Depresión

La depresión, a diferencia de otros estados vitales como la tristeza, la pena ó el duelo, debería definir a una persona que se encuentra muy triste, con una tristeza profunda y crónica, de tal manera que esos sentimientos, unidos a la culpa y a la dificultad para implicarse en relaciones placenteras, le impiden realizar sus actividades cotidianas, como trabajar, cuidar de los hijos, mantener relaciones sociales significativas….

A diferencia de otros trastornos o dificultades de salud mental, la persona que sufre una depresión real comunica una y otra vez su tristeza, su pena, su profunda desesperanza, a menudo incluso con su postura corporal, con su incapacidad para el placer, con sus narraciones llenas de tristezas, pérdidas, frustraciones, desesperanza e ideas de suicidio… Esos sentimientos son el núcleo de la depresión.

Otras manifestaciones (síntomas) son:

  • La disminución de la atención y la concentración.
  • La pérdida de la confianza en uno mismo y los sentimientos de inferioridad.
  • Las ideas de culpa y de ser inútil (incluso en los episodios leves).
  • Una perspectiva sombría del futuro.
  • Los pensamientos y actos suicidas o de autoagresión.
  • Los trastornos del sueño.
  • La pérdida del apetito.

La depresión casi nunca aparece de repente, de forma totalmente brusca… Eso puede suceder con la tristeza, la culpa y, por supuesto, con los duelos. En realidad, en casi todas las depresiones graves encontramos factores vitales que las han favorecido: pérdidas y frustraciones reiteradas en la infancia, pérdidas y duelos en la adolescencia (muerte de familiares, separaciones o conflictos graves entre los progenitores, otros duelos graves y reiterados…)

El tratamiento que hoy se da habitualmente a las personas deprimidas y pseudodeprimidas consiste, básicamente, en fármacos y más fármacos. Nosotros lo llamamos “unidimensional”.

Puede ser eficaz y, a veces, necesario en determinadas personas y depresiones, pero cuando se han estudiado sus resultados en grupos amplios y a lo largo del tiempo, no ha demostrado su utilidad para la población general salvo en un apartado concreto: el aumento exponencial de la venta y el consumo de psicofármacos, en especial antidepresivos. Sin embargo, en ocasiones y casos (contados) ha de utilizarse esa “vía rápida”, aunque solo de entrada. Por el contrario, el tratamiento integral de un trastorno como la depresión debería incluir al menos las medidas siguientes:

  • Psicoterapia, imprescindible en todo tipo de trastornos depresivos y pseudodepresivos.
  • Psicofarmacología, pero no en todos los casos, desde luego.
  • Ayuda a la familia, en particular en las depresiones graves.
  • Cuidados corporales: ejercicio físico, deportes adecuados, masajes, relajación (que ya se incluían en los templos del antiguo Egipto).
  • Amigos y allegados que se preocupen de uno, que estén atentos a las necesidades afectivas.
  • Actividades laborales, sociales y de formación atractivas, interesantes, que promuevan el desarrollo solidario de la persona.

LA VÍA INTERMEDIA

¿En qué consiste esta vía? En adelantar el uso del fármaco y aprovechar el efecto beneficioso del antidepresivo para lograr que la persona acepte la psicoterapia para ayudarle a elaborar el “bache emocional” con su participación activa, y pueda tener capacidades para afrontar otros acontecimientos vitales dolorosos o frustrantes en el futuro.

Ese es el objetivo de una psicoterapia para la persona con depresión: no solo que salga de su bache actual, sino que pueda aumentar su repertorio de actividades mentales y en la vida social que le ayuden a afrontar los futuros conflictos. Pero no es fácil, y hay que asegurarse de que el psicoterapeuta esté bien formado y posea experiencia sobre este tipo de complejas situaciones.

OPTAR POR LA SOLIDARIDAD

Los amigos, allegados y familiares pueden hacer mucho por la persona que padece una depresión, sobre todo al principio: acompañándolo en su sufrimiento, no insistiendo en soluciones supuestamente simples o rápidas, estando a su lado intentado comprender sus vivencias y sentimientos, ayudándole a tomar decisiones y, sobre todo, a posponerlas hasta que su estado afectivo mejore…

Porque aunque el depresivo se aísle, en realidad está buscando vías para mantener la relación con los demás y su autoestima. Solo que, por definición, la depresión es una vía poco adaptativa de sobreponerse a las pérdidas, los dolores y las frustraciones que acompañan toda vida humana.

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