Si mi niñ@ interior hablase…

Todos llevamos dentro el niño que alguna vez fuimos con sus ilusiones, deseos, aptitudes… Y también sus heridas. ¿Cómo recuperarlo y sanarlo?.

De niños, algunos hemos sufrido carencias, hemos tenido cuestiones que los adultos que nos rodeaban no pudieron satisfacer o que consideraron que debían ser relegadas para conseguir una mejor educación.

¿CÓMO PODEMOS RECUPERAR NUESTRO NIÑO INTERIOR?

Estas necesidades todavía laten dentro de nosotros y buscan ser satisfechas. Por ello, si no nos detenemos a escuchar qué nos dice y qué necesita nuestro Niño Interior, nos encontraremos a menudo, una y otra vez, en la misma situación, sin saber qué es lo que buscamos en ellas.

Con un agravante: como esas necesidades son, por fuerza, “infantiles”, muchas veces son inaceptables para nuestra parte adulta, que nos dice “Tú no deberías sentir esto” o “Tú no deberías querer aquello”.

Pero la realidad es que sentimos y queremos esas cosas y, por eso, intentamos satisfacerlas por caminos indirectos, rebuscados y, con frecuencia, tortuosos.

Muchos autores han escrito y trabajado sobre la idea de nuestro Niño Interior, como por ejemplo John Bradshaw o Alice Miller. Más allá de algunas divergencias entre ellos, todos coinciden en que desoír y desatender este aspecto tiene consecuencias muy severas para nuestras vidas.

Porque nuestro Niño Interior posee todas las características que cada uno de nosotros tenía de pequeño: nuestros gustos, nuestras ilusiones, nuestras aptitudes… pero también nuestras carencias y necesidades.

EL GUARDIÁN DE NUESTRAS ILUSIONES

En el Niño Interior reside toda nuestra autenticidad y espontaneidad; nuestras ilusiones y nuestros deseos más profundos yacen en él resguardados de todos los mandatos que hemos interiorizado y de todas las renuncias que hemos hecho para “adaptarnos” o para “encajar”.

Por eso, cuando nos desconectamos del Niño, muchas veces nos quedamos sin motivación, inhibidos, sin saber cómo continuar: hemos cortado lo más vital de nuestro ser, la parte que pugna por crecer y descubrir.

Podemos también quedar atrapados por la timidez o la falsedad, dos modos de ocultar lo que verdaderamente somos.

Si hemos enterrado a nuestro Niño en un lugar demasiado profundo, la vida comenzará a parecernos anodina, pues es el Niño quien posee la capacidad de asombro, es él quien puede maravillarse frente a las cosas más sencillas y encontrar el valor que la vida tiene por sí misma sin ni tan siquiera preguntarse por ello.

REPITIENDO VIEJOS PATRONES

A menudo nos avergonzamos de este aspecto de nosotros mismos, de la vulnerabilidad, de la dependencia, de la ingenuidad… Y entonces, ¡qué ironía!, hacemos con el Niño lo mismo que hicieron los adultos con nosotros cuando éramos pequeños: ignoramos sus necesidades. Le decimos: “¡Crece ya de una vez!”, “¡No estás ya para andar con estas niñerías!”.

Si, de niños, fuimos criticados, nos criticamos también.

Si fuimos maltratados, nos maltratamos.

Si fuimos abandonados, nos abandonamos

Si fuimos relegados, nos relegamos…

Tratamos a nuestro Niño Interior del mismo modo que otros le trataron, y que nosotros cuestionamos tanto.

Y por si esto fuera poco, que no lo es, al cabo de poco tiempo comenzamos a tratar del mismo modo a los demás, y así los criticamos, los maltratamos, los abandonamos o los relegamos.

Entretanto, cada vez más aterrorizado, el Niño se va escondiendo en un lugar cada vez más profundo hasta que ya no podemos escucharlo y nos olvidamos de que existe e incluso de que alguna vez existió.

APRENDER A ESCUCHARNOS

Si queremos llevar vidas íntegras, en las que exista la posibilidad de un desarrollo verdadero, deberemos llegar hasta nuestro Niño Interior y escuchar qué es lo que tiene para decirnos, y comprometernos en la tarea de sanar las heridas. “

«¿Y cómo se consigue esto?”, puede que os estéis preguntando. Lo cierto es que no hay recetas universales sino que cada uno tendrá que buscar su propio modo.

Pero puedo deciros que la mera intención de encontrar a nuestro Niño Interior ya nos acerca bastante a nuestro objetivo, pero podemos probar otros sistemas:

  • Hay quienes han comenzado a escuchar a su Niño Interior observando a otros niños, contemplando sus juegos y risas.
  • Hay quienes lo han descubierto volviendo a ver las fotografías de cuando eran pequeños o recorriendo las calles de su infancia.
  • Hay quienes se han encontrado con él volviendo a jugar a los juegos de entonces. En este sentido, dicen que el psicólogo suizo Carl Gustav Jung se pasó una semana construyendo un enorme castillo de barro en busca de la creatividad que necesitaba para terminar uno de sus libros
  • Hay quienes han podido encontrar las necesidades de su infancia preguntándose simplemente: “Si mi Niño Interior hablase, ¿qué me diría que le hace falta? ¿Qué le gustaría?”.

SANAR VIEJAS HERIDAS Y VOLVER A LA INOCENCIA

Sea cual sea la manera que utilicemos para comenzar a escuchar a nuestro Niño Interior, debemos prestar siempre mucha atención a sus heridas y asegurarle que lo escucharemos sin juzgarlo, intentando comprender qué es lo que realmente necesita.

Una vez hayamos identificado esas necesidades, debemos hacerle saber una cosa muy importante: solamente hay un adulto que puede darle al niño que fuimos aquello de lo que careció. Esa persona somos nosotros.

Nadie más que nosotros puede hacerlo.

Nadie podrá amarnos incondicionalmente

Nadie podrá aceptarnos absolutamente tal y como somos

Nadie podrá tener en cuenta todos nuestros deseos

Nadie podrá no relegarnos jamás

Nadie podrá estar con nosotros siempre

Ningún otro más que nosotros mismos puede hacerlo.

Solamente hay un adulto que puede darle al niño que fuimos aquello de lo que careció. Esa persona somos nosotros.

El adulto que hoy somos deberá ocuparse de darle al Niño que fuimos aquello que los adultos de entonces no supieron, no pudieron o no quisieron darnos.

Ni nuestros padres, ni nuestra pareja, ni ninguna otra persona puede reemplazarnos en esta tarea, que está pura y exclusivamente a nuestro cargo.

Puede que sea un trabajo arduo, que no esté exento de dolor o de angustia, pero la recompensa que obtendremos será grande, pues quizá descubramos que nuestra vida está de repente llena de vitalidad y de inocencia.

Tal vez nos sintamos entonces más libres y livianos, capaces de jugar y de divertirnos con nuestro cuerpo y con nuestro espíritu, y descubramos que una energía desconocida nos recorre. Sabremos, entonces, que llevamos de la mano al Niño.

Estas necesidades todavía laten dentro de nosotros y buscan ser satisfechas.

Heridas de infancia

No recibir suficiente cariño en la infancia provoca heridas abiertas toda la vida. Pero no podemos seguir esperando que nuestros padres acudan a sanarlas.

De niños, cuando aún no podemos valernos por nosotros mismos, dependemos, absolutamente, de nuestros padres. Necesitamos que nos amen, nos cuiden y nos sirvan de guía en el largo proceso de maduración hacia la vida adulta que suponen la infancia y la adolescencia. Cuando este acompañamiento es amoroso y está libre de violencias (agresiones físicas, chantajes, abandonos, etc.), la persona crece equilibrada y segura de sí misma.

Sin embargo, desgraciadamente, esta no es la realidad en la que se crían muchas niñas y niños.

UN VACÍO DIFÍCIL DE LLENAR Y UNA DISCULPA QUE NO LLEGARÁ

si no crecemos con un acompañamiento sano que cubra todas nuestras necesidades emocionales, arrastramos, de por vida, una profunda sensación de vacío. A veces este malestar resulta tan intenso que algunas personas llegan a sentir como si tuvieran un profundo hueco en su corazón. Esta es la manera que tiene el cuerpo de recordar la falta de amor que se ha sufrido durante la infancia.

Con frecuencia, las personas que arrastran estas carencias intentan colmar este vacío esperando que alguien acuda a su rescate y les brinde el amor que tanto necesitan.

Saltan de relación en relación y ninguna es satisfactoria. El malestar sigue presente. Se pasan la vida buscando que alguien externo venga a cubrir sus necesidades, como debió de haber sucedido en su infancia. Pero esta búsqueda solo conlleva sufrimiento y desesperación porque nadie logra llenar ese vacío.

También resulta habitual que las personas que en la infancia no recibieron el cariño de sus padres mantengan la ilusión de que estos, en algún momento, cambiarán y acabarán siendo los padres amorosos que nunca fueron. Incluso cuando buscan una terapia para trabajar su problema de vacío e insatisfacción, acuden con la esperanza de que, si ellos cambian, sus padres por fin les harán caso y les brindarán la atención que no tuvieron en su infancia.

Sin embargo, esta es una expectativa poco objetiva, basada más en un anhelo que en una posibilidad real. Este enganche emocional les mantiene dependientes de alguien externo y les aleja de su verdadera sanación.

Por desgracia, la mayoría de las personas que nos hicieron daño años atrás jamás cambiarán su forma de relacionarse con nosotros. Incluso si pretendemos hablar con ellos para explicarles cómo sufríamos de pequeños, ellos le restarán importancia a los hechos (o los negarán). La posibilidad de diálogo es escasa, excepto si han realizado un profundo cambio interior que les permita empatizar con sus hijos y reconocer los errores que cometieron.

Aquellos que, en el pasado, no fueron sensibles a las necesidades del niño, tampoco lo serán en el presente.

Asumir que nuestros mayores no van a cambiar supone, quizá, el paso más difícil para la sanación, ya que nos enfrenta al vacío de forma mucho más cruda. Sin embargo, resulta imprescindible atravesar el duelo por el pasado –por aquello que no pudo ser– para poder enfocarnos en nosotros, en nuestro presente. Desde ahí podremos proyectar un futuro más libre.

¿CÓMO REPARAR UNA INFANCIA INFELIZ?

Desengancharnos de los demás nos hará centrarnos en la única persona que sí puede ayudarnos a sanar: nosotros mismos.

Ya como adultos, en muchos casos con la ayuda de la terapia adecuada, podremos conectar con el pasado para sanarlo definitivamente. Nadie mejor que nosotros podrá empatizar con aquel niño y con los sentimientos que experimentó. De esta forma lograremos sacar a la luz toda la verdad.

Quizá de niños no tuvimos a nadie que nos protegiese y nos mirase a los ojos para preguntarnos cómo nos sentíamos. Ahora podemos ser nosotros mismos quienes nos ayudemos a expresar y a poner encima de la mesa los recuerdos negativos que tuvimos que reprimir. Poco a poco, este diálogo interior dará sus frutos y volveremos a conectar e integrar la cabeza con el corazón, la razón con los sentimientos.

Muchas civilizaciones antiguas usaban el laberinto clásico (con un único camino que lleva al centro siguiendo una espiral) como simbología del despertar interior. Las personas recorrían el laberinto de fuera hacia dentro, lugar en el que acontecía el ritual de transformación, para con posterioridad, al realizar el camino inverso, salir completamente renovadas. Debemos entrar en nuestro laberinto interior para salvar a aquel niño herido y poder, de este modo, construir un presente más equilibrado y libre.

1. POSICIÓNATE JUNTO A TU YO NIÑO

Quizá en tu infancia los adultos siempre restaron importancia a tus protestas o justificaban los castigos o los malos tratos diciéndote que te portabas mal y que no existía otra forma de corregirte. Sin embargo, ese niño/a siempre ha sabido que aquel trato era injusto y precisa, para sanar, que te pongas, de forma incondicional, a su lado.

No dudes de ti cuando recuerdes malas experiencias de tu infancia, no estás exagerando.

Piensa que tu niño/a se está comunicando contigo, mostrándote lo que urge sanar. Necesita que tú, como adulto, confíes en él/ella.

2. LIBERA LAS EMOCIONES REPRIMIDAS

La represión supone uno de los peores efectos de las violencias sufridas en la infancia. Las emociones que se guardaron en el pasado, por miedo o vergüenza, no desaparecen y, aunque no nos percatemos, nos siguen afectando en el presente.

Pregúntate cómo te sentías cuando te castigaban, te insultaban o te pegaban. Tal vez recuerdes miedo o tristeza, pero también frustración y rabia. Escribe el relato de esos recuerdos, detallando el abanico de emociones de cada momento. Llora o grita si necesitas hacerlo. Eso te librará de la represión y conectarás contigo de nuevo.

3. COMIENZA A ESCUCHARTE

Puede que, hasta ahora, hayas dado una gran importancia a las opiniones de los demás y a la hora de tomar decisiones te hayas dejado llevar por un criterio externo. Ha llegado el momento de empezar a conectar con tu interior y de escuchar qué es lo que realmente te gusta y qué deseas hacer.

Para conectar con tu intuición, te propongo un sencillo ejercicio: cada vez que te enfrentes al momento de tomar una decisión, cierra los ojos, inspira profundamente e imagina la situación. Presta atención a cuál es el primer impulso que te llega.

¿Qué decides? ¿Te apetece?

¿Qué esperan los demás de mí?

Una realidad constante en nuestra vida son las expectativas que los demás tienen hacia nosotros, lo que esperan que nosotros hagamos o seamos. En realidad, todos tenemos expectativas y las usamos como medio de plantearnos objetivos y las padecemos cuando nos  condicionan constantemente en nuestras relaciones con los demás.

Tienen que ver con las personas significativas para nosotros, los padres, la pareja los hijos e hijas, los amigos, etc. Los que queremos y nos quieren tienen unas expectativas, esperan algo de nosotros y muchas veces no se hacen conscientes estas expectativas pero somos constantemente condicionados por ellas, en ocasiones pueden ser apoyos pero en muchos otros son lastres que nos pueden amargar la vida.

Sepamos y aprendamos que en realidad las expectativas que los demás ponen en nosotros nada tienen que ver con lo esencial de nuestra personalidad, ni con nuestra vida como proyecto, en realidad tienen que ver con las metas de los otros, con sus deseos y compensaciones. Muchos padres quieren que sus hijos estudien no porque crean que es lo mejor para ellos sino porque quieren que hagan lo que su padre no puedo hacer.

Por ejemplo, cuando nacemos, venimos al mundo con una carga de expectativas tremenda, aunque nuestra familia no es consciente pero, todos esperan al recién nacido con una lista de demandas como pueden ser que sea de determinado sexo, que sobresalga en determinado deporte, que se parezca a fulanito, que no vaya a ser como menganito, que valore lo que nos ha costado que nazca, que ayude a mejorar la relación de pareja de los padres, que cumpla los anhelos de los abuelos que no cumplió el padre, etc. Creo que  podemos hacer un ejercicio de todas las expectativas que nuestra venida al mundo trajo consigo y nos quedaremos cortos.

Posteriormente en la vida diaria, seguimos arrastrando esta dependencia de las expectativas que tienen los demás de nosotros, la pregunta es que pasa si nos atrevemos a enfrentarlas a averiguar qué es exactamente lo que los demás esperan de nosotros, tal vez podríamos llevarnos más de una sorpresa.

¿Sabes lo que los demás esperan de ti? Si no se lo preguntas, si ellos no te lo dicen, nunca lo vas a saber. Pregunta, ¿Qué quieres de mí?. Tu pareja, tus hijos, tus compañeros de trabajo, tus padres, tus amigos, ¿sabes cuáles son las metas de los demás? Pregúntales cuáles son sus aspiraciones, sus objetivos, sus deseos, sus anhelos, sus sueños… ¿Cuáles son las esperanzas de las personas que te rodean?.
¿Saben los demás lo que tú esperas de ellos? Si no se lo dices, aunque te quieran mucho, aunque te admiren, aunque te aprecien por tu trabajo, ellos no lo van a saber. Si no lo dices, nunca se van a enterar de tus necesidades. Pide, aunque te digan que no.
¿Saben los demás cuáles son tus metas? Las personas que tienes alrededor,  ¿saben cuáles son tus expectativas, tus ilusiones, lo que quieres conseguir?
¿Cómo sabes que lo saben? ¿Cómo sabes que lo sabes? Solo hay una manera: hablando.

Aprendiendo a estar sol@

Una relación de pareja sana no se construye sobre la dependencia y las medias naranjas. Solo si estemos preparados para estar solos encontraremos la pareja adecuada.

Nos deja nuestra pareja y parece que el mundo se derrumba. O sentimos que sin ella todo pierde sentido o que se nos van las fuerzas. Necesitamos su apoyo, sus ánimos, sus halagos…

CONSTRUIR NUESTRA AUTOESTIMA MÁS ALLÁ DE NUESTRA PAREJA

Pero no es así, no somos seres incompletos, no somos medias naranjas buscando la otra mitad para sentirnos plenos. De hecho, la idea es sentirse entero y completo. Y sí, podemos rodar por la vida al lado de alguien pero que también sea completo y especial. Aquí tienes 6 claves para lograrlo.

1. ALGO NO ESTÁ BIEN

El primer paso es darnos cuenta de que hay aspectos de nuestras relaciones que no son sanos o que no nos hacen sentir bien.

¿Terminas una relación y, seguidamente, empiezas otra por no estar solo/a? ¿Tu pareja te dice que va a cambiar, pero nunca lo hace y, a pesar de eso, sigues con ella? ¿Sientes miedo y angustia ante la idea de que te dejen? Estos son algunos detalles que indican que hay algún tipo de dependencia en las relaciones que estableces con los demás.

2. CONECTAR CON NUESTRO NIÑO PARA SANARLE

Mirarnos, comprendernos, abrazarnos, hablarnos, aceptarnos incondicionalmente. Solo lograremos liberarnos de los efectos de todas nuestras carencias cuando nos demos cuenta de que únicamente nosotros podemos llenar ese profundo vacío interno que hace que nos sintamos así de incompletos.

Nuestra parte adulta es la única que puede ahora compensar todos los cuidados, las atenciones y reconocimientos que no pudo obtener en su momento. Solo nosotros mismos podemos llegar a sanar este niño herido que perdura en nuestro interior.

3. PAPÁ Y MAMÁ NO VAN A CUBRIR ESE VACÍO

Quizá esta sea la parte más dura de todo el proceso de sanación. Nos toca aceptar que papá y mamá no van a cumplir este papel y que además, raramente, recibiremos su apoyo. Seguir esperando ahora que papá o mamá, proyectados en nuestra pareja, nos hagan caso es alimentar una vana esperanza que jamás se cumplirá.

Este es un duelo que tenemos que atravesar, resulta muy duro, pero nos va a ayudar a madurar y a mirar la vida desde una nueva perspectiva.

4. NUESTRO VACÍO VIENE DE NUESTRA INFANCIA

Entender de dónde procede nuestro malestar es un paso necesario para empezar a cambiar. Cuando somos pequeños, nos adaptamos a la situación que vivimos en nuestro hogar para tratar de ser lo más felices posible o, al menos, para amortiguar los daños que nos amenazaban.

Ante esto, algunas personas acaban convirtiéndose en excesivamente responsables, otras se acostumbran a no protestar para que no se enfaden con ellas los demás, otras prefieren dejar que sean los otros los que acaben resolviendo sus problemas… Todos estos patrones de comportamiento, que intervienen en las relaciones que establecemos con las demás personas, si no los cambiamos, los iremos repitiendo toda nuestra vida, incluso de adultos, especialmente con nuestras parejas.

5. DESARROLLAR LA PARTE QUE QUEDÓ ESTANCADA

Empezar a escuchar a nuestra intuición. Darle voz a nuestro yo individual. Escuchar lo que le gusta y lo que no, con quién quiere estar y con quién no. No se trata de que la intuición predomine sobre lo racional, sino de que haya un equilibrio y un sano diálogo entre ambas partes.

Si conectamos con nuestra intuición, con nuestro verdadero ser, podremos reforzar nuestra autoestima y tomar las riendas de nuestras vidas para liberarnos de los viejos prejuicios. Aunque en este mundo nuestro, lo racional parezca que siempre tiene que estar por encima, al darle valor a todo aquello que emerge en nosotros de forma genuina, nos acercamos mucho más a una vida completa y plena.

6. ESTABLECER UNA RELACIÓN SANA

Aunque parezca contradictorio, solo cuando estemos preparados para estar solos podremos encontrar una pareja adecuada con la que tener una relación sana y equilibrada y libre de condicionamientos negativos. Cuando sanemos profundamente, nos atraerán otras personas.

 

 

Practica la gratitud

Es nuestra actitud más poderosa. Nada te hará más feliz que estar agradecido por todo lo que la vida te brinda, por todo lo que el camino te presenta, por todos los retos que te acechan… con ellos crecemos.

Con los años y sobre todo con la experiencia, he podido comprobar que no hay mejor actitud que la de practicar la gratitud.   Dicho esto, deseo que este pequeño artículo te ayude a mantener una actitud de gratitud diariamente para que puedas sanarte, para que alivies tus niveles de estrés, para que puedas descansar y dormir más tranquila, y para que te sientas más satisfecha de tus relaciones personales.

SER  AGRADECIDO MEJORA NUESTRA SALUD

Tengo claro que ser agradecida es la clave de mi felicidad. Algo que cuesta tan poco y que puede transformar por completo nuestro día y tener un fuerte impacto en nuestro bienestar.

Según un estudio publicado en el Clinical Psychology Review, las personas que mantienen una actitud diaria de agradecimiento tienen menor riesgo de padecer depresión y ansiedad, son personas menos agresivas, altruistas, con empatía y amabilidad. Muestran mayor confianza hacia los demás, sienten una motivación/llamada interior por hacer y lograr más de una forma ambiciosa pero sana y suelen mantener relaciones personales muy satisfactorias. Se ven menos afectados por las críticas y son menos sensibles a la negatividad de las otras personas, con lo que duermen mejor y tienen menos riesgo de adicción al alcohol o drogas, o padecer trastornos alimentarios.

Lo sé, no siempre es fácil sonreírle a la vida, sobre todo después de recibir una mala noticia o haber pasado un mal día, pero prometo que cuanto mayor es el esfuerzo por mantener esta buena actitud más pronto se volverá una rutina y verás como finalmente cambiará tu perspectiva de vida de manera positiva.

PERO… ¿QUÉ ES LA GRATITUD?

Todos tenemos claro que ser agradecido es dar las gracias a alguien que nos ha echado una mano, que nos ha apoyado o ayudado en algún momento y en situación determinada. Pero por gratitud no me refiero solamente a este tipo de situaciones. Ser agradecido debe ser un acto frente a la vida, estar agradecido por la comida que tenemos en nuestro plato y nos nutre cada día, por el agua limpia y fresca que sale del grifo y la ducha para asearnos por la mañana, por la ropa que nos protege y abriga cuando hace frío, por el aire que llena nuestros pulmones en cada una de nuestras respiraciones… A esta actitud me refiero. Agradecimiento a cualquiera, cualquier cosa, en cualquier momento. ¿Tú  la mantienes?

Agradecida estoy por poderme levantar con los rayos de sol que entran por la ventana, por el ruido de la fuente de agua en el jardín, por todos los nutrientes que me aportan los vegetales orgánicos de mi zumo verde matutino. Agradecida por los días en que puedo practicar mi rutina de yoga, por ese mensajito en el móvil cargado de amor, y agradecida por ese colibrí que día sí día también viene a saludarme mientras estoy en el despacho trabajando en nuevos artículos y proyectos.

Los mismos sujetos del estudio mostraron una relación directa entre ser agradecidos y sentir más satisfacción en su vida, más autoestima y crecimiento personal, más alineados a sus valores y propósito de vida.

¿NOS PONEMOS MANOS A LA OBRA?

Hay algunos ejercicios que pueden ayudarte a poner en práctica una actitud de gratitud de forma diaria. No te tomarán demasiado tiempo, así que no hay excusa para empezar a ponerlo en practica desde ¡ya!

· Antes de levantarte de la cama: empieza el día con un pensamiento positivo. Recuerda algo bonito presente en tu vida, puede que sean los pajaritos cantando en la ventana, esa canción que suena en la radio del vecino o incluso esa mantita que te está cubriendo y calentando el cuerpo.

· Ten un gesto bonito hacia otra persona: cede tu asiento del bus a alguien que lo necesite más que tú, deja una nota con un mensaje positivo a un compañero de trabajo que no esté demasiado animado, o incluso sonríele a un extraño. Repartir alegría y mostrar aprecio a los demás no solamente les alegra a ellos sino que te enriquece también a ti.

· Diario de gratitud: estrena un diario donde cada noche o al final de la semana escribas cinco cosas por las que estás agradecido. Ese nuevo logro en el trabajo, esa tarde donde pudiste compartir un ratito con un amigo o la pareja, esa llamada que tanto esperabas o esa cena tan deliciosa que preparaste.

· Comparte con tu pareja: cada noche tres motivos por los que estás agradecido y quizás pueden ser motivo para fortalecer la relación, sobre todo si se nombran cosas por las que estáis agradecidos uno del otro.

· Piénsalo dos veces: si un pensamiento negativo te viene a la mente analízalo. ¿Estás haciendo una pelota de un granito de arena? ¿Hay algo de cierto en tu pensamiento que puedas usar para cambiar tu situación? Por ejemplo, has tratado de hacer algo y no ha salido bien. En vez de pensar “Soy un fracasado”, recuérdate que fracasar, y a veces en múltiples ocasiones, te acerca a lograr tu objetivo. ¡Sé agradecido!

Cada día podemos dar las gracias por estar vivos, respirar, cada día tenemos un motivo para sonreír, porque cada nuevo día es una oportunidad para acercarnos a nuestro yo más profundo, donde se encuentra la magia, la inocencia y la felicidad de cada uno.

Sanando el vínculo materno

El vínculo afectivo madre-hijo durante la infancia, determina nuestra personalidad. Si esta unión fue deficiente siempre estamos a tiempo de sanar.

Desde nuestra concepción, el vínculo con nuestra madre supone la relación más significativa que mantenemos, por años, con otro ser humano. La calidad de este nexo, no sólo resulta fundamental para el desarrollo de nuestra personalidad, sino que también, constituye el modelo a seguir para el tipo de relación que, más adelante, estableceremos con otras personas.

CÓMO RECUPERAR LA PAZ TRAS UNA INFANCIA DOLOROSA

A pesar de haber sufrido relaciones tóxicas con nuestra madre, (hipercontrol, abandono emocional, malos tratos, abusos, etc.), siempre podemos trabajar para recuperar el control de nuestra vida.

Estos 6 pasos pueden ayudar a recuperar la calma interior si la unión materna durante la infancia fue deficiente y sus carencias derivadas aún nos perjudican.

1. AHORA, TÚ TAMBIÉN ERES ADULTA.

Ha pasado el tiempo y la niña que tu madre continúa viendo como su hija pequeña, ha crecido. Ha llegado el momento de que tomes tus propias decisiones, tienes todo el derecho a vivir tu propia vida. No lo dudes, te mereces tener relaciones horizontales, libres de sometimientos y juegos de poder.

2. TÚ MARCAS LOS LÍMITES.

Las más de las veces, los cambios que deseamos que se produzcan en los demás nunca llegan. Tal vez, tu madre siga repitiendo sus mismos esquemas y pretendiendo que tú actúes igual que antaño, sin embargo, ahora Tú puedes marcar unos límites de respeto en vuestra relación y decidir hasta dónde permites que se inmiscuyan en tu vida.

3. COMPRENDER NO SIGNIFICA PERMITIR

Puedes llegar a comprender los motivos por los que tu madre, en el pasado, se comportó como lo hizo, pero esto no es excusa para que siga actuando igual. No resulta saludable ocultar el daño que recibiste.

4. Y SI TÚ ERES MADRE

Si tienes tus propios hijos, entonces sientes una doble motivación para liberarte del pasado y recuperar tu equilibrio emocional. Por un lado, notas un interés legítimo en sanar, pero además, piensa que toda la carga que sueltes, será lastre que le estás evitando a tus hijos.

5. PIENSA EN TI

Si te has pasado tu vida pendiente de los deseos o las expectativas de los demás, ha llegado el momento de pensar en ti misma. No es egoísmo, es salud emocional. Recuerda que si tú no estás bien, no podrás amar incondicionalmente a tus seres queridos.

6. HAZ COSAS QUE TE APETEZCAN

Escucha a tu cuerpo y siente qué es lo que te pide. Puedes empezar por cosas sencillas como caminar por la playa, escuchar tu música favorita o desarrollar una afición olvidada. Poco a poco, irás sintiendo cada vez más clara esa voz interior que te dice lo que es bueno para ti.

LA FUERZA DEL VÍNCULO MADRE-HIJA

Algunas madres construyen con sus hijos sólidos lazos de conexión y respeto. Libres de condicionamientos y sintiéndose acompañados en sus necesidades, estos niños crecen felices y seguros de sí mismos. En otras familias, el autoritarismo, los chantajes y coacciones, dañan el vínculo de la madre con sus hijos, quienes acaban arrastrando, de por vida, un cúmulo de inseguridades y baja autoestima.

Todo niño, al nacer, espera sentirse acogido y amado incondicionalmente por su madre (también por su padre). Cuando esto no sucede, el niño siente tristeza, desamparo, frustración y rabia sin poder expresarlas. Para sobrevivir, la criatura termina por amoldarse a las condiciones impuestas por su familia. Las consecuencias de esta ruptura con su verdadero yo las arrastrarán de por vida.

Para sanar en profundidad, tenemos que sacar a la luz las emociones que fueron acalladas en el pasado, conectar con nuestra verdadera esencia y aseguraremos de que nunca más nos repriman. Sólo de esta forma, siendo auténticos y honestos con nosotros mismos, podremos forjar relaciones sanas con los demás.

Por supuesto, este cambio personal influirá en la relación actual con nuestra propia madre. Abandonaremos la sumisión y la dependencia, y podremos marcar nuestros propios límites, dejando claro cómo queremos actuar y lo que vamos o no vamos a tolerar.

La evolución de la relación con nuestra madre también dependerá de cómo acepte ella todos estos cambios. Si se apega a los esquemas insanos del pasado, pero nosotros ya no se lo permitimos, resulta inevitable que se produzca un distanciamiento.

Pero si la madre asume, como una persona madura, los errores cometidos en el pasado y muestra una verdadera actitud de cambio, sí es posible mantener una relación sana y adulta, ya no desde la indiferencia o la represión, sino desde la comprensión mutua y el diálogo.

Nuestro yo más auténtico, esa parte interna nuestra que sabe como somos realmente y lo que necesitamos para ser felices, nunca desaparece y con el acompañamiento adecuado, siempre podemos liberarnos de todo el lastre acumulado tras años de abusos y reconectar con nuestro verdadero yo.

Este cambio de 180 grados en nuestra vida, también repercute en nuestra relación con los demás y en la de ellos con nosotros. A veces, las diferencias son casi insalvables y se impone la distancia para poder sanar de forma adecuada.

En otras ocasiones, tras contemplar la transformación sufrida por sus hijos, son las propias madres las que acuden a terapia para trabajar sus asuntos personales. En estos casos, el vínculo afectivo con su hija o hijo, va sanando a medida que cada una de las partes madura.

Independientemente de cuál sea la reacción de nuestra madre, lo importante es haber realizado el trabajo de comprensión y sanación que menciono más arriba. Tras este proceso, podremos recuperar el control sobre nuestra vida, tomaremos, sin sentirnos presionados, nuestras propias decisiones y restableceremos nuestra autoestima y nuestra calma interior.

 

 

No le des más vueltas

Un exceso de reflexión puede distorsionar la percepción de la realidad y empañar el disfrute de la vida. La cuestión es: ¿se puede reorientar una mente que anda a su aire y algo hiperactiva?

La vida es rica en experiencias maravillosas, pero también nos aporta grandes temas sobre los que preocuparnos. Todo ello puede conducir a que, en ocasiones, nos esforcemos demasiado en pensar e intentemos resolver las cosas dándole vueltas a lo que nos pasa por la cabeza.

Si ese proceso resulta muy intenso el propio pensamiento puede adueñarse de una persona y hacerla sufrir. Es como empezar a abrocharse mal una camisa: al final todo es un desbarajuste.

CUANDO SE PIENSA DEMASIADO

Parece que el hecho de volver sobre una cuestión una y otra vez puede resultar de ayuda, y es probable que así sea, salvo que esa cadena de pensamientos se base en algún tipo de idea o de lógica equivocada. Cuando eso ocurre es fácil quedar atrapado en la telaraña de la mente, a merced del cansancio que eso suele producir, sintiéndose estancado o sin capacidad de acción.

La parábola de la hormiga y el ciempiés

Cuenta una vieja historia que un ciempiés paseando por el bosque se topó con una hormiga. Esta, sorprendida por la elegancia del insecto al desplazarse, le preguntó cómo lograba caminar de manera tan armoniosa teniendo tantas patas. ¿No tropezaba? ¿No se equivocaba de pie a la hora de emprender la marcha? ¿Nunca se había hecho un lío?

El ciempiés, halagado, reflexionó un rato y, con la intención de explicarle a la hormiga cómo hacía para caminar tan bien, intentó hacerlo al mismo tiempo que pensaba, con el resultado de que ya no pudo volver a caminar nunca más.

A menudo las personas, como el ciempiés de esta historia, olvidamos caminar con soltura y permanecemos atascados en el círculo de nuestros pensamientos.

QUERER CONTROLARLO TODO DÁNDOLE VUELTAS

De todos los autoengaños que el ser humano es capaz de crear, uno de los más dolorosos tal vez sea la fantasía de pretender dominar el mundo con el pensamiento. Es decir, creer que pensando algo suficientemente es posible asegurarse el control de cualquier empresa.

Y es que, cuando nos olvidamos de vivir la vida por el hecho de pasarla reflexionando sobre ella, nos alojamos en el hotel de las noches amargas de la infelicidad. Curiosamente, cuanto más pensamos para no sufrir, más nos hace padecer nuestro pensamiento; y cuando sentimos ese dolor, más pensamos, lo que nos sume en el desconcierto.

Precisamente ese es el círculo en el que perdemos de vista lo sensorial y nos alejamos de todo aquello que a través de los sentidos nos conecta con la vida. Son muchas las personas que intentan dirimir sus conflictos internos pensando y pensando sin encontrar soluciones. ¿Qué hacen entonces? Pues, si no llegan a ningún lugar, se les ocurre que tal vez no han pensado bastante.

Es muy común intentar obtener respuestas lógicas a cuestiones que no lo son tanto, o razonar sobre cuestiones que permanecen en el universo de las emociones y sentimientos sin poder dirimirlas en su totalidad.

EL EXCESO DE PENSAMIENTO NOS ALEJA DE LA EXPERIENCIA

Vivir con el supuesto de que solo es factible conseguir las cosas de una manera genera un dolor que podría no tener fin. Recuerda al de aquella mula que, al no poder pasar a través de una pared, se obstinaba en golpearla cada vez más fuerte con su cabeza. Nuestra red neuronal forma un sistema maravilloso que nos permite investigar el mundo y vivirlo, pero conviene conocer sus limitaciones.

Las personas disponemos de esa herramienta precisamente para experimentar la realidad, no tanto para filtrarla a través del pensamiento. De niños, simplemente descubríamos el mundo con la mente curiosa de un científico: probábamos las cosas, llevándonoslas a la boca y jugando placenteramente con las texturas, olores, etc.

Es justamente con el uso de razón cuando empezamos a alejarnos de la experiencia y a reflexionar acerca de ella. ¿Qué significan las cosas? ¿Qué van a pensar de mí? De ese modo el niño o el joven se apartan de vivir la vida para reflexionar y encontrar la manera de acertar y agradar.

Cuanto más dura haya sido nuestra vivencia de la infancia, más probable es que nuestra necesidad de reflexionar, de asegurarnos, sea mayor. Tal vez por ello, para no sentir la incertidumbre, el no saber qué pasará, evitamos volver a lo sensorial a base de pensar y pensar.

PENSAR MENOS PARA VIVIR MÁS

El exceso de pensamiento podría generar un bloqueo que afecta a la propia estima. En esos casos puede resultar útil:

  1. Practicar una actividad física. Hacer ejercicio en cualquiera de sus formas contribuye a modificar la bioquímica cerebral. Puede mejorar el efecto de ciertos fármacos que se usan para la depresión o incluso sustituirlos en algunos casos.
  2. Consultar a un profesional. Reconocer la debilidad suele ser un signo de verdadera fortaleza y un requisito para la curación. Una persona experta puede ayudar a trazar planes verdaderamente realistas y a avanzar por el camino de la acción.
  3. Dedicar un rato estipulado a pensar. Un buen ejercicio para dominar el pensamiento desbocado es establecer un horario fijo para preocuparse y pensar. Proponerse hacer alguna cosa y llevarla a cabo es una manera ideal de utilizar el tiempo restante.
  4. Aceptar que no somos perfectos. La perfección no existe. Hacer algo incluso sabiendo que no nos irá bien del todo puede ser mejor que quedarse en casa pensando.
  5. Un tiempo diario para retornar a lo sensorial. Dedicar unos minutos a sentir el cuerpo, a saborear un plato, escuchar una canción, oler una flor, bailar, pasear, percibir el viento, etc., suele dar resultado tras un corto tiempo de práctica.
  6. Descubrir la meditación o el mindfulness. Cuando se practican técnicas meditativas la percepción se hace más viva al tiempo que se aprende a relativizar los propios pensamientos. confiar más en la intuición. Hay estudios que demuestran que es posible tomar decisiones correctas en un lapso de tiempo de solo 3 segundos; sin embargo, fallamos mucho más cuando nos damos un tiempo amplio para razonar. Atrevámonos a descubrirlo.

¿Es dependencia emocional?

¿QUÉ ES LA DEPENDENCIA EMOCIONAL?

La dependencia emocional es una mezcla potente de muchos miedos: miedo al compromiso, miedo a enamorarnos, miedo a la traición, miedo a no encontrar pareja, a que nos dejen de querer, porque uno de los mayores terrores que nos habitan es el miedo a la soledad.

MÁS COMÚN EN MUJERES

Nosotras, en general, somos más románticas: desde adolescentes nos pasamos horas imaginando el encuentro con el príncipe azul, leyendo historias de amor, hablando con las amigas de nuestros problemas sentimentales, viendo películas, escribiendo diarios… Y, sobre todo, nos encanta vivir romances intensos.

Con los cuentos que nos explican de pequeñas aprendemos a delegar nuestra felicidad en la llegada de un príncipe azul que nos cambie la vida, por eso sufrimos mucho si esto no ocurre, si no es como esperábamos o si, pasado un tiempo, decide separarse de nosotras y nos pide que abandonemos el palacio.

EL AISLAMIENTO NOS HACE VULNERABLES

Nos enseñan a temer la soledad y nos dicen que sin amor no somos nada: no es de extrañar que dependamos demasiado de él, pues hemos aprendido que es lo único que importa en la vida. Dedicamos mucho tiempo y energía a encontrar pareja y, por eso, cuando la tenemos, tememos perderla y nos aferramos a ella como si fuese una botella de oxígeno, indispensable para nuestra supervivencia.

En muchas películas, las protagonistas están solas. No tienen redes de afecto a su alrededor que las ayuden, por eso necesitan príncipes azules. Nunca aparecen con sus madres, hermanas, abuelas, tías, primas, amigas, vecinas… El aislamiento las hace más vulnerables y más necesitadas de amor, porque su felicidad depende de una sola persona.

La dependencia emocional nos hace creer que no nos merecemos el amor, por eso surgen los celos y el afán de posesión. Cuanto más inseguras estamos y más complejos tenemos, más necesidades de control tenemos sobre la otra persona.

9 CLAVES PARA SUPERAR LA DEPENDENCIA EMOCIONAL

El amor solo tiene sentido si nos liberamos de los miedos y amamos desde la libertad. Un amor que no está basado en la dependencia es aquel en el que podemos querer sin perder nuestra personalidad, sin renunciar a nuestra autonomía, sin establecer relaciones de dominación y sumisión con la otra persona.

1. TÓMATE LAS RELACIONES CON CALMA

El miedo a la soledad nos lleva, en ocasiones, a apresurarnos a la hora de elegir a una buena pareja. Es demasiado doloroso enamorarse y darse cuenta de que en realidad no lo conocemos, que nos engañó y nos equivocamos.

Por eso es fundamental tomarnos un tiempo para analizar si la relación que vamos a empezar vale la pena, si es realmente tan maravillosa, si el balance de virtudes y defectos nos compensa. Conviene avanzar despacio, dar más importancia a los comportamientos que a las palabras bonitas que se dicen en pleno éxtasis,

2. APRENDE A PASAR PÁGINA

Otra de las claves de la dependencia emocional es la incapacidad para dejar el pasado atrás, la carga de traumas y carencias que arrastramos desde la infancia. No es nada fácil; algunas de nosotras tenemos que trabajar en ello durante años, o incluso toda la vida. ¡No logramos hacer borrón y cuenta nueva!

3. NO ESPERES QUE NADIE TE SALVE

No podemos esperar que nuestro príncipe nos salve, nos cure o asuma nuestros problemas o carencias, o que nos proteja de los dolores y los miedos que nos habitan por dentro. El camino hacia la sanación o la superación es nuestra responsabilidad, y tenemos que emprenderlo con alegría, con fuerza, con ganas de liberarnos de todas las cargas del pasado para caminar con ligereza por nuestro presente.

4. BÁJALA DEL PEDESTAL

Para evitar la dependencia, es importante también construir vínculos equilibrados y horizontales. A menudo colocamos a nuestra pareja en un pedestal y nos sentimos inferiores. Nos sacrificamos por el otro, tratamos de agradarle continuamente, aguantamos situaciones dolorosas y nos comportamos con sumisión ante los conflictos.

5. REPARTE LA CARGA DE CUIDADOS

Además, asumimos la carga de la casa, la crianza y la educación de los hijos para liberar al otro de sus responsabilidades, sin preocuparnos por nuestra salud y nuestra necesidad de descanso. Somos capaces de renunciar una y otra vez, de ceder, de dar todo el poder al otro para que permanezca junto a nosotras, para que no haya problemas, para que él establezca las reglas del juego amoroso.

6. SÉ TÚ MISMA

Y entonces nos damos cuenta de que al enamorarnos perdemos parte de nuestra personalidad. Descubrimos que no nos estamos mostrando tal y como somos. Al empequeñecernos y perder la independencia, perdemos atractivo, aunque lo hacemos pensando que así puede que nos amen más.

Atrapadas en esa relación, nos transformamos en seres débiles, infantilizados, víctimas y victimistas que mendigan amor y atención. Cuando perdemos toda nuestra autonomía para que nos quieran más, estamos cayendo en una trampa; pues anularnos como personas no nos hace más sexis, sino más aburridas y predecibles: habitualmente, la gente se enamora de personas alegres, activas, con iniciativa, con energía vital para moverse por el mundo.

7. APRENDE A QUERER EN PRESENTE

Cuanto el miedo nos posee, la necesidad de aceptación y reconocimiento es continuo. A veces nos cuesta creer que alguien quiera permanecer a nuestro lado, incluso nos prohibimos el derecho a disfrutar del amor. Por miedo a que nos dejen de querer no podemos ni disfrutar de que nos quieran en el presente.

8. Y A QUERERTE A TI MISMA

Para poder querer desde la generosidad, el respeto, el cuidado mutuo y el amor profundo tenemos que querernos a nosotras mismas, lo que supone también aceptarnos y trabajar para mejorar lo que no nos gusta de nosotras.

9. DISFRUTA DE LA COMPAÑÍA Y DE LA SOLEDAD

Practicar la autocrítica amorosa consiste en analizarnos con cariño y liberarnos de los miedos que nos hacen personas dependientes… para sentirnos mejor con nosotras, para aprender a relacionarnos desde la libertad y no desde la necesidad, para aprender a disfrutar de la soledad y de la compañía, de la vida tengamos o no pareja.

Autoestima

La autoestima es el tipo de relación que mantenemos con nosotros mismos, determina cómo somos y cómo actuamos, y de la calidad de este vínculo interno, depende nuestro equilibrio emocional. Con una autoestima sana, confiamos en nosotros y en nuestras decisiones y no dependemos de los juicios externos ni de la aprobación de los demás.

CÓMO RECUPERAR LA AUTOESTIMA

Si de niños no recibimos los cuidados que necesitamos o éstos son deficitarios, la autoestima resultará herida. Si la autoestima está dañada, el ego, también se verá dañado, por lo que haremos todo lo posible para nutrirlos del amor y de los cuidados que necesitan, incluso, llegando a plegarnos a las necesidades e imposiciones de los demás y olvidándonos de las nuestras propias. Estas carencias pueden acabar derivando en comportamientos insanos, tóxicos y autodestructivos.

Nuestras decisiones, nuestro comportamiento y la manera de relacionarnos con el mundo están determinadas por la calidad de nuestra autoestima. Incluso ya de adultos, seguimos condicionados por la fuerza o la debilidad de la autoestima que se forjó en nuestra niñez. Actuamos según ella nos dicta ya que constituye el tronco principal de nuestra personalidad.

Con una autoestima firme, nos manejamos con confianza por la vida y podemos afrontar resolutivamente las situaciones a las que nos enfrentemos, mientras que si nuestra autoestima es frágil, los miedos y los bloqueos aparecen ante la más mínima dificultad.

Sanar una autoestima dañada puede parecer un trabajo extremadamente complicado, sobre todo porque el origen de este daño suele situarse en la más temprana infancia.

Muchas personas que acuden a terapia, me confiesan que sienten que siempre han sido así, siempre se han visto inferiores a los demás, vacíos y dependientes de las opiniones externas. Sin embargo, incluso para los adultos, es posible trabajar para recuperar la autoestima que fuimos dejando atrás por culpa de las carencias vividas en el pasado.

Los cambios y la solución de los problemas llegan cuando la persona deja de depender del juicio de los demás para centrarse más en sí misma y en su propio criterio.