, pueden imaginarse nuestra congoja porque se encuentran en tesituras similares. Será esta parte la que nos aúne y permita la dimensión social humana. Su complicidad será como un velatorio convenido.

Y para dedicarles nuestros mejores agasajos, vayamos proyectándolos para el futuro. Vayamos pensando en hacer una gran ceremonia, con todos los conocidos; una comida, un encuentro en el que puedan hablar de él o de ella quienes coincidieron en su vida. Escoger un objeto que lo represente y guardarlo como un pequeño fetiche que une a su espíritu.

¿CÓMO ACOMPAÑAR?

A quienes rodean a la persona que ha perdido un familiar, amigo o allegado solo les queda empatizar y ayudarla en estos distintos momentos y etapas.

Sea colgando su mensaje en las redes sociales, cosa que está sucediendo con mucha frecuencia, sea comunicándose directamente, han de sentir que se está ahí, por si necesitan algo, o solamente para que, como sucede con los aplausos a nuestros sanitarios, comprueben que no están solos, que comprendemos su pena.

Para la gran mayoría de población esta crisis será un drama. Un drama personal, familiar, social y económico, pero para algunos, aquellos que perderán a seres humanos, será una auténtica tragedia, una herida que nunca cicatrizará del todo. Intentemos mitigarla sumando fuerzas.

Os comparto algunas propuestas para ayudar a:

  • Expresar pensamientos, emociones y el dolor.
  • Sentiros más cerca de la persona que habéis perdido.
  • Experimentar de manera profunda el legado que ha dejado en vuestras vidas.
  • Compartir recuerdos con familiares y amigos.
  • Recibir el apoyo de los demás.

REUNIÓN FAMILIAR

Compartid el dolor y vuestras necesidades: el dolor es una muestra de amor hacia la persona que habéis perdido; compartidlo y lo podréis sostener mejor.

El primer paso sería poder hablar con todos los miembros de tu familia (incluidos los niños/as), sobre qué cosas necesitáis hacer para poder despediros en estos momentos desde casa.

En estos momentos, necesitamos ser empáticos y flexibles. Lo más importante es que a pesar de las diferencias podáis manteneros unidos y decidir hacer algo que sea significativo para todos.

ORGANIZAR EN CASA UN ACTO DE DESPEDIDA PERSONALIZADO

El ritual de despedida es un regalo para la persona que ha muerto, para la familia y también para ti. Podéis crear vuestro propio ritual, ya sea con las personas que estáis conviviendo, o también podéis incluir a otros familiares y amigos a través por ejemplo de vídeo conferencia.

Podéis pedirles que os envíen fotos en las que aparezcan juntos o que preparen algún escrito o dibujo para que puedan participar de manera activa en la despedida.

Aspectos que podéis contemplar:

1. PREPARA UN ALTAR O MESA MEMORIAL

Os ayudará a sentiros más cerca de la persona que habéis perdido. Podéis elegir un espacio especial de casa y preparar un altar con fotografías y objetos significativos. Podéis decorarlo pensando en las cosas que le gustaban a vuestro ser querido.

Así, podréis disponer de un lugar donde conectar con él/ella y expresarle lo que sentís. Hasta puede ser lugar perfecto dónde los más pequeños de la casa puedan dejar sus dibujos o sus manualidades como muestra de cariño.

2. ESCRIBE UN TEXTO, UN HOMENAJE

El homenaje reconoce el valor de la persona que ha muerto. Escribir nos ayuda a expresar lo que sentimos y a través de las palabras podemos compartir el amor y el agradecimiento hacia nuestro ser querido.

También podemos expresar todo aquello que pensamos que nos ha quedado pendiente de decir o de hacer con él o ella.

A veces es suficiente con una única palabra: Gracias, Perdóname, Te perdono, Te quiero, Adiós…

3. ELIGE UNA MÚSICA ESPECIAL

Podemos acompañar la lectura o el acto con música que nos recuerde a él/ella; puede ser su canción preferida o alguna pieza significativa para vosotros.

4. COMPARTE RECUERDOS

Los recuerdos nos ayudan a preservar el vínculo con la persona que ha muerto. Tenéis diferentes opciones:

  • Crear un panel o libro de recuerdos. Entre todos podéis hacer una revisión de lo que ha sido vuestra vida con esta persona. Podéis utilizar una cartulina o papel de embalar (o cualquier otro soporte, incluso digital) para enganchar fotos y escribir las anécdotas.
  • La caja de los recuerdos: ofrecer la posibilidad de que cada miembro de la familia y amigos escriban un recuerdo y poder guardarlos todos en esta caja tan especial. Y más adelante, en alguna fecha significativa podéis abrir la caja y compartirlos.

Cuando el tiempo de confinamiento acabe podréis decidir si necesitáis organizar un acto de conmemoración público para celebrar la vida de vuestro ser querido y recibir el apoyo y la calidez de los abrazos de todas aquellas personas que os quieren y que la/le echarán de menos junto a vosotros.

A pesar de tener que decir adiós, el amor que os une es para siempre.

Trastornos de ansiedad

¿Cómo identificarlos?

A menudo invisibles para los demás pero los trastornos de ansiedad debilitan a la persona que los sufre. La ansiedad ocasional es normal, pero ésta se considera crónica cuando es excesiva, desproporcionada en duración, intensidad o frecuencia en relación con la situación real y cuando los síntomas persisten por más de 6 meses. La ansiedad no es trivial porque afecta fuertemente la calidad de vida de quienes la viven.

¿Qué es un trastorno de ansiedad?

La ansiedad es una reacción normal en nuestro cuerpo que se produce a causa del estrés y puede llegar a ser beneficiosa en algunas situaciones incluso. La ansiedad y el nerviosismo derivado de ella pueden alentarnos sobre los peligros y ayudarnos a prestarles más atención. El problema surge si los síntomas prevalecen durante mucho tiempo.

En la actualidad, los trastornos de ansiedad son uno de los problemas mentales más comunes y afectan a casi el 30% de los adultos en algún momento de sus vidas. Aun así, existen diferentes tipos de trastornos de ansiedad y todos ellos tienen un tratamiento eficaz para poderlos combatir. Cuando padecemos de ansiedad lo que experimentamos es una anticipación negativa del futuro que genera tensión muscular y una conducta de evitación.

Existen algunas actitudes que hacen evidente que hay un problema con la ansiedad:

1. Calma relativa. La mente no puede encontrar descanso, constantemente preocupada por una angustia subyacente, y causa dolor en el cuerpo: dolor de hombros, dolor de estómago, náuseas y muchos otros síntomas. La ansiedad parece imposible de detener.

2. Retroceder. A menudo, un trastorno de ansiedad se desencadena por una nueva situación que nos desestabiliza, donde nos sentimos desamparados, vulnerables, no a la altura..y puede suceder instantáneamente. En estos casos los afectados siempre retroceden y no se arriesgan en muchas situaciones.

3. El síndrome del impostor. Incluso si tenemos un trabajo que nos gusta, una relación equilibrada y una vida social rica, siempre tenemos la sensación de que algún día alguien nos desenmascarará y se dará cuenta de que no tenemos nada que hacer allí, revelando nuestra incompetencia «hipotética» a los ojos del mundo. Estas personas sienten una tremenda presión por tratar de mejorar.

4. Comportamiento compulsivo. Cuando la ansiedad es demasiado fuerte, a menudo implementamos comportamientos de amortiguación para reducirla. Para algunos, se tratará de morderse las uñas, rasgarse el cabello, incluso convertirse en un trastorno obsesivo compulsivo (TOC), o en adicciones, se hace necesario consultar a un especialista.

5. Mantenerse siempre ocupado, una solución ilusoria. A las personas ansiosas no les gusta tener momentos de libertad, momentos de aburrimiento, porque saben entonces que los pensamientos ansiogénicos vendrán a parasitarlos y ocuparán todo el lugar. Sabiendo que incluso pueden generar ataques de ansiedad o de pánico, es comprensible que tratemos de dejarlos de lado al activarlos.

6. La omnipresencia de la ansiedad. Incluso si las circunstancias externas son favorables, la ansiedad puede estar presente, así como pensamientos o imágenes inquietantes, y aparecen los síntomas físicos: náuseas, temblores, sudoración, etc. Si la ansiedad se manifiesta sin razón aparente, es un trastorno de ansiedad generalizada y es aconsejable consultar a un terapeuta.

7. Perfeccionismo. Los perfeccionistas a menudo se sienten ansiosos porque se pierden en los detalles y los plazos impuestos representan una gran ansiedad para este tipo de personas. Necesitan un trabajo perfecto, incluso más allá de lo que se les pide, que requiere mucho tiempo, energía, preguntas, indecisión, lo que alimenta su angustia.

8. Rumiación o dolor de cabeza. Las personas ansiosas están atentas a sus sensaciones menos desagradables y, por lo tanto, dan como resultado una mala interpretación de su entorno: ya sea por los ojos de los demás, sus gestos, su forma de abordarlos, a menudo hacen deducciones que no tienen lugar. Las personas ansiosas son especialistas en volver a situaciones o conversaciones en su cabeza diciendo que deberían haberlo hecho mejor, o que tenían que haber dicho tal cosa, etc. Es necesario que aprendan a deshacerse de esta rumiación porque genera en sí misma frustración y más estrés.

9. El miedo al fracaso. No podemos decirnos a nosotros mismos que lograremos vivir nuestras vidas sin cometer errores, porque el error es humano. La ansiedad por el rendimiento mantiene al individuo en este miedo al fracaso. Hay que decir que el fracaso es una forma de aprender.

10. Incapacidad para actuar. Una tarea simple para la mayoría de las personas se convierte en una montaña imposible de escalar para una persona ansiosa. Un trastorno de ansiedad hace que pospongas cada una de las situaciones que te implican un esfuerzo por salir de tu zona de confort.

11. No somos lo que parecemos ser. Los demás nos facilitan por nuestra vida, nuestro trabajo, nuestra familia o elogian constantemente nuestras cualidades. Pero las personas con un trastorno de ansiedad tienen por dentro el temor que todo se desmorone de la noche a la mañana. A veces se piensa en dejarlo todo en lugar de enfrentar ésa posibilidad.

12. La culpa. La persona afectada se siente responsable de los eventos externos adversos que no se pueden controlaro