Aprendiendo a estar sol@

Una relación de pareja sana no se construye sobre la dependencia y las medias naranjas. Solo si estemos preparados para estar solos encontraremos la pareja adecuada.

Nos deja nuestra pareja y parece que el mundo se derrumba. O sentimos que sin ella todo pierde sentido o que se nos van las fuerzas. Necesitamos su apoyo, sus ánimos, sus halagos…

CONSTRUIR NUESTRA AUTOESTIMA MÁS ALLÁ DE NUESTRA PAREJA

Pero no es así, no somos seres incompletos, no somos medias naranjas buscando la otra mitad para sentirnos plenos. De hecho, la idea es sentirse entero y completo. Y sí, podemos rodar por la vida al lado de alguien pero que también sea completo y especial. Aquí tienes 6 claves para lograrlo.

1. ALGO NO ESTÁ BIEN

El primer paso es darnos cuenta de que hay aspectos de nuestras relaciones que no son sanos o que no nos hacen sentir bien.

¿Terminas una relación y, seguidamente, empiezas otra por no estar solo/a? ¿Tu pareja te dice que va a cambiar, pero nunca lo hace y, a pesar de eso, sigues con ella? ¿Sientes miedo y angustia ante la idea de que te dejen? Estos son algunos detalles que indican que hay algún tipo de dependencia en las relaciones que estableces con los demás.

2. CONECTAR CON NUESTRO NIÑO PARA SANARLE

Mirarnos, comprendernos, abrazarnos, hablarnos, aceptarnos incondicionalmente. Solo lograremos liberarnos de los efectos de todas nuestras carencias cuando nos demos cuenta de que únicamente nosotros podemos llenar ese profundo vacío interno que hace que nos sintamos así de incompletos.

Nuestra parte adulta es la única que puede ahora compensar todos los cuidados, las atenciones y reconocimientos que no pudo obtener en su momento. Solo nosotros mismos podemos llegar a sanar este niño herido que perdura en nuestro interior.

3. PAPÁ Y MAMÁ NO VAN A CUBRIR ESE VACÍO

Quizá esta sea la parte más dura de todo el proceso de sanación. Nos toca aceptar que papá y mamá no van a cumplir este papel y que además, raramente, recibiremos su apoyo. Seguir esperando ahora que papá o mamá, proyectados en nuestra pareja, nos hagan caso es alimentar una vana esperanza que jamás se cumplirá.

Este es un duelo que tenemos que atravesar, resulta muy duro, pero nos va a ayudar a madurar y a mirar la vida desde una nueva perspectiva.

4. NUESTRO VACÍO VIENE DE NUESTRA INFANCIA

Entender de dónde procede nuestro malestar es un paso necesario para empezar a cambiar. Cuando somos pequeños, nos adaptamos a la situación que vivimos en nuestro hogar para tratar de ser lo más felices posible o, al menos, para amortiguar los daños que nos amenazaban.

Ante esto, algunas personas acaban convirtiéndose en excesivamente responsables, otras se acostumbran a no protestar para que no se enfaden con ellas los demás, otras prefieren dejar que sean los otros los que acaben resolviendo sus problemas… Todos estos patrones de comportamiento, que intervienen en las relaciones que establecemos con las demás personas, si no los cambiamos, los iremos repitiendo toda nuestra vida, incluso de adultos, especialmente con nuestras parejas.

5. DESARROLLAR LA PARTE QUE QUEDÓ ESTANCADA

Empezar a escuchar a nuestra intuición. Darle voz a nuestro yo individual. Escuchar lo que le gusta y lo que no, con quién quiere estar y con quién no. No se trata de que la intuición predomine sobre lo racional, sino de que haya un equilibrio y un sano diálogo entre ambas partes.

Si conectamos con nuestra intuición, con nuestro verdadero ser, podremos reforzar nuestra autoestima y tomar las riendas de nuestras vidas para liberarnos de los viejos prejuicios. Aunque en este mundo nuestro, lo racional parezca que siempre tiene que estar por encima, al darle valor a todo aquello que emerge en nosotros de forma genuina, nos acercamos mucho más a una vida completa y plena.

6. ESTABLECER UNA RELACIÓN SANA

Aunque parezca contradictorio, solo cuando estemos preparados para estar solos podremos encontrar una pareja adecuada con la que tener una relación sana y equilibrada y libre de condicionamientos negativos. Cuando sanemos profundamente, nos atraerán otras personas.

 

 

Practica la gratitud

Es nuestra actitud más poderosa. Nada te hará más feliz que estar agradecido por todo lo que la vida te brinda, por todo lo que el camino te presenta, por todos los retos que te acechan… con ellos crecemos.

Con los años y sobre todo con la experiencia, he podido comprobar que no hay mejor actitud que la de practicar la gratitud.   Dicho esto, deseo que este pequeño artículo te ayude a mantener una actitud de gratitud diariamente para que puedas sanarte, para que alivies tus niveles de estrés, para que puedas descansar y dormir más tranquila, y para que te sientas más satisfecha de tus relaciones personales.

SER  AGRADECIDO MEJORA NUESTRA SALUD

Tengo claro que ser agradecida es la clave de mi felicidad. Algo que cuesta tan poco y que puede transformar por completo nuestro día y tener un fuerte impacto en nuestro bienestar.

Según un estudio publicado en el Clinical Psychology Review, las personas que mantienen una actitud diaria de agradecimiento tienen menor riesgo de padecer depresión y ansiedad, son personas menos agresivas, altruistas, con empatía y amabilidad. Muestran mayor confianza hacia los demás, sienten una motivación/llamada interior por hacer y lograr más de una forma ambiciosa pero sana y suelen mantener relaciones personales muy satisfactorias. Se ven menos afectados por las críticas y son menos sensibles a la negatividad de las otras personas, con lo que duermen mejor y tienen menos riesgo de adicción al alcohol o drogas, o padecer trastornos alimentarios.

Lo sé, no siempre es fácil sonreírle a la vida, sobre todo después de recibir una mala noticia o haber pasado un mal día, pero prometo que cuanto mayor es el esfuerzo por mantener esta buena actitud más pronto se volverá una rutina y verás como finalmente cambiará tu perspectiva de vida de manera positiva.

PERO… ¿QUÉ ES LA GRATITUD?

Todos tenemos claro que ser agradecido es dar las gracias a alguien que nos ha echado una mano, que nos ha apoyado o ayudado en algún momento y en situación determinada. Pero por gratitud no me refiero solamente a este tipo de situaciones. Ser agradecido debe ser un acto frente a la vida, estar agradecido por la comida que tenemos en nuestro plato y nos nutre cada día, por el agua limpia y fresca que sale del grifo y la ducha para asearnos por la mañana, por la ropa que nos protege y abriga cuando hace frío, por el aire que llena nuestros pulmones en cada una de nuestras respiraciones… A esta actitud me refiero. Agradecimiento a cualquiera, cualquier cosa, en cualquier momento. ¿Tú  la mantienes?

Agradecida estoy por poderme levantar con los rayos de sol que entran por la ventana, por el ruido de la fuente de agua en el jardín, por todos los nutrientes que me aportan los vegetales orgánicos de mi zumo verde matutino. Agradecida por los días en que puedo practicar mi rutina de yoga, por ese mensajito en el móvil cargado de amor, y agradecida por ese colibrí que día sí día también viene a saludarme mientras estoy en el despacho trabajando en nuevos artículos y proyectos.

Los mismos sujetos del estudio mostraron una relación directa entre ser agradecidos y sentir más satisfacción en su vida, más autoestima y crecimiento personal, más alineados a sus valores y propósito de vida.

¿NOS PONEMOS MANOS A LA OBRA?

Hay algunos ejercicios que pueden ayudarte a poner en práctica una actitud de gratitud de forma diaria. No te tomarán demasiado tiempo, así que no hay excusa para empezar a ponerlo en practica desde ¡ya!

· Antes de levantarte de la cama: empieza el día con un pensamiento positivo. Recuerda algo bonito presente en tu vida, puede que sean los pajaritos cantando en la ventana, esa canción que suena en la radio del vecino o incluso esa mantita que te está cubriendo y calentando el cuerpo.

· Ten un gesto bonito hacia otra persona: cede tu asiento del bus a alguien que lo necesite más que tú, deja una nota con un mensaje positivo a un compañero de trabajo que no esté demasiado animado, o incluso sonríele a un extraño. Repartir alegría y mostrar aprecio a los demás no solamente les alegra a ellos sino que te enriquece también a ti.

· Diario de gratitud: estrena un diario donde cada noche o al final de la semana escribas cinco cosas por las que estás agradecido. Ese nuevo logro en el trabajo, esa tarde donde pudiste compartir un ratito con un amigo o la pareja, esa llamada que tanto esperabas o esa cena tan deliciosa que preparaste.

· Comparte con tu pareja: cada noche tres motivos por los que estás agradecido y quizás pueden ser motivo para fortalecer la relación, sobre todo si se nombran cosas por las que estáis agradecidos uno del otro.

· Piénsalo dos veces: si un pensamiento negativo te viene a la mente analízalo. ¿Estás haciendo una pelota de un granito de arena? ¿Hay algo de cierto en tu pensamiento que puedas usar para cambiar tu situación? Por ejemplo, has tratado de hacer algo y no ha salido bien. En vez de pensar “Soy un fracasado”, recuérdate que fracasar, y a veces en múltiples ocasiones, te acerca a lograr tu objetivo. ¡Sé agradecido!

Cada día podemos dar las gracias por estar vivos, respirar, cada día tenemos un motivo para sonreír, porque cada nuevo día es una oportunidad para acercarnos a nuestro yo más profundo, donde se encuentra la magia, la inocencia y la felicidad de cada uno.

Sanar heridas emocionales

Nuestras emociones nos permiten conectar con aquello que nos duele y nos dolió en el pasado. Es importante darles espacio, para que no queden bloqueadas o infectadas. Un profesional de la psicoterapia puede ayudarnos a explorar las antiguas heridas, detectar de dónde viene nuestro dolor, para poder liberar las emociones, reconocerlas y gestionarlas, y vivir con menos peso en la vida.

Poder reconocer nuestro dolor nos permite reconocer nuestras antiguas heridas para poder desinfectarlas. El mejor desinfectante del que disponemos son nuestras emociones.

Las cuatro emociones básicas son alegría, tristeza, rabia y miedo. Son universales, las encontramos en todas las culturas y edades, forman parte de nuestro diseño biológico. Nos permiten relacionarnos con nosotros mismos, con los demás, con lo que nos sucede y con lo que nos sucedió, para poder digerirlo.

Estas nos permiten conectar con el dolor, metabolizarlo y disolverlo.

Las emociones nos permiten transitar nuestro sufrimiento, entrar y salir de él.

Dar espacio a la herida es dar espacio a las emociones que nos despiertan.

Si no usamos lo emocional para destilar nuestras heridas, éstas quedan bloqueadas, infectadas y contaminan nuestro vivir.

El espacio de terapia permite dar espacio emocional a nuestros sufrimientos y ver si éstos están vinculados a antiguas heridas.

EJEMPLO:

  • “Cada vez que tengo que repetirle algo a mi pareja, me desquicio, parece sorda como mi madre”

Evoca una situación con tu madre en que tenías que repetirle algo

Conecta con ese dolor que vivías con tu madre

¿Dónde lo sentías en tu cuerpo?

¿Cómo te sentías?

  • “Poco escuchado, poco visto y que mi esfuerzo por repetir algo no valía la pena”

¿a que dos emociones te conectas?

  • “tristeza y enfado”

Déjate sentir estas emociones en tu cuerpo y acompáñate con una mano en la zona del cuerpo donde las sientes.

Respíralas.

Si no usamos lo emocional para destilar nuestras heridas, Éstas quedan bloqueadas, infectadas y contaminan nuestro vivir.

Es importante mantener una actitud curiosa, casi de investigación en el cotidiano para explorar si ciertos dolores o molestias, que percibimos exagerados se vinculan a antiguas heridas que sufrimos con otras personas.

Una herida mal curada duele toda la vida.

Una herida vivida emocionalmente es un peso y un hándicap menos en la vida.

Cuando algo te detona una respuesta emocional excesiva, date un espacio íntimo para investigar si te conecta con alguna herida, y vivencia a que emociones te conecta.

Depresión

La depresión, a diferencia de otros estados vitales como la tristeza, la pena ó el duelo, debería definir a una persona que se encuentra muy triste, con una tristeza profunda y crónica, de tal manera que esos sentimientos, unidos a la culpa y a la dificultad para implicarse en relaciones placenteras, le impiden realizar sus actividades cotidianas, como trabajar, cuidar de los hijos, mantener relaciones sociales significativas….

A diferencia de otros trastornos o dificultades de salud mental, la persona que sufre una depresión real comunica una y otra vez su tristeza, su pena, su profunda desesperanza, a menudo incluso con su postura corporal, con su incapacidad para el placer, con sus narraciones llenas de tristezas, pérdidas, frustraciones, desesperanza e ideas de suicidio… Esos sentimientos son el núcleo de la depresión.

Otras manifestaciones (síntomas) son:

  • La disminución de la atención y la concentración.
  • La pérdida de la confianza en uno mismo y los sentimientos de inferioridad.
  • Las ideas de culpa y de ser inútil (incluso en los episodios leves).
  • Una perspectiva sombría del futuro.
  • Los pensamientos y actos suicidas o de autoagresión.
  • Los trastornos del sueño.
  • La pérdida del apetito.

La depresión casi nunca aparece de repente, de forma totalmente brusca… Eso puede suceder con la tristeza, la culpa y, por supuesto, con los duelos. En realidad, en casi todas las depresiones graves encontramos factores vitales que las han favorecido: pérdidas y frustraciones reiteradas en la infancia, pérdidas y duelos en la adolescencia (muerte de familiares, separaciones o conflictos graves entre los progenitores, otros duelos graves y reiterados…)

El tratamiento que hoy se da habitualmente a las personas deprimidas y pseudodeprimidas consiste, básicamente, en fármacos y más fármacos. Nosotros lo llamamos “unidimensional”.

Puede ser eficaz y, a veces, necesario en determinadas personas y depresiones, pero cuando se han estudiado sus resultados en grupos amplios y a lo largo del tiempo, no ha demostrado su utilidad para la población general salvo en un apartado concreto: el aumento exponencial de la venta y el consumo de psicofármacos, en especial antidepresivos. Sin embargo, en ocasiones y casos (contados) ha de utilizarse esa “vía rápida”, aunque solo de entrada. Por el contrario, el tratamiento integral de un trastorno como la depresión debería incluir al menos las medidas siguientes:

  • Psicoterapia, imprescindible en todo tipo de trastornos depresivos y pseudodepresivos.
  • Psicofarmacología, pero no en todos los casos, desde luego.
  • Ayuda a la familia, en particular en las depresiones graves.
  • Cuidados corporales: ejercicio físico, deportes adecuados, masajes, relajación (que ya se incluían en los templos del antiguo Egipto).
  • Amigos y allegados que se preocupen de uno, que estén atentos a las necesidades afectivas.
  • Actividades laborales, sociales y de formación atractivas, interesantes, que promuevan el desarrollo solidario de la persona.

LA VÍA INTERMEDIA

¿En qué consiste esta vía? En adelantar el uso del fármaco y aprovechar el efecto beneficioso del antidepresivo para lograr que la persona acepte la psicoterapia para ayudarle a elaborar el “bache emocional” con su participación activa, y pueda tener capacidades para afrontar otros acontecimientos vitales dolorosos o frustrantes en el futuro.

Ese es el objetivo de una psicoterapia para la persona con depresión: no solo que salga de su bache actual, sino que pueda aumentar su repertorio de actividades mentales y en la vida social que le ayuden a afrontar los futuros conflictos. Pero no es fácil, y hay que asegurarse de que el psicoterapeuta esté bien formado y posea experiencia sobre este tipo de complejas situaciones.

OPTAR POR LA SOLIDARIDAD

Los amigos, allegados y familiares pueden hacer mucho por la persona que padece una depresión, sobre todo al principio: acompañándolo en su sufrimiento, no insistiendo en soluciones supuestamente simples o rápidas, estando a su lado intentado comprender sus vivencias y sentimientos, ayudándole a tomar decisiones y, sobre todo, a posponerlas hasta que su estado afectivo mejore…

Porque aunque el depresivo se aísle, en realidad está buscando vías para mantener la relación con los demás y su autoestima. Solo que, por definición, la depresión es una vía poco adaptativa de sobreponerse a las pérdidas, los dolores y las frustraciones que acompañan toda vida humana.