Gana confianza, vence tus miedos

La confianza no viene del exterior. Se gana afrontando esos conflictos pasados, inconclusos, zanjándolos para no volver a tropezar con la misma piedra. 

La confianza hacia la vida depende de todo un proceso de construcción personal. Entendemos que confiar es “la esperanza firme que depositamos ante una determinada situación, persona u objeto”. E implica una predisposición a actuar de una forma particular en relación a aquello externo o hacia uno mismo. Cada una de estas formas en las que se manifiesta la confianza, parte de una actitud que se ha ido gestando poco a poco desde nuestra más tierna infancia.

¿CÓMO APRENDEMOS A CONFIAR?

La confianza no es un comportamiento innato, sino algo que vamos construyendo a lo largo de toda nuestra biografía. Es por medio de la interacción con nuestros primeros cuidadores, generalmente los padres, que desarrollamos la seguridad y confianza necesarias para enfrentarnos a la aventura de vivir.

La falta de confianza viene dada por depositar nuestra seguridad en lo externo, en lugar de buscarla en nosotros mismos.

Los estudios de John Bolwby pueden ayudarnos a entenderlo mejor. Bowlby investigó en profundidad el establecimiento de los primeros vínculos afectivos. La calidad de este vínculo influirá en nuestra predisposición a mostrarnos como seres confiados, aventureros y sociables.

La confianza en que merecemos ser queridos por los demás está íntimamente ligada al tipo de vinculación afectiva de los primeros años de vida. Estas experiencias tempranas producen lo que llamamos en psicología asuntos inconclusos, que son el resultado de situaciones pasadas o conflictos no resueltos. Algunas de estas experiencias pueden ser: el resentimiento, el amor no expresado, las situaciones no aceptadas, el rechazo.

¿CÓMO SUPERAR LA DESCONFIANZA?

Si no cerramos adecuadamente estas vivencias personales, la desconfianza puede emerger, impidiéndonos funcionar y relacionarnos bien en el presente. La seguridad no la encontraremos en el exterior, hay que buscarla en nosotros mismos.

Para poder cambiar esta situación es importante que exploremos cuáles son nuestros asuntos inconclusos. De lo contrario, correremos el riesgo de vivir el momento actual en función de los aprendizajes de nuestra infancia y repetir, por lo tanto, las consecuencias de nuestras acciones.

Revisar estas experiencias y zanjarlas posibilitará un cambio de actitud que nos permitirá evolucionar y no tropezar siempre con la misma piedra. Esto será posible solo si asumimos el reto de ensanchar nuestras fronteras personales.

En cierta ocasión, un paciente me comentó su miedo a confiarle a una mujer sus sentimientos. Para quedar con ella inventaba algo como que tenía una entrada sobrante para el cine. Así evitaba decirle que necesitaba verla. Creía que su problema era que no confiaba en “ella”, pero su conflicto era que no confiaba en su capacidad para afrontar un posible rechazo.

Pero es mejor ser rechazado por otros que no aceptarse a uno mismo. Es mejor ser valientes y afrontar nuestra existencia de cara. En eso consiste vivir, al fin y al cabo.

Atentos al momento presente

Una mirada más atenta puede ayudar a descubrir que la mayoría de las veces no se necesita mucho más de lo que ya se tiene.

Disfrutar de las cosas sencillas del día a día es uno de los placeres que proporcionan mayor plenitud. No obstante, son muchas las razones por las que se puede perder la habilidad de verlas y valorarlas, como un ritmo de vida acelerado, el estar muy pendiente de los dispositivos electrónicos o la facilidad de la mente para idear planes futuros.

Es habitual proyectar alguna vez la propia felicidad en grandes sucesos que se supone que están por venir. «Seré feliz cuando consiga un trabajo mejor», «cuando encuentre una pareja», «cuando pueda irme de vacaciones», «cuando me mude a una casa más grande», se dice a menudo. Y, mientras se espera la llegada del anhelado momento que se cree que nos va a hacer felices, es fácil perderse la verdadera vida: la que tenemos delante, la nuestra, la de los pequeños momentos que construyen el día a día y que posibilitan sentirse pleno y vital.

Cualquier persona tiene la capacidad de ser feliz con independencia de cuáles sean sus circunstancias. Es más: la felicidad y la plenitud constituyen el estado natural del ser humano y están en la base de todo lo que hacemos, desde lo más cotidiano, sencillo y simple, hasta lo más extraordinario.

El problema surge cuando se condiciona el propio bienestar a situaciones, vivencias o estatus concretos que se cree que lo pueden proporcionar. Uno se pasa la vida buscando la felicidad fuera, vinculándola a unos resultados o a unas hipotéticas circunstancias futuras, o la condiciona al «qué dirán». Pero cuando consigue aquello que quería puede que tampoco se sienta feliz.

Sentirse bien depende solo de uno, de nada ni de nadie más. Y poderlo hacer radica en saber reconocer la grandeza de la vida en nuestro interior, y en las sencillas y pequeñas cosas de la vida.

NUESTRA HABILIDAD INNATA

Un rayo de sol, una tarde en buena compañía, un paseo, regar una planta, la sonrisa de un niño, la lectura de un libro, cocinar para amigos: cada una de estas vivencias, que se repiten una y otra vez, ofrecen una oportunidad de sentir esa grandeza, pero no siempre se sabe o se puede vivirlas así.

A veces se da por hecho que son cosas que ocurren y no se les da el valor que poseen. Se tienen delante, se participa en ellas, pero no se ven, o no se fluye con ellas. Probablemente la mente ande demasiado ocupada haciendo planes, pensando en qué pasará cuando se logre tal cosa o qué dejará de suceder si no se logra.

O puede que se esté estresado tratando de cumplir con una agenda sin resquicios o con una larga lista de tareas pendientes, o que algún dispositivo electrónico tenga cautiva la atención. Sea lo que sea, no se percibe lo que acontece y florece a nuestro alrededor, la belleza de cada momento, justamente lo que convierte la vida en algo maravilloso y único.

Nacemos con la capacidad de disfrutar de cada instante y vivirlo de manera especial. Si observamos a un niño, nos damos cuenta de que se maravilla con cualquier juego u objeto por muy sencillo o repetitivo que sea. No importa si lo ha experimentado una o cien veces, su atención está plenamente centrada en ese momento, y su capacidad de gozo es total. Entrega toda su atención, su energía y su amor a lo que experimenta, sin interpretar ni anticipar lo que vendrá después: simplemente, lo vive.

Sin embargo, a medida que el niño crece, empieza a creer que la felicidad es una consecuencia de las diferentes situaciones que vive, y entonces comienza a proyectar la felicidad en las cosas que cree que le van a brindar esa plenitud, cosas «grandes» e «importantes». Olvida que eso que tanto anhela ya está dentro de él, solo hace falta reconocerlo y vivirlo cada día.

DEL TENER AL SER

Uno de los grandes obstáculos que en el mundo actual impiden disfrutar de las cosas más simples es que se ha cimentado la felicidad en el «tener» en lugar de en el «ser». Creemos necesitar mucho más de lo que realmente se precisa. Nuestra cultura asocia el éxito a un estatus, a unos logros materiales y a un reconocimiento que llevan fácilmente a la comparación y al sufrimiento.

Si se tienen familiares, amigos o vecinos que han logrado esto o lo otro, se persigue algo parecido. Y, si no se logra, llega la frustración. Esto explica que, a pesar de que nunca antes en la historia habíamos atesorado tanta riqueza material, tampoco habíamos llegado a grados tan altos de insatisfacción personal.

Los niveles de ansiedad y estrés que se dan en la sociedad de hoy evidencian que algo falla en nuestro intento de ser felices. Todo apunta a que buscamos la felicidad en el lugar equivocado. Esta afirmación ha sido avalada en las últimas décadas por decenas de estudios tanto científicos como psicológicos.

¿Cómo se explica que los habitantes de las barriadas más pobres de Manila digan ser más felices que los de la multimillonaria Hong Kong, cuya renta per cápita media es veinte veces mayor? ¿O que personas con enfermedades crónicas puedan sentirse más plenas que personas sanas? ¿O que un millonario por un juego de azar al cabo de poco tiempo no se sienta mejor que el resto?

La respuesta es sencilla: se es feliz cuando se vive plenamente el presente, sin diferenciar entre pequeños y grandes placeres, entre cosas «buenas» o «malas», aceptando y disfrutando la vida tal y como viene. Que los habitantes de Filipinas, con un alto índice de pobreza y catástrofes naturales, según el Centro de Investigación y Epidemiología de Desastres, sean en general más felices que los de Hong Kong da que pensar. Confirma que, por mucho que uno tenga o acumule, no vive más feliz.

En este caso, los primeros viven al día, sin preocuparse por si un huracán sacudirá sus casas, con una extensa red de apoyo social y familiar, mientras que la presión laboral, la incomunicación, el estrés y la importancia que dan al futuro los segundos les impide disfrutar del momento presente.

Vivir entre un pasado que ya no existe y un futuro que únicamente se da en la mente no augura una vida feliz. Únicamente el presente, lo que uno es, dar afecto a quienes nos rodean y recibirlo, puede abrir las puertas del bienestar y la capacidad de disfrutar de lo cotidiano y lo sencillo.

Cuando se vive así el presente, con amor y sin condiciones, todas las situaciones se viven con las mismas ganas, disposición y gozo. No existen entonces diferencias entre comer un menú cocinado en casa o hacerlo en un restaurante con una estrella Michelin, entre unas vacaciones en un lugar exótico y otras en el lugar de residencia, entre una gran mansión o la propia casa.

Las barreras y etiquetas las pone la mente. La capacidad de disfrutar de una situación, por sencilla que sea, reside únicamente en uno mismo.

Nacemos con la capacidad de disfrutar de cada instante y de vivirlo de manera especial. Solo hay que ver a un niño jugar para darse cuenta.

CON ATENCIÓN Y SIN JUZGAR

Y ¿cómo se puede llegar a vivir de esta manera? Existen tres pautas que ayudan a lograrlo.

1. CONTEMPLAR LA GRANDEZA DE LAS PEQUEÑAS COSAS

La primera es tomar conciencia de que la grandeza, la plenitud y la felicidad están detrás de cada uno de nuestros actos, grandes o pequeños.

Contemplar un atardecer puede ser una experiencia conmovedora y única, y el atardecer es algo que ocurre cada día. Invitar a un amigo a tomar el té y charlar se puede convertir en algo reconfortante y enriquecedor que tenemos al alcance de la mano. Lo mismo que un paseo por algún rincón de la ciudad o en la naturaleza.

2. SER POSITIVO

La segunda premisa es mantener una actitud positiva, activa y de entrega hacia la vida y hacia quienes nos rodean. No importa si se habla de una persona a la que, según la propia mente, se tiene afecto o no, de una situación que a priori se juzga como negativa o algo en lo que se proyectan ganas e ilusión. Lo ideal es relacionarse y vivir cada situación con la misma entrega y energía.

Si se logra aplazar el juicio y entregarse sin restricciones, se puede vivir con plenitud cada momento, sin excusas ni filtros. Juzgar separa de los demás y del instante, pues impide ver su belleza intrínseca.

Puede ser difícil evitarlo, pues la mente juzga constantemente, pero tomar consciencia de que es así y relativizar cada juicio en el momento en que surge le resta poder sobre nosotros y ayuda a abrirse.

3. APRENDER A MEDITAR

Para ello es muy útil la tercera herramienta: cultivar la quietud y el silencio interior para aprender a escucharse y a vivir el presente con más conciencia. Técnicas milenarias como el yoga y la meditación llevan siglos mostrando la importancia de aprender a vivir el aquí y el ahora.

Practicar unos minutos de meditación diaria cambia completamente cómo se vive y se siente la propia vida. Proporciona tiempo y espacio para conectar con uno mismo, con las propias necesidades, con lo que se es en vez de con lo que se tiene o quiere.

Se trata, paradójicamente, de entrenar la mente para que se deshaga del ruido interno, de los filtros, y de volver a vivir como los niños, con más apertura, con más capacidad de entrega, amor, gozo y conciencia.

A pesar de que la meditación y el yoga son prácticas milenarias, en los últimos años han sido defendidas por numerosos psicólogos, científicos y expertos en desarrollo personal, que las han adaptado a nuestra realidad y cultura como herramientas para vivir con más plenitud.

El psicólogo húngaro Mihaly Csikszentmihalyi, padre de la psicología positiva junto a su colega Martin Seligman, bautizó el acto de estar presente con el nombre de flow (en inglés, flujo), que se refiere al estado de absorción total en el que entra una persona cuando se entrega de manera completa a cualquier actividad, por cotidiana que sea.

Cuando se fluye se tiene la sensación de que el tiempo vuela, y acción, pensamiento y emoción se suceden sin fisuras ni contradicciones. Seguramente se haya experimentado esa sensación bailando, practicando un hobby en la naturaleza o charlando con un amigo. «¡Cómo!, ¿ya han pasado dos horas?», uno se pregunta.

Y, sí, lo han hecho, pero se ha estado tan absorto en el presente que no se ha dado cabida a nada más, y se ha tenido la capacidad de disfrutarlo.

AGRADECIMIENTO POR LA VIDA

La misma idea expuso el profesor alemán Ekhart Tolle en su libro ‘El poder del ahora’. Tolle sufrió una depresión que le obligó a trabajarse interiormente y se dio cuenta de la importancia de tomar conciencia de cada momento para no perderse en pensamientos que desvían de la realidad y que provocan sufrimiento.

Lo mismo postula Jon Kabat-Zinn, quien ha desarrollado técnicas de mindfulness o atención plena para superar el estrés o abordar con serenidad las situaciones difíciles de la vida.

Se trata, en definitiva, de entrenar la mente para que aprenda a estar presente, porque es así como se descubre que en cada vivencia se oculta el misterio de la vida en toda su grandeza, y hasta en lo más aparentemente insignificante se encuentra sentido y un motivo para sentirse agradecido.

Amistades sólidas

Construir una amistad profunda y duradera no es algo que se haga de un día para otro. Se necesita tiempo, honestidad y 3 palabras mágicas.

Si queremos construir relaciones que nos aporten y perduren en el tiempo, estas son cinco claves que nos ayudarán a consolidarlas y hacerlas crecer:
 
1. Agradecer
 

Qué fácil decir a los demás lo que nos molesta. Y qué pocas veces les decimos lo que nos gusta. Porque lo damos por descontado. Damos por hecho que saben que valoramos todo lo bueno que tienen.

Un balance sano entre crítica y reconocimiento es fundamental, y agradecer es puro oxígeno para las relaciones.

2. Avanzarse

Si me importas, pienso en ti. Y si pienso en ti, se me ocurren cosas que te pueden ayudar. O que te pueden gustar. Antes de que me las pidas. Esta es la magia.

Avanzarse es un mensaje de potentísimo valor en una relación y que genera además el deseo en el otro de corresponder, creándose un círculo mágico.

3. Abordar cafés pendientes

Un café pendiente es una conversación que no hemos tenido, y que está allí. Muy presente. Por algo que ha ocurrido que nos ha sabido mal. O por algo positivo que no hemos agradecido.

Todas las relaciones tienen cafés pendientes. Estos cafés se generan de forma natural, y no son un problema. El problema es no tenerlos.

4. Estar presentes en la adversidad

Una de las cosas que más reconforta en momentos difíciles es verse acompañado de gente. Es un momento en el que sencillamente no podemos fallar. Si en algún momento no podemos esfumarnos es en la adversidad.

Reír juntos une, pero sobre todo une llorar juntos. Y en la adversidad, la palabra suele ser muy torpe. Acompañar con nuestra presencia suele ser lo más indicado.

5. Utilizar a menudo las palabras mágicas

Hay tres cosas que dan un vuelco a las relaciones:

  • pedir disculpas,
  • agradecer
  • perdonar.

Hay consecuentemente tres expresiones mágicas: Lo siento, gracias, no pasa nada. Cuando pedimos disculpas, casi siempre nos sobra la segunda parte de la frase. Cuando damos las gracias, hemos de evitar que suene a puro formulismo. Y cuando perdonamos, nos hemos de asegurar que no humillamos.

Este es un vocabulario básico para las buenas relaciones. Que nos confronta con nuestra seguridad personal (qué difícil es hacer alguna de estas tres cosas en la inseguridad) pero que tenemos que ejercitar y utilizar sin tregua ni restricciones.

Pequeños grandes placeres

Nuestro día a día está lleno de pequeños grandes placeres; pero muchas veces nos pasan inadvertidos. Saber saborearlos nos hará sentir que la vida vale la pena.

PSICOLOGÍA POSITIVA: EL ESTUDIO DEL GOCE

Hasta hace poco, los psicólogos habían estudiado mucho el dolor, pero muy poco el gozo. La psicología positiva propone investigar “lo que hace que la vida valga la pena”, en palabras de Christopher Peterson –uno de los fundadores de esta rama de la psicología–, y entre esas experiencias está el poder gozar de esta.

En francés, el término joie de vivre se refiere precisamente a esa capacidad para disfrutar la vida. Hoy en día, hay estudios que han encontrado que la capacidad de gozo es uno de los componentes más importantes de la felicidad.

Si te pidiera que hicieras un álbum con fotografías de algunos de los momentos más gozosos de tu vida, ¿cuáles elegirías?

  • Tal vez el día en que nació tu hijo, el de tu boda o cuando aprobaste el último examen y te graduaste.
  • Aquella fiesta sorpresa que te organizaron tus amigos cuando cumpliste 18 años o el homenaje que te dedicaron tus compañeros de trabajo el día de tu jubilación.
  • O puede que también escojas los pequeños placeres cotidianos, como el café humeante de cada mañana en el bar de la esquina, el paseo con los niños hasta la escuela o las reuniones para charlar con los amigos…

Cada uno de nosotros tiene sus propios gozos, pero, al mismo tiempo, estos tienen elementos comunes.

¿QUÉ CARACTERIZA LAS EXPERIENCIAS PLACENTERAS?

Barbara Fredrickson, una de las investigadoras más importantes en el campo de las emociones positivas, ha detectado que las personas sentimos placer:

  • Cuando nos encontramos en un ambiente conocido y seguro,
  • cuando las cosas van bien,
  • y cuando la situación requiere poco esfuerzo de nuestra parte en ese preciso momento.

Barbara Fredrickson describe de la siguiente manera la sensación de gozo: “El gozo se siente brillante y ligero. Los colores parecen más vivos. Das un salto con cada paso. Tu cara se ilumina con una sonrisa y un brillo interno. Te dan ganas de absorberlo todo, de jugar, de tirarte de cabeza y de involucrarte con el mundo”.

¿SE PUEDE APRENDER A DISFRUTAR DE LA VIDA?

Hay gente que parece disfrutar de manera natural, pero ¿se puede aprender a gozar más de la vida? Sí, es la respuesta avalada por investigaciones de Fredrickson y sus colaboradores. Ellos han encontrado que un aspecto importante del gozo tiene que ver con la autoestima, con creer que nos merecemos disfrutar de las cosas buenas.

Otra faceta importante del placer y una manera de gozar más es aprender a sa-bo-re-ar, a poner atención y tomarnos tiempo para apreciar cada aspecto placentero de las cosas: el olor, la textura y el sabor de un guiso; el aroma y el color de una flor; la melodía y la armonía de una canción, el timbre de voz del cantante…

El saborear nos permite disfrutar nuestras experiencias más intensamente y durante más tiempo.

Hay un refrán en inglés que dice que hay que “parar para oler las rosas”. Justamente, no dejarnos dominar por la prisa y detenernos para percibir de manera más consciente lo que tenemos a nuestro alrededor es el camino para saborear más.

EL CAMBIO ES ALIADO DEL DISFRUTE

Para saborear más, a veces tenemos que cambiar nuestras circunstancias. Por ejemplo, podemos disfrutar más de la compañía de la familia si decidimos apagar el televisor y no contestar al teléfono durante la cena, o podemos maximizar el disfrute de la conversación con un amigo si hablamos mientras damos una vuelta por un parque. Cuando nos vamos de vacaciones, el cambio de contexto es total y esa puede ser una de las razones por las que solemos disfrutar tanto cuando viajamos.

Entonces, ¿cómo podemos disfrutar de nuestra vida diaria como si estuviéramos de vacaciones? Una de las claves puede estar en la atención que ponemos a las cosas. Tendemos a no hacer mucho caso a lo “conocido”, a darlo por hecho, mientras que lo novedoso nos provoca curiosidad y apertura a las experiencias. Si podemos ver lo normal con curiosidad y atención, seguramente lo disfrutaremos más.

El terapeuta australiano Michael White usaba una frase muy bonita, tomada del sociólogo francés Pierre Bourdieu, para explicárnoslo: “Hacer exótico lo doméstico”.

Sabemos que las personas somos “animales sociales” y lo somos también en lo que respecta al disfrutar: cuando compartimos las experiencias placenteras y las buenas noticias, cuando celebramos juntos, multiplicamos nuestro gozo.

Así que una de las maneras más sencillas para disfrutar más de la vida es compartir nuestras experiencias con otras personas. Esto tiene la ventaja de que, cuando contamos a los demás un momento placentero de nuestra vida, lo volvemos a vivir un poco y, así, prolongamos sus efectos positivos, además de que nos acerca a las personas con las que lo compartimos y se fortalece nuestra relación.

ENCUENTRA TU RESPUESTA: ¿QUÉ TE HACE A TI GOZAR?

A continuación te ofrezco un ejercicio muy útil para identificar los momentos de placer, que consiste en responder un cuestionario creado por Barbara Fredrickson:

  • ¿Cuándo fue la última vez que sentí gozo?
  • ¿Dónde estaba?
  • ¿Qué estaba haciendo?
  • ¿Con quién estaba?
  • ¿Qué otra cosa me provoca ese sentimiento?
  • ¿Puedo pensar en más cosas todavía que me hagan sentir gozo?
  • ¿Qué puedo hacer actualmente para cultivar el gozo en mi vida?

Te invito a identificar al menos una cosa que puedas hacer para gozar un poco más y a ponerla en práctica hoy mismo.

Escribir para sanar

Escribir es una vía para expresar nuestros deseos más profundos y para poder alcanzarlos. Al escribir lo que sentimos ponemos nombre a nuestros miedos, los reconocemos y nos enfrentamos a ellos; expresamos inquietudes, plasmamos nuestras contradicciones y, a través de las palabras, nos resulta más fácil esclarecerlas.

La escritura terapéutica consiste en escribir para nosotros mismos. ¿Para qué? “Escribimos para quitarnos imágenes dolorosas. Para asentar un hecho extraordinario. Para plantear un problema. Para aceptar la ruptura de lo perfecto o de lo que uno cree perfecto. Para atravesar un túnel. Para trascender…” , afirma la pionera de este enfoque, Silvia Adela Kohan, en el libro La escritura terapéutica.

Y es que al escribir ponemos nombre a nuestros miedos, lo cual nos permite reconocerlos, diseccionarlos y enfrentarnos a ellos. Plasmamos nuestras contradicciones, y así tenemos la oportunidad de esclarecerlas. Damos expresión a nuestros deseos y anhelos más profundos, cosa que nos facilita encontrar una manera de alcanzarlos. Grandes genios de todas las disciplinas han escrito en un papel o un cuaderno aquel problema que no podían resolver, y ese sencillo acto ha activado la creatividad que, tras un tiempo de maduración, ha hecho emerger la respuesta.

¿POR QUÉ ESCRIBIR RESULTA TAN SANADOR?

La mente es una centrifugadora de ideas que funciona a toda velocidad. Algunos investigadores han calculado que podemos albergar hasta 60.000 pensamientos diarios, y muchos de ellos se confunden en una amalgama de ideas, sensaciones y emociones que bullen en nuestro interior como un enjambre de abejas enfurecidas.

Cuando nos ponemos a escribir, es imposible plasmar todo eso en el papel o el archivo de texto, porque la mente va mucho más rápida que la mano –o las manos, si escribimos a ordenador–, y ahí reside la magia. Esa diferencia de velocidades es la que hace que debamos elegir la información esencial y descartar todo el resto. “Escribir es cribar”, afirma el autor y conferenciante Álex Rovira.

Si escribes sobre la relación con tu padre, por ejemplo, del sinfín de experiencias que habéis compartido, del tapiz de complejos sentimientos que dan forma al mapa de vuestra relación, vas a tener que tirar de un solo hilo. Y así, llevando el pensamiento –y el corazón– a lo esencial, acabarás encontrando el camino en medio del bosque.

No lo escribimos todo: elegimos lo trascendental. Esa es la magia.
 

Muchas personas necesitan escribir lo que sienten para entenderse. Y, además, la alquimia de la escritura les permite asimilar experiencias duras e incluso sanar trastornos. Cuenta Silvia Adela Kohan en su ensayo que escribiendo Funes el memorioso, Borges superó su insomnio y que Isabel Allende alivió su dolor por la muerte de su hija al escribir Paula.

CÓMO APROVECHAR EL PODER SANADOR DE LA ESCRITURA

El papel –o la hoja del procesador de textos– es una pista de despegue, un terreno fértil que cultivar donde tal vez al principio no crezca nada, pero con el tiempo brotan los frutos más dulces. A medida que practicamos la escritura, esta herramienta se vuelve más poderosa y transformadora, como apunta la novelista de fantasía Jane Yolen: “Ejercita los músculos de la escritura cada día, aunque solo sea una carta, unas notas sueltas (…) o una entrada en tu diario. Los escritores son como bailarines, como atletas. Sin ese ejercicio, los músculos se contraen.”

Si has decidido ejercitar los músculos de la escritura, los consejos que siguen te ayudarán a que la experiencia sea altamente terapéutica:

  • 1. No te juzgues mientras escribes. No debes caer en la tentación de corregir o rescribir lo que estás plasmando. Sería un freno pararte a sacar conclusiones en medio de la escritura. Su poder terapéutico está en “soltar” lo que llevas dentro sin censuras, abrir las compuertas del pantano interior. En el futuro, cuando lo leas de nuevo, ya podrás sacar tus conclusiones.
  • 2. Sé valiente. No hay tema que sea tabú ni que haya que apartar en la escritura terapéutica, ya que si está llamando a las puertas de tu atención es justamente porque debes prestarle atención. Silvia Adela Kohan dice que: “Para escribir no se puede ser cobarde”. Escribimos para descubrir lo que late en lo más profundo de nosotros, para contarnos lo que no nos atrevemos a expresar de otro modo.
  • 3. Busca tu propia voz. Lo que hayan escrito otros puede ser una inspiración, pero no un camino a seguir. Cada persona tiene su propia forma de expresarse y la función de la escritura creativa es descubrirlo. Algunas personas prefieren las frases cortas, porque les permiten sintetizar lo que piensan. Otras se exploran mediante largos circunloquios. Todos los caminos son válidos.
  • 4. Hazte preguntas directas. Si no sabes de qué escribir, pero quieres ejercitar estos músculos, hacerte preguntas personales directas puede llevarte a importantes descubrimientos. Algunos ejemplos: ¿Qué me da miedo en este punto de mi vida y por qué? ¿Cuál es la existencia que me gustaría estar viviendo, en lugar de la que ahora tengo? ¿Qué cosas importantes estoy dejando de hacer por atender a lo urgente?
  • 5. Escríbete una carta. Mario Reyes propone el ejercicio de redactar un resumen biográfico vital, como si ya hubiéramos muerto y una persona externa recordara lo mejor de nosotros. Porque esta es la cuestión: ¿cómo te gustaría ser recordado?, ¿qué te queda por hacer para que tu vida pueda ser contada de este modo? “La buena noticia”, comenta este coach nacido en Uruguay al terminar el ejercicio, “es que estás vivo: puedes hacerlo”.
  • 6. Con el tiempo, relee tus escritos. Resulta esclarecedor revisitar un texto personal pasado un tiempo, ya que revela qué avances hemos logrado y qué supuestos problemas dejaron de existir sin tener que hacer nada especial. Echar una ojeada a nuestros viejos escritos nos da la mirada de un arqueólogo que interpreta el pasado. Comprender de dónde vienes te ayuda a darte cuenta de dónde estás ahora para decidir qué hacer con el resto de tu vida.

 

No quiero perderle, ¿me pierdo yo entonces?

¿Por qué nos cuesta tanto renunciar a un amor que no es amor?. ¿Por qué seguimos en relaciones en las que no nos sentimos amadas y cuidadas?.

  • A veces nos autoengañamos y no nos escuchamos. Sabemos lo que ocurre pero nos cuesta mucho decirnos en voz alta: «no te quiere, sal de ahí».
  • Nos aferramos a sus promesas. Puede ser que la pareja tampoco tenga el valor de decirnos que no nos ama e, incluso, puede que trate de engañarnos para que nos creamos que sí nos quiere. Sin embargo, no nos lo demuestra ni nos cuida, así que no es tan difícil ver que sus palabras no tienen nada que ver con sus sentimientos reales. Y aún así, nos aferramos a sus palabras y sus promesas.
  • Creemos que somos fuertes y que podemos resistir tanto dolor. Sin embargo, el sufrimiento no es gratis: tiene un coste altísimo para nuestras salud mental y emocional. Cuando queremos darnos cuenta, tenemos el alma destrozada y toca recoger los cachitos para recomponer nuestro corazón y nuestra mente. Toca hacer terapia y a veces tardamos muchos años en sanar esas heridas. Es importante no aguantar ni sufrir, ni exponernos al dolor de forma gratuita.
  • Por un tema de ego. Creemos que nuestra pareja en algún momento mágico se dará cuenta de lo especiales que somos y se enamorará de nosotras.

NO HAY RECOMPENSA POR SUFRIR POR AMOR

Si tu compañera o compañero no está enamorado de ti, no se va a enamorar. Por mucho que les quieras y por mucho que te entregues. Es duro asumirlo, pero cuanto antes aceptemos que no hay premio, mejor. Simplemente porque, de no hacerlo, pueden empezar a ocurrir cosas desagradables para ti:

  • Tu autoestima baja a unos niveles terribles. Cuanto más baja tienes la autoestima, más tiendes a pensar que no mereces el amor y más te aferras a la persona que no te ama.
  • No te planteas por qué está contigo si no te ama, ni por qué estás con esa persona si no te ama. Generalmente lo que haces es paralizarte por el miedo a que se canse de ti o se vaya con otra persona. En lugar de tomar tú la decisión, prefieres “disfrutar” del tiempo que le queda a tu pareja para irse de tu lado.
  • Aprendes a vivir con ese miedo y generalmente caes en la sumisión para no provocar el fatal desenlace. Te vuelves más complaciente, evitas el conflicto, estás más servicial, te vuelcas en los cuidados y en algún punto fantaseas con hacerte imprescindible para que la otra persona se crea que te necesita.
  • Puedes perder tu dignidad. Además de volverte una persona sumisa y complaciente, es posible también estar más dispuesta a perder tu dignidad, a permitir que te mientan, que te engañen y que te traten mal. Y esto es peligroso porque cuanto más masoquistas nos ponemos, más sádicos se ponen los otros. Es decir, cuanto más sumisos nos mostramos, más probable es que nos traten peor.

DAR EL PASO DEFINITIVO

Hay muchas formas de intentar que tu pareja no rompa la relación aunque esté deseando salir de ella, pero ninguna funciona: si alguien no te ama, no importa lo que hagas para enamorarle. Por eso es tan importante no solo trabajarse la autoestima, sino también el ego, y tener en cuenta que no hay nadie imprescindible, que las relaciones en las que solo uno se vuelca y da lo mejor de sí mismo no funcionan jamás.

Todas las relaciones tienen que basarse en la libertad y no en la necesidad. No es justo que alguien se aproveche de la necesidad de otra persona de ser amada. Tampoco es justo intentar hacer creer a la otra persona que sin ella no va a ser feliz y que la necesita para estar bien.

Una persona que no te quiere, tampoco te cuida. Y la falta de cuidados es maltrato, la indiferencia es maltrato. Por eso es tan importante que te cuides. Cuidarse supone renunciar a las relaciones en las que no nos aman y no nos cuidan. Cuidarse significa solo quedarnos en las relaciones en las que hay reciprocidad, sinceridad y amor a manos llenas: ¡vamos a cuidarnos!

 

¿Quieres iniciarte en la práctica de Mindfulness?

El mindfulness es una forma de meditación que integra las enseñanzas de Buda en Oriente junto con las investigaciones más científicas de Occidente, y literalmente significa “conciencia plena” o “atención plena”

Parte de la idea de que nuestra mente es una máquina de generar pensamientos constantes de forma automática e irreflexiva, y de que vivimos en una realidad repleta de estímulos que nos dispersan y nos hacen olvidarnos de nosotros mismos, viviendo en un estado de desconocimiento, desconexión y represión frente a nuestra mente y nuestro cuerpo.

SUS BENEFICIOS

La meditación nos ayuda a tomar conciencia de nuestros procesos mentales, liberándonos y haciendo que la mente deje de dominarnos.

Además, tiene numerosos beneficios, como una reducción de los niveles de estrés, cambios estructurales en nuestro cerebro aumentando la materia gris, mejorando nuestra capacidad cognitiva como la memoria de trabajo, el razonamiento verbal y estimulando la creatividad.

También nos protege de enfermedades mentales, nos aporta una visión más amplia de la realidad, previene de enfermedades físicas somáticas, calma el dolor, nos ayuda a dormir mejor y nos hace personas más felices y compasivas.

Aquí tienes algunos ejercicios sencillos para empezar a practicar:

1. RESPIRACIONES PROFUNDAS

Una de las formas más utilizadas en las técnicas de relajación, incluido el mindfulness, se basa en llevar la atención a la respiración.

La respiración es un acto cíclico que se encuentra en un flujo constante, nos mantiene vivos y conectados en todo momento con el presente, en una unión inequívoca de nuestro cuerpo con el aire que nos rodea.

El aire es también un elemento cambiante, respiramos cada vez un aire distinto. Además, es algo con lo que contamos en todo momento.

Estas cualidades hacen de la respiración un método muy útil y sencillo para conectar con el aquí y el ahora.

Normalmente respiramos de manera automática e inconsciente, sin embargo la respiración es la principal forma de nutrición de nuestro cuerpo, por lo que tomar consciencia sobre ella y poder modularla nos brindará un mayor autocontrol sobre nosotros mismos.

Un ejercicio de respiración que puedes practicar es:

  1. Estírate boca arriba sobre una superficie estable y rígida, a poder ser lo más cercano al suelo.
  2. Coloca una mano sobre tu pecho, a la altura de tu corazón, y otra sobre tu vientre. Puedes poner alguna música para meditar o música relajante o bien estar en silencio.
  3. Cierra los ojos y empieza a inspirar por tu nariz, tratando de llevar el aire hacia tu vientre, sintiendo cómo este se hincha (respiración diafragmática).
  4. Una vez tu vientre se ha hinchado, acaba de llenarte ampliando la capacidad hacia tu pecho también. Hazlo despacio, contando los segundos, aguanta durante 2 segundos la respiración,
  5. Comienza a expirar por la boca lentamente durante los mismos segundos que tardaste en inspirar.
  6. Repite este proceso durante unos minutos               

2. OBSERVA TU PENSAMIENTO

La meditación oriental tiene como objetivo dejar la mente en blanco, deteniendo todo tipo de pensamientos.

Sin embargo, en nuestra sociedad actual este objetivo resulta demasiado inalcanzable en un principio, por lo que el mindfulness trata de jugar con la atención, focalizándola en algo en concreto y así ralentizar el vaivén de pensamientos y la dispersión.

Por ejemplo, puedes realizar el ejercicio anterior de respiración y en ese caso el elemento en el que te centrarás para dejar a otros de lado será tu propia respiración.

Intenta ser plenamente consciente de ella, y observarás que mientras lo haces seguramente se crucen pensamientos intrusivos por tu mente que intenten desconectarte del momento presente.

El momento presente no es más que aquel que está sucediendo mientras respiras, en cambio los pensamientos te llevarán al pasado o al futuro. No te preocupes, concédete comprensión y trata de retornar delicadamente tu atención de nuevo a la respiración.

Hazlo tantas veces como te asalten los pensamientos.

La mente tiene la particularidad de poder observarse a sí misma, y cuanto más practiques estos ejercicios, más comprensión tendrás sobre ti, más control irás adquiriendo y más sencillo te resultará.

3. IDENTIFICA TUS EMOCIONES

Seguramente no solo los pensamientos dispersarán tu atención, ya que en la mayoría de casos estos vienen acompañados de emociones.

En nuestro día a día nos vemos expuestos a una gran cantidad de sucesos que nos provocan reacciones emocionales, y la mayoría de nosotros cargamos con una pesada mochila de emociones que, en gran parte, hemos conseguido reprimir y enmascarar para facilitarnos continuar con nuestras vidas.

Buscamos distracciones o manteniéndonos ocupados para no tener tiempo de pensar en ellas. Es por esa razón que, en el momento en que nos quedamos a solas, en silencio, y bajamos la guardia, esas emociones acumuladas pueden rebrotar espontáneamente y recordarnos que siguen ahí vivas.

Es algo común que las primeras veces en que practicamos mindfulness sintamos malestar, tristeza, e incluso ansiedad, contrariamente a lo que pensamos que debería de ser (relajante). Es totalmente natural, y ello no debería asustarte ni desanimarte a continuar.

Para limpiar, uno primero ha de enfrentarse a la suciedad, y es con lo primero que nos solemos encontrar, al quitar de en medio todo aquello que hemos ingeniado para tratar de esconderla.

Una de las técnicas que te pueden ayudar a sobrellevar esas emociones es observar cómo son, cómo se sienten, sin intentar reprimirlas ni eliminarlas.

Y también te será útil ponerles nombre.

Cuando ponemos nombre a algo, lo hacemos más manejable y nos resulta menos extraño. De esa manera, seremos más capaces de dominar las emociones, en lugar de ser nosotros dominados por ellas.

4. UTILIZA LA VISUALIZACIÓN

El mundo mental es demasiado abstracto y, acostumbrados al mundo de los estímulos más sensoriales, a menudo podemos perdernos. Utilizar técnicas de visualización te facilitará control mental para poder generar un estado de relajación y poder manejar mejor los pensamientos y emociones que surjan.

En nuestra mente tenemos un registro muy amplio de sensaciones vinculadas a ciertas imágenes, objetos, texturas, colores, etc. Tan solo el hecho de pensar en algo, activa cerebralmente las áreas relacionadas con su acto, por lo que pensar en actividades o lugares, por ejemplo, que nos despiertan sensaciones agradables y de calma, nos ayudará a traer esas sensaciones al presente.

También puedes empezar a generar nuevas asociaciones durante la meditación, de modo que cuando entres a un estado de relajación con el que te sientas cómodo, puedas memorizarlo asociándole una forma, un color, de manera que las próximas veces que practiques el mindfulness visualices esa forma para sumergirte de nuevo en el estado de relajación que lograste.

5. TOMA CONCIENCIA DE TU CUERPO

Con frecuencia, nuestras emociones se esconden tras nuestro cuerpo en forma de sensaciones corporales.

Nuestro cuerpo no deja de ser una especie de recipiente que lo contiene todo, y en ocasiones ni siquiera sabemos qué nos ocurre porque nuestra mente (ese órgano que parece actuar con independencia y que nos esforzamos por controlar) esconde ciertas cosas para que no nos trastoquen, pero se transforman en tensiones musculares, en problemas de piel, problemas digestivos, etc.

Por ello, cuando practiques mindfulness, presta atención minuciosamente a tu cuerpo. Obsérvate todo tú, como una especie de maquinaria con unas estrategias sumamente complejas e inteligentes de protección que, no obstante, tratas de comprender para ayudarte en la tarea que esos mecanismos automáticos tratan de cumplir.

Adopta una posición de compasión frente a ti mismo, y sin juzgarte ni culpabilizarte, obsérvate y trata de comprenderte.

Fíjate cómo ciertos pensamientos generarán ciertas sensaciones físicas, y suavemente trata de ayudarte de la respiración para no preocuparte por ello.

Perdonándote incluso por esas sensaciones desagradables, y llevarte a ese momento presente en el que nada es más importante que la fortuna de estar vivo y de sentir todo lo que sientes.

Cuida tus relaciones

Comunicación, generosidad, equilibrio y distancia, cuando sea necesario. Suena a tópico, pero estas son tres de las actitudes necesarias para llevarnos bien con nuestros amigos… y nuestra pareja.

1. CUÍDALAS, TODOS LAS NECESITAMOS

Lo primero que vale la pena que tengas en cuenta es que somos animales sociales, necesitamos el contacto con otras personas. Estar solos y aislados no nos sienta bien.

Para tener una buena vida, y en parte una buena salud, es necesario tener buenas relaciones con los demás, no estar todo el tiempo en lucha y en tensión. Los humanos estamos preparados para vincularnos con los demás, el amor nos ayuda, nos llena de sensaciones agradables.

En cambio, cuando perdemos a un ser querido, sea por separación o muerte, entramos en un proceso de dolor y tristeza, que son emociones duras y difíciles de atravesar.

2. COMPENSA LOS DESEQUILIBRIOS

Para que una relación sea fluida y funcione es importante tener la percepción de qué aporta cada persona: lo que dan ambas partes tendría que estar equilibrado. El dar y el tomar tienen que ser equitativos en las relaciones entre iguales porque, tanto si uno da demasiado como si el otro no da nada, pueden romperse.

El desequilibrio se puede dar cuando uno de los miembros de una pareja aporta más trabajo o dinero que el otro, o cuando uno aporta hijos de otra relación.

Como es muy difícil tener este equilibrio de entrada, habrá que buscar maneras de compensarlo. El primer mecanismo de compensación es el agradecimiento. Después se pueden buscar otras maneras de conseguirlo.

3. EXPRÉSATE, PERO ESCUCHA AL OTRO

Una de las claves en las que se apoyan las buenas relaciones es poder explicar al otro lo que deseas y cómo te gustaría que fuera vuestra vida juntos (o vuestra amistad). No des por supuesto que él o ella ya lo sabe o que lo tendría que saber; es importante que expreses tus emociones y compartas también tus pensamientos y anhelos.

Y todavía es más importante que escuches lo que el otro tiene que decir sobre cómo le gustaría que fueran las cosas. Desde ahí se puede construir una relación basada en el respeto mutuo y que responda a las necesidades de cada uno.

4. NO SUFRAS, NO ES NADA PERSONAL

Todos tenemos heridas de la infancia y mecanismos neuróticos para no sentirlas, todos aprendimos a reaccionar según el ambiente en el que crecimos. Por tanto, nos comportamos como sabemos y no como queremos, y normalmente de una manera bastante estereotipada.

Para la terapia Gestalt, la neurosis consiste en no poder salir de un comportamiento determinado y olvidarnos de que somos mucho más, que podemos hacer las cosas de una manera diferente. Cuando entramos en relación con los demás, se ponen en marcha estos aprendizajes independientemente del amor que exista en la relación.

Nada de lo que hacen los demás es personal, por eso es importante que no te lo tomes como una afrenta hacia ti. Es solo una manera de estar en el mundo y de relacionarse con él.

5. ELIGE CON QUIÉN QUIERES ESTAR

En la base de toda relación está el amor, aunque algunas veces parece que está disfrazado o, incluso, ausente. En los casos en los que puedas escoger, como las parejas y los amigos, busca las relaciones que te hacen feliz, no te quedes pegado a aquellas que te dañan o te cuestan mucho esfuerzo.

No es verdad que el crecimiento venga siempre de la mano del dolor y la dificultad.

Para ello es necesario poder dejar las relaciones cuando no te interesan y sostener la soledad en algunos momentos. En el mundo hay mucha gente y seguro que puedes encontrar a personas con las que compartir buenos momentos y ser feliz a su lado.

6. QUIEN NO TE GUSTA… TE AYUDA

Cuando no soportes a alguien o sientas mucho enfado con él o ella, pregúntate qué parte de esa persona en concreto es la que no te gusta. Cuando lo hayas averiguado, mira cómo está dentro de ti este aspecto que tanto te molesta.

Lo más probable es que el otro se esté permitiendo algo que tú no te permites a causa de tus creencias.

 

ANSIEDAD, un abordaje integral

¿POR QUÉ TENGO ANSIEDAD?

Cuando aparece un peligro, el cerebro pone en marcha mecanismos para afrontarlo. La voz de alarma empieza en la región de la amígdala cerebral que pasa la información al sistema nervioso autónomo –simpático y parasimpático–, a otros centros del cerebro y, a su vez, se informa a todo el organismo alertándolo.

Este mecanismo, que el cerebro recibe como un peligro, puede activarse debido al estrés y las prisas que tenemos, y como estas son habituales en el día a día, entonces es como si estuviéramos siempre en alerta.

PUEDE EMPEZAR DURANTE EL EMBARAZO

Las primeras etapas de la vida juegan un papel determinante en este mecanismo; de hecho, existe una relación del estrés durante el embarazo o la etapa de bebé, con la ansiedad en el adulto, debido a que durante la gestación se forman las estructuras cerebrales que se encargarán de modular la respuesta del estrés durante el resto de la vida.

Los traumas que se sufren antes de nacer, los perinatales y los que suceden durante los primeros años de la vida tienen una especial relevancia en la aparición de la ansiedad en etapas más avanzadas y en el adulto.

Diferentes moléculas, como el cortisol y la adrenalina, y también algunos genes, como los que determinan los niveles de serotonina, influyen en todo el proceso.

¿QUÉ ES «SOMATIZAR»?

A menudo, la expresión del peligro o del problema que percibe la mente se realiza a través de síntomas físicos: se somatiza.

Los pacientes ansiosos que somatizan pasan, como promedio, por diez profesionales sanitarios antes de que se establezca un diagnóstico, después de sufrir multitud de pruebas y análisis infructuosos.

El proceso de somatización se caracteriza por:

  • Comportarse como un patrón crónico de conducta de enfermedad que se aprende desde muy pequeños o quizás desde antes de nacer.
  • El umbral de percepción de los estímulos físicos es más bajo en las personas que somatizan respecto a las que no lo hacen, lo que se conoce como “amplificación somatosensorial”, y ello se acompaña de una vigilancia del cuerpo permanente, mayor reactividad fisiológica y malestar. Son síntomas físicos que hacen estar siempre de médicos y generan muchas dificultades sociales, familiares y en el trabajo.
  • Los síntomas son sensaciones amplificadas que sienten las personas con una especial sensibilidad y que es preciso aprender a reinterpretar para que no produzcan tanto sufrimiento y preocupación. Así se puede aprender a escapar del circuito interminable de consultas médicas y tratamientos que, en realidad, no ayudan a estar mejor ni a superar la ansiedad.
  1. LA ANSIEDAD TAMBIÉN AFECTA A LA PERSONALIDAD

La ansiedad conlleva una tendencia exagerada a la auto-observación que se acompaña de un interminable listado de consecuencias y reacciones que se traducen en diversos problemas en el trabajo, las relaciones y la vida del que las padece:

  • Temor persistente, injustificado y excesivo a la enfermedad o a la muerte.
  • Interpretación errónea y alarmista de los síntomas físicos.
  • Egocentrismo, narcisismo, desinterés por los demás y sus necesidades.
  • Obstinación.
  • Escrupulosidad.
  • Pensamiento obsesivo y comportamiento compulsivo.
  • Desconfianza.
  • Hipersensibilidad frente a las críticas de los demás.
  • Tendencia a la sugestión…

2. ¿CÓMO TRATAR LA ANSIEDAD? EL DESAFIO TERAPÉUTICO

El cuerpo es la clave para empezar a revertir la respuesta fisiológica inadecuada, derivada de la ansiedad. No hay que olvidar que la emoción que se siente es el resultado de percibir el cambio corporal y la interpretación que el sistema nervioso adjudica a las sensaciones físicas.

Aunque haya muchos síntomas y muy variados, la ansiedad está determinada completamente por el sistema nervioso, por lo que todo el tratamiento es un ejercicio de regulación del mismo.

Las conexiones bidireccionales entre la mente y el cuerpo, implicadas especialmente en la ansiedad, son las vías que unen el cerebro con el corazón, con el aparato digestivo, con los músculos y articulaciones, y con la glándula suprarrenal, que es la que modula la inflamación y el estrés.

UN TRATAMIENTO INTEGRAL PARA LA ANSIEDAD

Las personas con depresión y ansiedad no regulan de una manera eficaz el sistema inmune, y ello produce una especie de ambiente inflamatorio en el cuerpo, de bajo grado, pero lo suficiente como para alterar las defensas, las hormonas, el metabolismo y neurotransmisores como la serotonina, que es la que nos da el estado de serenidad. Para ello, es preciso realizar un abordaje integral de la ansiedad como vía para equilibrar el cuerpo y la mente.

3. UNA DIETA QUE AYUDA A COMBATIR EL ESTRÉS

ALIMENTOS ANTINFLAMATORIOS

Una dieta alcalina, rica en omega 3, antinflamatoria y el aporte de aminoácidos y neurotransmisores como triptófano, L-tirosina y GABA es clave para disminuir el ambiente inflamatorio.

Si se combina con la eliminación de tóxicos, excitantes como el café, el tabaco, las drogas y el alcohol, y con ejercicio, resulta mucho más eficaz que la medicación, con resultados óptimos a medio y largo plazo. No hay que olvidar nunca una buena hidratación.

PSICOBIÓTICOS

El estrés y las emociones influyen en la composición microbiana del intestino. Los probióticos y prebióticos con efecto equilibrador del estado de ánimo actúan como potentes psicobióticos y resultan esenciales en el tratamiento de la ansiedad. Aceitunas, chucrut, miso, ajo, cebolla, cereales integrales, plátano… los contienen.

4. ACTIVIDADES RELAJANTES

El sistema nervioso parasimpático se relaja a través del ejercicio físico, del masaje, de actividades gratificantes como la lectura, la música, del silencio, del descanso o de la visualización. La clave no está en el tipo de técnica, sino en la repetición y la constancia.

MOVER EL CUERPO

Los músculos son un órgano metabólico muy importante. Cuando se mueven, liberan a la sangre una gran cantidad de moléculas con efectos beneficiosos a nivel cerebral y para la inmunidad, el sueño y el estado emocional. Algo tan sencillo como caminar aporta grandes beneficios.

RESPIRACIÓN ANTIANSIEDAD

La respiración controlada es un fuerte reductor de ansiedad. Practica la respiración abdominal, consiste en: inspirar y retener hasta 7, espirar lentamente hasta 8 y contraer lentamente la musculatura abdominal.

Un ciclo respiratorio cada 10 seg (6 resp/min) ofrece el máximo efecto sobre el sistema nervioso y la tensión arterial.

Puedes acompañar con la intención de una emoción adaptativa (inspiro calma, espiro rabia).

TÉCNICAS ENERGÉTICAS

El masaje diafragmático, la práctica de ejercicio energético, como el yoga, el taichi o el qi gong, o la técnica de la coherencia cardíaca, ayudan a alejar la ansiedad. Son terapias que inciden en el cuerpo y la mente.

5. TERAPIA PARA ABORDAR LA PSIQUE

Un marco terapéutico empático (un médico o psicólogo cercano y comprensivo) debe poner la atención en detectar posibles conflictos subyacentes en el entramado emocional. Es muy importante para el paciente identificar creencias erróneas, aprender técnicas para afrontar los síntomas y pensamientos para reducir la angustia, tratar de evitar los estímulos que producen ansiedad, cambiar el entorno, pedir ayuda.

No se trata de hacer grandes cambios, sino de, poco a poco, ir introduciendo modificaciones.

ATENCIÓN PLENA Y SILENCIO

Tomar conciencia del momento presente, del aquí y del ahora, y abordar momentos de silencio, ayuda a evitar la activación de la respuesta de ansiedad y estrés. La atención plena permite abordar la vivencia de la experiencia con curiosidad, apertura, aceptación y amor; con ello, permite el restablecimiento del equilibrio emocional y el estado de ánimo, propicia una actitud de aproximación (frente a la evitación) y una disposición afectiva positiva.

Hay que aceptar las experiencias y las reacciones a ellas como naturales. El esfuerzo por no valorarlas y aceptarlas permite no rechazarlas. En última instancia, hay que renunciar al control directo. No se trata de reducir (controlar) el malestar, el miedo, la ira o la tristeza, sino de abrirse a ellos y experimentarlos como tales.

6. PARAR CUANDO EL CUERPO GRITA

Respira de forma lenta y profunda, poniendo una mano sobre el corazón y la otra sobre el abdomen, y estando atento a cada respiración, hinchando mucho la barriga y dejando que el aire salga solo, sin empujar –respiración infradiafragmática–.

Toma conciencia de tu cuerpo con este ejercicio: realiza un scanning de todo el cuerpo, empezando por los pies, las pantorrillas, las rodillas… y así hasta la cabeza, prestando atención a cada parte del cuerpo con mucho detalle, y repetiendo las veces que sean necesarias.

Se puede reforzar buscando en el interior un lugar firme y sólido, que ofrezca bienestar y calidez, y visualizar que nos recogemos en su interior, sintiendo la protección y seguridad que nos ofrece este lugar seguro.

Afloja, aleja la resistencia y la lucha de huir, si con la respiración y la toma de conciencia corporal, persiste la amenaza.

Hacer frente al dolor o al pánico, enfrentarse al monstruo sin miedo y permanecer ahí hasta observar cómo el monstruo se va desintegrando y desaparece, ayuda a superarlo.

Practica la gratitud

Es nuestra actitud más poderosa. Nada te hará más feliz que estar agradecido por todo lo que la vida te brinda, por todo lo que el camino te presenta, por todos los retos que te acechan… con ellos crecemos.

Con los años y sobre todo con la experiencia, he podido comprobar que no hay mejor actitud que la de practicar la gratitud.   Dicho esto, deseo que este pequeño artículo te ayude a mantener una actitud de gratitud diariamente para que puedas sanarte, para que alivies tus niveles de estrés, para que puedas descansar y dormir más tranquila, y para que te sientas más satisfecha de tus relaciones personales.

SER  AGRADECIDO MEJORA NUESTRA SALUD

Tengo claro que ser agradecida es la clave de mi felicidad. Algo que cuesta tan poco y que puede transformar por completo nuestro día y tener un fuerte impacto en nuestro bienestar.

Según un estudio publicado en el Clinical Psychology Review, las personas que mantienen una actitud diaria de agradecimiento tienen menor riesgo de padecer depresión y ansiedad, son personas menos agresivas, altruistas, con empatía y amabilidad. Muestran mayor confianza hacia los demás, sienten una motivación/llamada interior por hacer y lograr más de una forma ambiciosa pero sana y suelen mantener relaciones personales muy satisfactorias. Se ven menos afectados por las críticas y son menos sensibles a la negatividad de las otras personas, con lo que duermen mejor y tienen menos riesgo de adicción al alcohol o drogas, o padecer trastornos alimentarios.

Lo sé, no siempre es fácil sonreírle a la vida, sobre todo después de recibir una mala noticia o haber pasado un mal día, pero prometo que cuanto mayor es el esfuerzo por mantener esta buena actitud más pronto se volverá una rutina y verás como finalmente cambiará tu perspectiva de vida de manera positiva.

PERO… ¿QUÉ ES LA GRATITUD?

Todos tenemos claro que ser agradecido es dar las gracias a alguien que nos ha echado una mano, que nos ha apoyado o ayudado en algún momento y en situación determinada. Pero por gratitud no me refiero solamente a este tipo de situaciones. Ser agradecido debe ser un acto frente a la vida, estar agradecido por la comida que tenemos en nuestro plato y nos nutre cada día, por el agua limpia y fresca que sale del grifo y la ducha para asearnos por la mañana, por la ropa que nos protege y abriga cuando hace frío, por el aire que llena nuestros pulmones en cada una de nuestras respiraciones… A esta actitud me refiero. Agradecimiento a cualquiera, cualquier cosa, en cualquier momento. ¿Tú  la mantienes?

Agradecida estoy por poderme levantar con los rayos de sol que entran por la ventana, por el ruido de la fuente de agua en el jardín, por todos los nutrientes que me aportan los vegetales orgánicos de mi zumo verde matutino. Agradecida por los días en que puedo practicar mi rutina de yoga, por ese mensajito en el móvil cargado de amor, y agradecida por ese colibrí que día sí día también viene a saludarme mientras estoy en el despacho trabajando en nuevos artículos y proyectos.

Los mismos sujetos del estudio mostraron una relación directa entre ser agradecidos y sentir más satisfacción en su vida, más autoestima y crecimiento personal, más alineados a sus valores y propósito de vida.

¿NOS PONEMOS MANOS A LA OBRA?

Hay algunos ejercicios que pueden ayudarte a poner en práctica una actitud de gratitud de forma diaria. No te tomarán demasiado tiempo, así que no hay excusa para empezar a ponerlo en practica desde ¡ya!

· Antes de levantarte de la cama: empieza el día con un pensamiento positivo. Recuerda algo bonito presente en tu vida, puede que sean los pajaritos cantando en la ventana, esa canción que suena en la radio del vecino o incluso esa mantita que te está cubriendo y calentando el cuerpo.

· Ten un gesto bonito hacia otra persona: cede tu asiento del bus a alguien que lo necesite más que tú, deja una nota con un mensaje positivo a un compañero de trabajo que no esté demasiado animado, o incluso sonríele a un extraño. Repartir alegría y mostrar aprecio a los demás no solamente les alegra a ellos sino que te enriquece también a ti.

· Diario de gratitud: estrena un diario donde cada noche o al final de la semana escribas cinco cosas por las que estás agradecido. Ese nuevo logro en el trabajo, esa tarde donde pudiste compartir un ratito con un amigo o la pareja, esa llamada que tanto esperabas o esa cena tan deliciosa que preparaste.

· Comparte con tu pareja: cada noche tres motivos por los que estás agradecido y quizás pueden ser motivo para fortalecer la relación, sobre todo si se nombran cosas por las que estáis agradecidos uno del otro.

· Piénsalo dos veces: si un pensamiento negativo te viene a la mente analízalo. ¿Estás haciendo una pelota de un granito de arena? ¿Hay algo de cierto en tu pensamiento que puedas usar para cambiar tu situación? Por ejemplo, has tratado de hacer algo y no ha salido bien. En vez de pensar “Soy un fracasado”, recuérdate que fracasar, y a veces en múltiples ocasiones, te acerca a lograr tu objetivo. ¡Sé agradecido!

Cada día podemos dar las gracias por estar vivos, respirar, cada día tenemos un motivo para sonreír, porque cada nuevo día es una oportunidad para acercarnos a nuestro yo más profundo, donde se encuentra la magia, la inocencia y la felicidad de cada uno.