¿Qué me enseñan las emociones?

Cuando sepas escuchar tus emociones, podrás expresarlas sin hacerte daño. Toda situación será una oportunidad para aprender a vivirlas.

ESCUCHAR Y GESTIONAR LAS EMOCIONES

El solo hecho de reconocer las emociones desagradables que sentimos ya supone un descanso para la mente. La batalla del control cesa por un tiempo. Pero para que además no nos supongan una limitación sino una ventaja, tenemos que escuchar sus mensajes y atenderlos. En resumen, aprender de lo que dicen. Las siguientes sugerencias te ayudarán a hacerlo.

1. ACÉRCATE A LO CONTROLADO

Una vez que hayas descubierto cuáles son los rasgos que tratas de ocultar, te propongo que comiences a imaginar que efectivamente se manifiestan en ti. Si es el enojo, ¿cómo sería ese enojo? Juega con esa idea, aunque te parezca catastrófica. El darle un espacio a esa fantasía te permitirá descargarte de la emoción y también conocerla mejor. En la medida en que observes y acompañes respetuosamente la emoción original, ella va recorriendo su camino hasta que se calma. Es como una ola, que alcanza su máximo y luego comienza a declinar. El I-Ching dice al respecto: “La forma más adecuada de concentrar es permitiendo la expansión”.

2. APELA AL MOVIMIENTO

Cuando uno controla sus emociones, pone rígidos los músculos y las articulaciones. Puede ser la cadera, el cuello, los hombros o las extremidades. Te sugiero que pongas una música que te guste, que la escuches durante un rato como dejándola entrar en tu cuerpo y que luego permitas que tu cuerpo se exprese. Si mientras realizas este ejercicio te surgen aquellas emociones que normalmente controlas, acompáñalas sin juzgarlas… Recorrerán su ciclo y se transformarán en otra.

3. SÉ TRADUCTOR DE TI MISMO

Una vez que hayas aprendido a ver tus emociones –aunque sean desagradables– como valiosas y no huir de ellas o esconderlas, acostúmbrate a buscar la información que te están comunicando. Traduce esa ansiedad o ese enojo por aquello que nos intenta expresar: ¿Existe una situación amenazante? ¿Carezco de las habilidades necesarias para emprender tal o cual reto?

4. DALE CRÉDITO A TU INTERIOR

Es posible que, al principio, tiendas a menospreciar algunas de tus emociones y la información que te dan. Es posible que te digas cosas como: “¡Ese miedo que siento es estúpido porque en realidad no pasa nada. Debería ser capaz de afrontar la situación como hace todo el mundo!”. Ten en cuenta que eres un ser individual único y que tus percepciones, aunque subjetivas, son las que cuentan. Así que admítelas completamente y trata de atenderlas.

5. TEN CONFIANZA

No pienses que porque te aconsejamos que atiendas a tus emociones vas a abrir la caja de Pandora de tus sensaciones perturbadoras, entrando en un caos que hasta ahora has conseguido evitar. Al contrario, atendiendo a tus emociones lo que vas a hacer es protegerte de verdad, no enterrando la cabeza en la arena como hacías antes. Protegerte y, a la vez, avanzar en pos de lo que de verdad te motiva. Por lo tanto, mantente dispuesto a aprender porque no existe ningún peligro en tu nueva apertura emocional.

6. ADMITE CIERTA INSEGURIDAD

Cuando confíes en tus emociones, tu inseguridad ya no será tan intensa y, por lo tanto, no la vivirás como insoportable y no pretenderás controlarla. Si tienes la confianza de que mientras experimentas inseguridad estás aprendiendo y entiendes que vas a aprovechar ese proceso, no necesitarás suprimirla. Empieza ya a cambiar tu mirada y acepta un mínimo grado de inseguridad inherente a la vida.

7. EXPRÉSATE DE LA MEJOR FORMA

¿Es bueno dejar salir cualquier impulso que uno tenga? Cuando te recomendamos que dejes que tus emociones se expresen no estamos diciendo que, si estás enfadado con tu jefe, des rienda suelta a tu ira y le montes una escena. No, la idea es que dejes que tu emoción te informe a ti. Después, ya decidirás tú cómo la atiendes de la manera más segura y productiva posible. Es un ejercicio que vale la pena.

 

Fatiga pandémica

¿Cómo reducirla?

Casi un año enfrentándonos al coronavirus pasa factura. El cansancio puede hacer que relajemos las medidas preventivas. Pero también hay remedio para ello.

Si te encuentras cansado y con pocas fuerzas para hacer cosas, no estás solo. La fatiga es una de las consecuencias más incómodas e inesperadas que nos ha traído la pandemia. Estamos agotados. Y lo estamos por muchos motivos. Uno de ellos es el derivado de la enfermedad. Como comprobó una investigación realizada en Irlanda durante el verano, la mitad de las personas que habían contraído la covid-19 presentaban síntomas de fatiga física severa hasta 10 semanas después de haber recibido el alta médica. El virus agota. Pero no solo estamos exhaustos porque nos hayamos infectado; podemos encontrarnos así por otras causas.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha denominado fatiga pandémica al cansancio derivado del agotamiento que está creando la hipervigilancia y las consecuencias ante un virus que nadie ve, pero que todos sabemos que está ahí, como explica Laura Rojas Marcos, doctora en Psicología Clínica. Solo hace falta echar un vistazo a los datos. La Oficina del Censo de Estados Unidos realiza encuestas semanales sobre la salud mental de sus ciudadanos. A finales de noviembre, el 69% de los encuestados afirmaron sufrir frecuentemente síntomas de nerviosismo, ansiedad o la sensación de encontrarse al límite. Al principio de la pandemia, esta cifra se situaba apenas en el 25%.

La fatiga pandémica se produce por diversos motivos. Uno de ellos es consecuencia del estado de hipervigilancia para evitar caer enfermos, lo que fuerza nuestro sistema hormonal y endocrino de manera constante. No obstante, este estado nos hace más vulnerables ante ciertas patologías como la ansiedad o la depresión, afirma Javier Álvarez Cáceres, psicólogo y especialista en ansiedad. La situación económica y la incertidumbre que vivimos están creando un desgaste acumulativo. A los factores anteriores, la OMS suma la privación de libertad derivada de los confinamientos, las quejas o el aburrimiento. Por eso las autoridades temen un relajamiento de las medidas preventivas que debemos observar para protegernos del coronavirus. Pero no todo son malas noticias.

Sabemos que somos vulnerables a la fatiga pandémica por causas psicológicas, pero también que podemos hacerle frente a través de algunas prácticas relacionadas con el bienestar y el cuidado personal. Los expertos proponen diversas fórmulas para conseguirlo. Veamos algunas de ellas para practicar en nuestro día a día:

Normalizar lo que sentimos. “Es normal que podamos sentirnos tristes o estresados”, sostiene Álvarez Cáceres. Estos últimos meses están siendo muy duros para la mayoría de las personas, ya sea por un motivo o por otro. La sensación de culpabilidad por no estar al 100% no ayuda en absoluto. Necesitamos no pelearnos con lo que nos ocurre y ponernos manos a la obra para reducir ese estado de culpa.

El bienestar debe ser una prioridad. Al igual que nos cuidamos físicamente cuando nos ponemos mascarillas o atendemos las normas de seguridad, tenemos que prestar especial cuidado a nuestro bienestar interior. Los objetivos han de depender de nosotros mismos y de nuestras posibilidades. Necesitamos focalizarnos en lo que depende de nosotros. En el aquí y el ahora. La pandemia nos obliga a vivir un presente en estado puro. No conocemos el mañana, así que pensemos cada día en aquello que podemos hacer para sentirnos bien dentro de las posibilidades y de los recursos que están a nuestro alcance.

El autocuidado físico es más importante que nunca. En los meses de invierno, cuando las horas de luz solar son más reducidas, tenemos que cuidar de nuestro sistema inmunitario con más énfasis, nos recuerda la doctora Rojas Marcos. Para hacerlo, podemos establecer rutinas de ejercicios, aunque sean sencillas, disfrutar de una buena alimentación y, si es posible, pasear diariamente para tomar algo de sol, que es una de las fuentes más importantes de la vitamina D.

Necesitamos un descanso psicológico. Ponernos a dieta de noticias que nos dañan. Darnos permiso para desconectar. “Si te saltas un día, no pasa nada”, recomienda la doctora Rojas Marcos a sus pacientes. La tendencia a consumir historias negativas es tan habitual que se ha inventado un término para denominarla: doomscrolling. Se trata de un estado en el que podemos caer inconscientemente. Nuestro bienestar debe ser un objetivo prioritario, por lo que puede ser un buen momento para desconectarnos de ciertas redes o de programas de televisión que nos agotan o nos enfadan. También necesitamos descansar de nuestras relaciones. Tenemos que evitar ciertas conversaciones en torno a la covid-19 o al miedo. No significa negar su existencia ni olvidarnos de su peligro, sino de no alimentar mensajes que acentúen el desgaste.

Por último, para contrarrestar la fatiga, está en nuestras manos realizar actividades que nos recarguen de energía positiva. Podemos recuperar hobbies, leer, jugar, reírnos y, aunque sea de manera virtual, compartir un tiempo agradable con nuestros amigos y con nuestros seres queridos.